domingo, 26 de mayo de 2013

Una semana de simpatías y antipatías diabólicas



Desde que Aznar concedió su estrepitosa entrevista, hemos podido leer descripciones magníficas de este personaje luciferino: las que lo asociaban al Lado Oscuro de la Fuerza, por ejemplo; o al Profesor Moriarty, el insomne maquinador del mal en la Europa victoriana de Sherlock Holmes. Pero no son infrecuentes las caricaturas elaboradas con recursos fáciles: la ridiculización del aspecto físico, bigote y abdominales incluidos. Brillantes o baratas, las caricaturas de Aznar impiden captar el alcance real de su aportación. Aznar es el líder español que más claramente ha determinando el pensamiento político español contemporáneo. El mito fundacional de la actual democracia española era el consenso y Aznar lo dinamitó desenterrando el frentismo sin complejos.

Antoni Puigverd La Vanguardia



Aznar irrumpió con el estilo caudillista que le caracteriza, colocándose en una insultante posición de superioridad moral. Cada vez que se le preguntó por un posible retorno a la política, repitió la misma fórmula: “Cumpliré con mi responsabilidad, con mi conciencia, con mi partido y con mi país”. ¿Cuál es su responsabilidad? ¿Desestabilizar a su partido? ¿Volver a la vieja historia de los salvapatrias? Sin duda, sus palabras han sido un aldabonazo: hurgan en la debilidad de Rajoy, empujándolo al rincón de los que condenan a España a “una lánguida resignación duradera”; diluyen la principal fuerza del presidente: la unidad de su partido; suenan como un relámpago, ante la débil voz de la oposición; apelan al conflicto frontal con el soberanismo catalán, señalando la estrategia a seguir: la división de Cataluña. Sin duda, estas palabras encontrarán eco en un amplio sector de las bases electorales del PP que, después de meses de desazón, oyeron por fin una apelación al orgullo.


Josep Ramoneda EL Páis


Louis Cypher y Harold Angel

El electorado suele huir de un partido dividido y en permanente debate sobre su liderazgo. Mariano Rajoy desciende dramáticamente en las encuestas porque todos los indicadores negativos se anotan en su cuenta. Pero no está escrito en ninguna parte que Aznar obtuviera una mayoría absoluta y mucho menos que tuviera una capacidad de maniobra al margen de las admoniciones que llegan de Bruselas, Frankfurt y Washington.

Aznar reapareció con la arrogancia de la perfección política personal y con un desprecio a todo lo que no pase por su privilegiada cabeza. Una derecha dividida es tan frágil como una dividida izquierda.

Lluís Fox La Vanguardia






José María Aznar se ha convertido en el profesor Moriarty de la política española. Está y no está. Habla poco, pero todo el mundo le escucha con atención cuando toma la palabra. Vive en la ausencia y preside la fundación política con más garra y presupuesto. Pasa mucho tiempo en el extranjero, pero en Madrid se le atribuyen constantes movimientos entre bastidores. “Aznar dice…”, “Aznar piensa…”, “Aznar cree…” “Aznar se ha visto con…”. 


Aznar –que está y no está–, está contra todos. Contra casi todos. Aznar se ha convertido en el Gran Antagonista del grupo dirigente de su partido, de la oposición de izquierdas y de los nacionalistas catalanes y vascos, a los que ya tacha, sin ambages, de traidores. (Con fortísima irritación cuando le mencionan la palabra Catalunya). A ninguno de los principales actores del actual cuadro político español, a ninguno, les gustaría hallarse a solas con el profesor Moriarty al borde de las agrestes cataratas de Reichenbach, en los Alpes suizos, como le ocurrió en una ocasión al intrépido Sherlock Holmes.

Enric Juliana La Vanguardia




Pero todo eso entra en lo anecdótico. José María Aznar solo se queja de verdad al contemplar cómo se desmedula su partido, que tiene una responsabilidad histórica y no la cumple. En el año 2003, el presidente disponía de incuestionable fuerza, con 13 puntos de ventaja sobre el líder de la oposición, pero dio la soberana lección de retirarse cuando su tercera victoria en las generales parecía asegurada. Designó a dedo como sucesor a Mariano Rajoy. Gloria Lomana metió la muleta acertadamente, instrumentó el pase de la firma y consiguió que Aznar confesara, con voz abovedada, que solo había tenido una conversación con el actual presidente en el último año y medio.

