domingo, 2 de junio de 2013

An american dinner


Emociones familiares y honores personales al margen, sólo por asistir a las dos cenas que dio la semana pasada la ex ministra Ana Palacio en su casa de Georgetown ya hubiera merecido la pena viajar a Estados Unidos. En la primera, el recién confirmado secretario de Energía de Obama, el profesor del MIT Ernest Moniz, nos deslumbró con su descripción de un mundo con energía abundante y barata gracias al fracking que tanto irrita a los nuevos luditas. En la segunda, Madeleine Albright hizo un agudo repaso de los focos de tensión en el mundo, entreverándolo de anécdotas de la diplomacia de altos vuelos. 

Acababa de estar con Kissinger en los prolegómenos de su 90 cumpleaños –les hermana el haber llegado a secretarios de Estado habiendo nacido en Europa– y reprodujo su relato de lo que ocurrió en la Casa Blanca de Nixon cuando su staff preparó la cena de Estado del presidente de Mauricio con el dossier de Mauritania. Estábamos aún riéndonos sobre la estupefacción que las referencias al clima desértico, el régimen militar y la larga ausencia de relaciones debieron de causarle al mandatario de la pequeña república tropical, fiel aliada de Washington, que alberga la base de Diego García, cuando Albright cambió inesperadamente de asunto: «Bien, háblenme ahora ustedes de la vuelta de Aznar».
Pedro J Ramírez en El Mundo


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