jueves, 17 de abril de 2014

¡Independícennos, si us plau!

El amado líder catalán, con amigos, pasándolo en grande en el gusano loco.
Es casi obligatorio pensar o argumentar acerca del tema catalán en estos días. No evitamos esta labor, al contrario, de desmontar y enfrentar las posiciones que pensamos contrarias, ejercicio que, pese a lo tedioso en que se está convirtiendo el presente tema, no deja de tener hasta su punto de gracia.
Es fácil entrar en materia porque sólo hay que tomar (casi de nuestro entorno físico), las consignas machaconas que nos llueven, de forma torrencial, acerca de esta controversia. Expresiones como: “derecho a decidir”, “consulta”, “soberanismo”, “autogobierno pleno”, “identidad”, “proceso plenamente democrático”, “más democracia”, sus equivalentes y derivadas, además de combinatorias varias. Es difícil muchas veces no caer en este lenguaje pseudopolítico que más bien habría que calificar como pseudo a secas, porque no se sabe muy bien el concepto a que se refiere, de tan oscuro como se plantea.
No voy a hacer un examen profundo de cada una de estas expresiones que ni pretendo, ni un maestrillo como yo se ve con capacidad para ello, pero sí que tomando la primera de las expresiones apuntadas podemos dar rienda suelta a la reflexión. Llama la atención que con respecto al “derecho a decidir” no se especifica ni se expresa sobre qué se decide, como si fuera superfluo, de puro obvio, acabar esta frase con el objeto acerca del cual se exige el derecho, la repetición de esta consigna aunada con la sencillez de la frase mutilada provocan que la solicitud aparezca de manera inocente a la vez que innegable: ¡cómo se va a negar el derecho a decidir! ¡Puede haber alguien tan malvado como para negar esto! (serían similares los trucos utilizados en los casos de “consulta” o “procesos profundamente democráticos”).

El innegable "derecho a decidir"


Una muestra, entre tantas, de la utilización de este lenguaje lo apreciamos en el video que les dejo más abajo y que me parece muy significativo. Este video es parte de una entrevista realizada a Miguel Bosé en una televisión catalana. Inevitablemente, los periodistas catalanes hacen la ineludible pregunta a Miguel acerca del tema candente que está en boca y mente de todo el mundo, tema imperioso de necesidad: qué piensa él de la independencia, o perdón, del proceso que existe en Cataluña (previendo ya de antemano la respuesta favorable del cantante y artista español -Miguel Bosé había aceptado hacer la entrevista en catalán, se le considera muy receptivo ante la “identidad” catalana, etc.-). 


Por supuesto Miguel empieza bien, genial, él va a ver modificadas las fronteras de la península ibérica, esto es así. Un proceso iniciado por la gente, por el pueblo, no tiene otro final posible, que él ve estupendamente, no faltaría más (hay que recordar que Miguel Bosé es el adalid de la progresía española, su mascarón de proa, podríamos decir; no hay personaje que pase por el suelo patrio que no deba conocer a Bosé, realiza un papel similar al del torero “El Cordobés” durante el franquismo). Ahora bien, después de estas afirmaciones, el toro parece estar en suerte, que pensarían los entrevistadores, y allá van a rematarlo con la artillería al uso: “qué bueno sería, Miguel, que el resto de españoles, que España, entendiera nuestras aspiraciones como tú las entiendes”, viene a decir el periodista. No pudo decir más, Bosé puede ser todo lo que queramos, diana de nuestros, quizá, un poco ácidos comentarios, eso sí, de tonto no tiene un pelo, a él no se la vas a colar. En ese momento Bosé corta al periodista y le dice que muy bien pero que, algo que él y los suyos entienden, no quieran hacérselo entender a otros, a gente de fuera del “proceso”, individuos que además, evidentemente, no tiene necesidad de entenderlo (se trata de gente que no comparte la misma “identidad” entiendo yo, imbuyéndome totalmente en el pseudolenguaje del que hablábamos más arriba); que él y los suyos, continúa, hagan lo que tengan que hacer, a ser posible sin ayudas, afinidades ni comprensión por parte de otros, y que lo hagan mejor solos que luego las ayudas hay que pagarlas (consejo de amigo). Como diría un castizo: ¡A buena parte! A otro perro con ese hueso. Y, para mejor ilustración de la lección que ha dado el artista-cantante, les pone un ejemplo final donde claramente les dice que él poner, no pone un duro.

