martes, 12 de noviembre de 2013

Veliniana: No más Masips

don Antonio Masip

¿Más Masips? !No gracias! Contaré una anécdota, que por verdadera, es igual de posible que el anunciado "regreso a los orígenes", hecho ayer por Rubalcaba (gran Contracrónica, Fdez: a los pies de la Reina del Sur). Contaba Paul Éluard -poeta que afirmaba: "hay otros mundos pero están en este", axioma que se lee hasta en los wateres de las terminales de tren- en sus memorias que en los viajes de vacaciones que hacía al sur de Francia en compañía de el gran Picasso, éste llevaba entre sus pertenencias un sospechoso maletón del que nunca se apartaba y al que a nadie permitía acceder. No estuvo tranquilo el poeta hasta lograr saber lo que había dentro del equipaje del genio. Un día, en uno de los pocos momentos en los que a don Pablo se les despistaba la valija, aprovechó la ocasión para tratar de descubrir el secreto que encerraba aquel maletón. ¡Sorpresa!, en el interior de la enorme maleta había miles de dólares, tal vez un millón. Éluard estaba más indignado que fascinado con la fortuna que Picasso arrastraba consigo a todas parte. El rácano del malagueño había sido incapaz de invitar ni a un café en todo el periplo veraniego. Conozco a muchos de tal palo. Masip es un especialista en cosas así. No lo digo yo, lo dicen quienes le conocen bien; y no se duelen en contarlo en los chigres y tascas en las que luego él dice que se burlan de mí.¡Pues cuidado! No vaya a ser él el burlador burlado por los burladores.

Oviedín en los 70´s del siglo XX 


Coincidí con Antonio Masip un día a principios de los setenta, se presentó en el Bar Niza con un libro de Gordón Ordax -un cazurru que llegó a ministro en la República- bajo el brazo como toda credencial para abrir boca y  lanzarse a los brazos de el "pope" Rafael Fernández. El mismo al que unos meses después pusimos "coloraín" en el bar la Vela de Sama, Luis Gómez Llorente y el cantao, que soy yo, en un acto lúdico donde interpretamos las canciones de la batalla del Ebro. De poco valió, porque el hijo del alcalde franquista iba con la lección aprendida. Presumía en aquellos primeros setentas, para ganarse al escaso mundo opositor ovetense, de que iba a comprar la librería Gráficas Summas de Josefina Rojo y convertirla en una antro de los ídem del apellido de la propietaria. Lo cojonudo es que lo iba a hacer con el millón a fondo perdido que le había regalado su abuelito, don Antonio Hidalgo, vicepresidente del consejo de administración del Banco Herrero (casi ná lo del ojo, no sé si escribir lo del "rojo"); por desgracia la cosa no fraguó. Aunque, ya me dirá, lector, con estos socialistas a los que sus abuelos regalaban un millón del año 69-70, que tenía canto, para qué queríamos derechistas...

El padre, Valentín

Masip fue niño con conciencia de hijo del cuerpo, como los nacidos en las casas cuartel de la Benemérita. Papá Valentín había sido alcalde -franquista, eso sí-, y él, Antonio, no iba a ser menos. El problema que atormentaba al joven delfín de los Masip allá por el verano de mediados de los 60´s del XX era cómo llegar. Andaba agobiado el joven cachorro de don Antonio Hidalgo, sólo en Vetusta, tratando de ver...porque estaba claro que por vía militar, como papá, no iba a ser. Pasaba las tarde-noches de la canícula provincial cenando en el entrañable y hoy desaparecido bar Cabo Peñas, para después dirigirse a la clásica tertulia provinciana en la casa de don Armando, aquél solterón empedernido, culto y brillante, que acogía al ramillete de luminarias que quedaban abandonadas el verano de la ciudad mientras sus proles hacían el veraneo burgués en el balneario. Allí discutían de ópera y comentaban los telegramas de don Amaro González Mesa, embajador en el Vaticano, anunciando -mejor sería decir, criticando- las novedades que partirían de Italia para la temporada operística de Carbayonia.


Se reclutaban Tncredis en lso 70´s en España. El joven Antonio se ofreció voluntario

¡Ah!, el dulce y suave fluir de la vida burguesa y provinciana en la heroica ciudad franquista. Pero, parafraseando a Ortega, "no era esto, no era esto". O, mejor dicho, no sería esto. El joven Masip sabía que poco podrían hacer por él aquellas puertas que se le habrían de para en par del Oviedín franquista por ser quien era. Era consciente de que, más que ayudarle a él en sus ambiciones, debían ser él y sus ambiciones las que ayudasen a aquel Oviedín a hacer el cambio que se avecinaba. Se acercaba el tiempo del gatopardismo: cambiarlo todo, para que nada cambie.


Fue González Fouz -otro hijo de cuerpo franquista- el que me contó, estaba perfectamente al tanto de todas estas cosas (cómo no lo iba a estar viniendo de donde viene), que el régimen había preparado un artilugio político, supuestamente de izquierdas, en el que se reclutaban Tancredis. La cosa era sencilla, todos los niño burgueses del régimen fueron a parar a un partido, el FLP (Frente de Liberación Popular, conocido coloquialmente como FELIPE), en el que todos sus pecados serían lavados, y pasarían de ese instrumento a los partidos opositores convertidos en acreditados antifranquistas. Antonio, el hijo de don Valentín Masip, pasó por dicho rojo Jordán, y surtió efecto. De ahí a presentarse ante Rafael Fernández con el libro de Ordáx bajo el brazo en el Bar Niza, fue todo uno. No pasaría mucho tiempo, 1983, en que con el estigma lavado y la ayudada de sotanas y las fuerzas vivas, Oviedín volvería a estar regido por "uno de los nuestros". ¡Y encima haciendo creer a los trabajadores que era de los suyos! El acto gatopardesco había salido a la perfección.

