jueves, 27 de junio de 2013

Enterradlo como lo que fue: El Gran Cónsul de New Jersey

Enterrad con honores a Toni Gandolfini/James Soprano el Emperador de New Jersey
Como si fuera una ominosa premonición, James Gandolfini ha muerto en la tierra de sus padres, Italia, en la Roma de los emperadores que manejaban el Imperio con la determinación, la crueldad, la inteligencia y el carisma con que el gordo de Nueva Jersey se paseaba por el Bada Bing, el pub-burdel donde tenía sus oficinas centrales.

Santiago Navajas en Libertad Digital









Cuenta la leyenda que cuando Julio César fue asesinado, un cisne levantó sus alas y se alzó majestuoso sobre el Tíber. Ayer seguramente también volaría, más modesta, una bandada de patos.

Santiago Navajas en Libertad Digital

el cine negro, los gangsters, la mafia, siempre ha sido una de romanos con luz tenue entre los volutas de humo emanadas  de cigarros en la comisura de los labios.
Las mismas viejas luchas por el poder, los romanos han dejado sus togas y van disfrazados de otra cosa. Ahí siguen. Eternos. El Emperador Toni viste camisas de punto de perla.... 


La secuencia que mejor define a Tony Soprano se produce cuando conversa con un judío al que los mafiosos quieren obligar a firmar una renuncia, tortura incluida, y el judío les dice que su pueblo resiste desde tiempos de Roma, y que Roma... ¿dónde están ahora los romanos? Entonces, Tony le responde: "¿Dónde están los romanos ahora? Justo delante de ti, gilipollas".

Santiago Navajas en Libertad Digital


 César nunca fue Emperador, fue cónsul. El Jefe de una partida, de una familia, que durante un tiempo logró imponerse a las demás familias

Los cónsules eran como los primeros reyes. En tiempos de paz presidían las reuniones tanto del Senado como de la Asamblea, y una vez recogidas las decisiones, las ejecutaban. En tiempo de guerra, se transformaban en generales y conducían el Ejército.

Indro Montanelli en Historia de Roma

como Tony


Su poder y su ambición son tan grandes que debería dormir con un ojo abierto. Es el monarca de la mafia de New Jersey. Y está seriamente deprimido porque volaron las infieles aves palmípedas que apaciguaban su alma. ¡Ay, los traumas de los emperadores, sus épicos esfuerzos para mantener el poder, los recuerdos de infancia, las madres y hermanas vampiras, el tío maquiavélico y sentencioso, el hijo atontado, la hija inteligente y preguntona, la esposa que se entera de todo aunque no quiera enterarse de nada, las traiciones de los más cercanos, la necesidad de sacrificar lo que amas para mantener el orden más siniestro!


un buen cónsul debía mantener contentos a los senex (incluso haciéndoles creer que mandaban ellos)......


Los cometidos del cónsul eran naturalmente los más ambicionados, pero también los más difíciles de ejecutar y requerían, además de mucha energía, mucha diplomacia para sortear, manteniendo un equilibrio que garantizase el propio poder, los constantes escarceos entre el Senado y las Asambleas populares, que los elegían y a los que, en cierto modo, debían dar cuentas.


y a la plebe que le apoyaba...

Cada uno de los cónsules tenía, nominalmente, el imperium, el mando, y lo ostentaba haciéndose preceder, dondequiera que fuese, por doce lictores, cada uno de los cuales portaba un haz de varas con la segur en medio. Daban conjuntamente el nombre al año durante el cual ejercían el cargo, que quedaba registrado en el índice de fastos consulares. Eran cosas que alagaban las ambiciones de todos.

Indro Montanelli en Historia de Roma

el cónsul tenía que ejercer el imperium con sus lictores


En cuanto al poder efectivo, empero, era harina de otro costal. Ante todo, para ejercerlo tenían que estar de acuerdo entre ellos, porque cada uno tenía el derecho de veto sobre las decisiones del otro. Y luego había que obtener el asenso de las dos Asambleas.

Indro Montanelli en Historia de Roma


pero para ejercer el imperium había que ser cuidados y pactar con los otros cónsules


al final, la traición era moneda común


Apenas entró en la sala, los conjurados se abalanzaron contra él con el puñal. El único que podía defenderle, Marco Antonio, había sido retenido por Trebonio en la antesala. César trató al instante de protegerse con el brazo, pero lo apartó al ver que entre los asesinos estaba también Bruto. Es muy probable que, en efecto, dijera:"¿Tú también, hijo mío?", como ha contado Suetonio.






Boyero no entiende el final de los Soprano. Mira que está claro


Me hubiera gustado despedirme de él cuando esa realidad se distorsiona, despues de haber tomado peyote, viendo amanecer en el desierto de Las Vegas. Nunca con ese fundido en negro, tan facilón, impotente o absurdo con el que Chase clausuró su obra de arte.



Gandolfini la ha palmado en Roma, camino a Sicilia.Tiene su lógica en el caso de Tony. Pero imagino que él querría ser enterrado en su reino, ese que atraviesa en coche en los títulos de crédito. Para cualquier persona que ame el gran cine (ya sé que es televisión) siempre estará vivo.


Carlos Boyero en El País


Gandolfini no era un cónsul de la mafia. Pero sí el gran cónsul de los escenarios


Cicerón, una noche, en una reunión de amigos, se puso a tomarle el pelo a Lúculo por su glotonería diciendo que se trataba de una “pose” y apostando que si se iba a su casa sin avisar a los cocineros, se encontrarían con una cena frugal, de campesinos o de soldados. Lúculo aceptó el desafío, invitó a todos a hacer una visita y sólo pidió permiso para dar a sus servidores la orden de que pusieran la mesa para todos en la sala de Apolo.

Indro Montanelli en Historia de Roma




Si Tony murió en una traición, Gandolfini lo hizo en un gran banquete romano.....

Esto bastaba para hacer comprender a su personal de qué se trataba; en la sala Apolo, una cena no podía costar menos de doscientos mil sestercios. Eran obligatorios, como entremeses, mariscos, pajaritos de nido con espárragos, pastel de ostra, etc. Después, venía el yantar propiamente dicho: tetas de lechona, pescado, ánades, liebres, guanajos, pavos reales de Samos, perdices de Frigia, morenas de Gabes y esturiones de Rodas. Quesos, dulces y mucho vino.

Indro Montanelli en Historia de Roma



que lo entierren con honores......

El día 18, fue encargado de pronunciar el elogio de César en ocasión de su funeral, que fue lo más solemne que jamás se había visto en Roma. La comunidad israelita, agradecida por el amistoso trato que había recibido de él, seguía el féretro mezclada con los veteranos y cantando sus antiguos y solemnes himnos. Los soldados echaron las armas sobre la pira, y los actores y gladiadores, sus ropas. Toda la noche, la entera ciudadanía permaneció reunida en torno al féretro.

Indro Montanelli en Historia de Roma









Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

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