lunes, 13 de enero de 2014

Iberia austrohúngara


Es imprescindible leer en esta tesitura histórica de España el último libro de Borja de Riquer titulado Alfonso XIII y Cambó. La monarquía y el catalanismo político, porque, aunque el hoy y el mañana no están escritos en el pasado, conocerlo ofrece sugerencias interesantes. Riquer recuerda cómo Valentí Almirall, en 1879, “fue uno de los primeros en proclamar que Catalunya podía ser la Hungría de España”, por la potencial relación del Principado con la Corona.


Desafortunadamente, recientes acontecimientos en la mente de todos han hecho colapsar la posibilidad de que la Corona –otrora tan bien valorada en Catalunya– revalidase esa condición ante la mutación de parte del catalanismo en abierto secesionismo. Este desplome de la capacidad de referencia de las palabras del Rey se ha acentuado en estos últimos días. La penosa intervención de Don Juan Carlos en los actos de la Pascua Militar en el Palacio Real de Madrid –después de una aparición con trampantojo en una revista que reflejaba a un monarca en aparente buena forma física– durante los que exhibió un grado de insuficiencia física y de fluidez verbal verdaderamente preocupantes y la imputación a la infanta Cristina de dos delitos.

Nos está fallando, quiera o no verse, la clave de bóveda del armazón institucional que en una monarquía parlamentaria es el titular de la Corona. Como lo es también en estados compuestos con tensiones segregacionistas, sea el Reino Unido o Bélgica.

Los hechos están hablando: de una parte, Don Juan Carlos, con un reinado fructífero pero con unos handicaps actuales graves, no puede superar sus propias contradicciones e insuficiencias después de haberse constituido en “motor del cambio” en los finales setenta y principios de los ochenta del siglo pasado; de otra, la institución monárquica es sabia, dispone de elementos de regeneración instantáneos –aunque delicados– como es la posibilidad de sucesión, sin convulsiones, en la Jefatura del Estado. Quien quiera entender, que entienda. Mientras, la clave de bóveda del sistema está fallando ostensiblemente.

Jose Antonio Zarzalejos en La Vanguardia

Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

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