Luis María Ansón El Mundo



«Esto le va a sentar como un tiro a Rajoy», le dije en un aparte y en voz baja. Él esbozó una media sonrisa, como de inevitabilidad, como de «qué le vamos a hacer», y dijo: «Yo me debo a mi conciencia, a mi país y a mi partido». Es decir, exactamente lo mismo que había dicho a cámara. Ni una palabra más allá.



Victoria Prego El Mundo



El Parlamento parecía ayer París antes de los Cien Días, cuando llegó la noticia de que Napoleón había escapado de su destierro en Elba. Es verdad que la ausencia de Rajoy contribuyó a que la sesión perdiera fuelle dentro del Hemiciclo.


Lo que no se puede negar a Aznar es una capacidad casi pavloviana de provocar reflejos que oscilan entre el odio epidérmico y la idolatría. Dice «¡Bu!» y, de repente, el escenario político se va a los años 90, intervenido por su existencia. Tanto es así que, mientras los marianistas parecían ayer los Ghostbusters a la caza del ectoplasma, un cronista parlamentario bromeaba con que el PSOE necesitaría ese regreso para tener por fin a alguien contra el cual volver a cohesionarse. Mientras eso ocurre, ayer se dio la circunstancia inaudita de que un portavoz socialista usara una referencia a Aznar para legitimar su crítica al PP.

David Gistau El Mundo




Verlo aparecer, como una apolillada marioneta de cartón piedra, sin asomo de autocrítica, orgulloso de sí mismo hasta el ridículo, ofreciéndose como salvador patrio insustituible, cerró el círculo del diagnóstico: vivimos en el delirio. Fuera de toda lógica, criterio u honestidad. Cuando uno se encuentra inmerso en el desquicie, padeciéndolo emocionalmente, se nublan los sentidos y termina siendo cómplice de la sinrazón. Eso nos está ocurriendo y Aznar y cuanto rodeó su aparición subliminal fue el dato que faltaba.


Aznar, dios sol centrado en sí mismo, ni se refirió a Europa.


No faltaba más que Aznar. Con una entrevista a la medida en la que, como se tocaron “temas candentes”, se da por buena. O se ha extendido un desesperanzado posibilismo o hemos llegado a olvidar hasta lo que es el periodismo.

Rosa María Artal eldiario.es 



Hace mes y medio se produjo esa conversación larga y en profundidad con Mariano Rajoy de la que habló José María Aznar en su entrevista en Antena3. En la misma, el expresidente del Gobierno le hizo al actual inquilino de la Moncloa un análisis igual de descarnado al que realizó el pasado martes en prime time ante más de dos millones de espectadores además de unos cuantos reproches




La entrevista con Rajoy, posiblemente la primera desde el aparte que hicieron en el Campus FAES del verano pasado, se produjo así en mitad del fuego graneado de las revelaciones en torno al extesorero del PP, que fuera veinte años gerente del partido en la época de Aznar y acabó encumbrado a la tesorería tras el controvertido congreso de Valencia de 2008. De hecho, no son pocos los populares que recuerdan esa cita congresual por sus concomitancias con la actual. ”Entonces, Aznar hizo una enmienda a la totalidad a Rajoy y eso mismo ocurrió el martes por la noche en Antena3″, ha señalado a este medio un alto cargo de la Administración.