Muchos estados → un sistema educativo

Un paso más en esta reflexión viene dado, aunque parezca dar un giro irracional a la misma, por esta afirmación: Cataluña es, en varios sentidos importantes, independiente. Esto tiene su explicación. Después de las vueltas que el asunto lleva, no es un obstáculo para mí utilizar el lenguaje de mi contrario y decir que el asunto no es baladí, que no es una moda ni pasará pronto. No es posible negar la evidencia, ni los hechos acaecidos, y, si un tema se habla y discute con esta virulencia, es porque tiene la fuerza o apoyos suficientes para que así sea.
Aunque el foco se ponga en que el asunto es algo promovido por la calle, e instituciones políticas y sociales sirven sólo como correas de transmisión, evidentemente no somos escolares tan bisoños como para no darnos cuenta de los intereses que hay detrás de esta controversia, la activación de los movimientos ciudadanos y el aprovechamiento de la inercia de retroalimentación entre unos y otros para que la maquinaria vaya cogiendo velocidad. El inicio de este mecanismo de transmisión no es otro que el tema educativo, iniciado, ya casi, 40 años atrás. Causa verdadera perplejidad cuando uno levanta la cabeza del marasmo de interpelaciones, rifirrafes y enganchones en que se ha convertido el tema catalán y toma la perspectiva desde el mirador educativo. La conclusión, se la adelanto, es que el panorama es poco menos que desolador. Comienzo la panorámica poniendo la atención sobre una anécdota que el otro día un compañero de claustro me relataba. Este compañero, como muchos de su generación, cursó el año anterior a la universidad en EEUU, ya saben el dichoso idioma inglés, y durante este curso, que se desarrollaba en Winsconsin, le surgió un viaje al sur por Florida y Luisiana. Pues bien, mi colega me decía que sus compañeros de viaje y él mismo, tenían la oportunidad de asistir a clases en los institutos de las zonas a visitar, porque el temario y el ritmo de clases era aproximadamente el mismo en los estados del sur por los que viajaban y en la, 2000Km más alejada, ciudad de Madison de donde habían partido.

Un estado → varios sistemas educativos. Misma dirección, sentidos opuestos


Ojiplático me quedé cuando cambiando al paisaje de España me daba cuenta del desaguisado de planes de estudio, competencias transferidas, etc., a parte del hecho de encontrarse que en un par de cientos de kilómetros te puedes tropezar con que los escolares reciben educación en distintos idiomas, con distintos contenidos, cuando éstos no son contrarios o contradictorios. Es conocido que hacer país implica la uniformidad en la educación, y por lógica de contrarios la disgresión y diversidad en este apartado deshace la nación. Por muy arraigadas y antiguas que parezcan las instituciones, son al final sus fundamentos (educación y lengua, entre otros) los que deben ser sólidos. Evidentemente la demolición de una nación lleva aparejada la construcción de otras naciones, como no podía ser de otra forma. En esta construcción estamos. Y digo estamos porque somos todos los españoles los que la estamos haciendo, la construcción de esas nuevas naciones. Y aquí está en marcha un mecanismo de transmisión inverso al que explicamos más arriba. Son los partidos nacionales, con la aquiescencia más o menos pasiva de los votantes de a pie, los que han dotado de fuerza las reivindicaciones nacionales, en primer lugar, y las han ido llenando de contenido, en segundo. Han realizado esto con actuaciones variadas, una de las más comunes es ponerse de perfil ante cualquier cosa que huela a soberanismo, dejando las manos libres para hacer y deshacer a quien quiera. También es destacada la actuación de gente que se postula  enemiga del soberanismo y lo ayuda a manos llenas (el caso de Aznar es paradigmático, cual rey mago regó de competencias a las autonomías y ahora se muestra de azote, podríamos describir como alborozo la sensación de los nacionalistas cada vez que abre la boca, el pobre es un tonteras, eso sí, dañino –para los no independentistas-).

Aznar, con cara de saberlo todo cuando no se entera de una. El de la izquierda sí se entera. La ventaja de tener las cosas claras, sean las que sean.

Tenemos, por tanto, para finalizar, una serie de naciones, en concreto Cataluña, que hemos ido independizando, y siguiendo de manera consecuente lo que hemos comentado, esta nación lo que no quiere es asumir los elevados costes de todo tipo que supondría una ruptura expresa y ponerse a rematar sola algo, la independencia ya completa, que por el curso que lleva el asunto debería ser finalizado por aquellos que lo han comenzado, v. gr. el conjunto de todos los españoles. De ahí que de cualquiera de las consignas lanzadas por estas fuerzas independistas siempre se puede colegir de manera tácita: ¡sigan así, por favor, sigan independizándonos!

El maestro Yi, colaborador de AptsFelguerinos

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