Masip hereda el cargo de papá, es un hijo del cuerpo. Oviedín volvió a los nuestros por un tiempo.


Como la cabra tira al monte, Masip, una vez que alcanzó lo que por cuna le tocaba, es decir, la alcaldía -eso sí, cambiando yugo y flechas por puño y rosa-, dio rápidamente muestra de "tó lo que llevaba aentro", igualito que las folclóricas. De las anécdotas más divertidas -botón de muestra del peculiar socialismo vetustiano- de su paso por la casa consistorial,  fue una en la que se les ocurrió traer a un cardenal chileno (dizque, para justificarse, que se oponía a Pinochet. Pero el caso es que el buen cardenal se oponía en el mismo Chile y bastante en silencio, o haciendo el menos ruido posible. Ya se sabe de las oposiciones silenciosas, están llenas de héroes) a los Premios Príncipe de Asturias. El cardenal Silva fue recibido con todo tipo de agasajos por el cabildo. Su Eminencia les dio hasta un Tedeum; que don Antonio y su cohorte socialista recibieron con los ojos arrasados por las lágrimas. Pero la mejor parte de la anécdota llega cuando invitaron a Su Eminencia a firmar en el libro de autoridades del Ayuntamiento de Oviedo. Había que firmar en las dependencias del Ayto de Oviedo subiendo las escaleras hasta el primer piso y Su Eminencia estaba mal de las piernas, de modo que no podía acceder al lugar en el que se debía dar la escena de protocolo municipal. Masip y los concejales tomaron la decisión de sentar al Príncipe de la Iglesia en la garita del guardia y bajar el libro para que firmase -la primera firma en dicho libro era la de Franco-, quedando una escena de lo más cómico con el prelado dejando en semejante lugar señal de su paso por la ciudad. La corporación municipal socialista, no sabiendo cómo agradecer la deferencia de tan alta autoridad eclesial, se lanzó a besarle el anillo al cardenal, que no daba crédito y mirando a Masip dijo: "¡Estos socialistas quiero para Chile!". ¡Claro, claro que los quería! Con tales socialistas no hubiese hecho falta bombardear el Palacio de la Moneda.



La huída a Europa tras el fracaso 

Masip aguantó dos legislaturas en el cargo. Gabino llegó en el 91 y estuvo más de veinte años en el puestín. Digámoslo claro: Masip no fue nunca un político brillante, mucho menos para estar en un partido como el PSOE. Cuando perdió la alcaldía tuvo que pasar una larga travesía del desierto sin tocar poltrona alguna, salvo la Secretaría Gral de la AMSO, que poca cosa era. Las tornas cambiaron con la llegada de Zapatero. Fue en el zapaterato cuando se abrieron las puertas del olympo europeo a Masip y pudo huir de Oviedín. Estamos a breves fechas de que se presenten las listas para una tercera legislatura en Europa.

Me dice Fdez, mi Editor, que hay mar de fondo con Masip: está mayor, demasiado mayor incluso para un retiro dorado como el de Bruselas. "No convence, Veli". Me dice Fdez que nos encaminamos a otro PSOE, un nuevo PSOE de trabajadores y no de herederos burgueses. Un PSOE del que se tendrán que ir los Chanines. "Hay otros partidos para los Masips y Chanines, pero no están en este", me insite Fdez. Y Esther, la que fuera alcaldesa de Langreo, me advierte en contra de mi Editor: "aléjate de él, es un antisocialista y un grosero. Pertenece a un grupo de falsos socialistas langreanos que cultivan un socialismo podrido" 

Yo he hecho saber esto a Masip, lo que Fdez me cuenta, y se ha enzarzado en una pelea barriobajera conmigo en Casa Ávila. ¡Vergüenza le debería dar! ¡Vergüenza! ¡No más Masips altaneros y ordinaros! ¡Cada clase en su partido! ¡Cada uno en su casa! ¡Y Dios en la de todos! 

Avelino Díaz, periodista y cantautor





2 comentarios:

  1. Velino, "una Masipnada" pa la tu colección, y gratis:

    Corría el año 82, año de mundiales en Gijón; la muchachada proletaria - "el hijo del obrero a la Universidad" -, andaba de manifa - paseando la pancarta reivindicativa por el coso balónpédico, con permiso de la autoridad competente (Vega Arango) ; encerrándose en noches promiscuas en el viejo Instituto, animando al personal callejero a enviar telegramas a mano al Sr. Suárez (¡qué tiempos), y de asamblea en asamblea; todo ello para impedir que Don Gustavo Bueno recorriera el camino inverso - Gijón /Oviedo -, con nuestra flamante y humanista Cátedra de Psicología y Ciencias de la Educación, recién conquistada para el obrero gijonés.

    Pues con este escenario prerrevolucionario, ¿a que no adivinas quién apareció en una asamblea multitudinaria celebrada en el salón de actos del "viejo Instituto”?. ¡ Si, esi mismu, tomando la palabra en nombre de su sociedad pro amigos del Sahara ... !

    No recuerdo si se pronunció a favor o en contra ya que, la muchachada nun lu dejó continuar ...

    Y d´esto, doy fe, porque yo taba allí ...

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