Eso reafirma la idea de que, aunque Aznar, “actúa solo” y que eso “es muy propio del personaje”, deja que el think tank popular vaya soltando cargas de profudidad hasta la traca final, la suya, que tiene visos de ser tan solo un punto y seguido. En todo caso, no se da ningún crédito a su posible regreso a la primera línea política y en eso coinciden afectos y desafectos



Cristina de la Hoz Vozpópuli.com



Lunes, nueve de la noche. José María Aznar, expresidente del Gobierno de España y presidente de honor del Partido Popular -además de acaudalado empresario y consejero de no sé cuantas sociedades- se sienta delante de tres avezados periodistas a ninguno de los cuales puede ponérsele ningún pero -yo, al menos, no lo hago porque no me creo en situación de dar lecciones a nadie- que comienzan a someterle a un intenso interrogatorio frente a las cámaras de Antena 3 Televisión. Prime Time, máxima audiencia, y Aznar cumple con lo que se espera de él: da titulares. Sin parar, uno detrás de otro, y de ninguno de ellos cabe entresacar un mínimo elogio a su sucesor al frente del partido y del Gobierno, Mariano Rajoy, sino más bien todo lo contrario.


Ese es Aznar, el político vanidoso que puedo haber sido un gran presidente y se ha quedado con el título del peor expresidente que haya tenido este país. Hasta Zapatero le da lecciones, y muy contundentes, sobre cómo debe comportarse quien hizo honor al nombre de Presidente del Gobierno de España.

Ah, y una cosa más: ¿alguien se cree que Aznar dejaría de ganar la pasta que gana para volver a la política y perder -porque él sí las perdería- las próximas elecciones generales?

Federico Quevedo El Confidencial



La reivindicación de un proyecto político bien articulado formulada por José María Aznar ha venido urgido por dos circunstancias de muy hondo calado: por una parte, las profundas fisuras del sistema que amenazan su estabilidad (crisis de los partidos, de la Jefatura del Estado, del modelo territorial), y por otra, la quiebra de la vertebración social (empobrecimiento de las clases medias, vulnerabilidad y exclusión creciente de las más modestas en un contexto de recesión económica y devaluación general de las rentas laborales y de capital).



En ambos partidos no parece haber capacidad de reacción.

Las clases medias -que balanceaban el equilibrio del país entre los dos grandes partidos- eran las empalizadas ante movimientos como los que representan Colau y otros. Pero al implementar decisiones que las destruyen -tanto cívicas como económicas y fiscales- y privarles de expectativas políticas constructivas y esperanzadoras, ya no son sólo los “desfavorecidos de la tierra” los que comulgan con esas tesis rupturistas porque ahora también lo hacen sectores diferentes signados por la frustración y el hastío.


En esta perspectiva hay que enfocar -al menos en parte- una reacción como la del expresidente Aznar, alarmado -sea él corresponsable en mayor o menor medida que otros en lo que ocurre- ante una perspectiva que González, su predecesor, calificó recientemente como próxima a la “anarquía disolvente”.

Jose Antonio Zarzalejos El Confidencial



Al final, lo que ha hecho Aznar, investido de su indiscutible patronazgo sobre las filas conservadoras, es convertirse en portavoz y abanderado del desconcierto que recorre todas y cada una de las plantas del edifico 'popular' a cuenta de un Gobierno que, por mor de las circunstancias, ha traicionado su programa electoral de la cruz a la raya, y que hoy tiene, desde el grupo parlamentario a los barones autonómicos, pasando por algunos ministros del propio Gobierno, y naturalmente a la militancia de base del último pueblo de España, los tiene, digo, aturdidos y perplejos, desnortados, sin hilo conductor creíble capaz de explicar esa pulsión socialdemócrata que parece haberse apoderado de quienes manejan el BOE.



Solo si se frustraran las esperanzas puestas en una cierta recuperación a finales del año en curso, solo si la economía evolucionara a peor, algo que parece imposible, podría estallar en pedazos un partido que, apenas enmascarado por el usufructo del poder, es un volcán a punto de erupción. De recoger los trozos del jarrón difícilmente podría encargarse Aznar. “Las cosas se van para no volver”, dijo el otro día ese Churchill que es Jesús Posada. Entre otras razones porque Josemari ya no está para predicar en el desierto de los pobres, sino para disfrutar en el jardín de las delicias de los ricos. Para hacer dinero.

Jesús Cacho Vozpópuli




Mesa de Redacción de AptsFleguerinos

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