martes, 6 de mayo de 2014

Repúblico Hispano: No hay botón de rewind



El tiempo es implacable. No hay vuelta atrás. No hay rebobinado. De niño uno de mis juegos favoritos era darle al botón de rewind del videocasete de mis padres y ver cómo la película iba hacia atrás rápidamente, observar a todos los personajes deshaciendo lo realizado en el metraje, volver a verlos en el punto de partida de la acción de la película sin que se hubiese producido la transformación de los personajes motivada por el desarrollo dramático. Hubiese sido fantástico tener un botón así en la vida real, pensaba. En realidad todos los pensamos. Lo piensa José Gª Domínguez, uno de los columnistas más brillantes de la prensa española (a pesar de que algunas veces se deje llevar por las miserias que tiene el oficio de los opinadores profesionales), que en su último artículo (Europa es el problema, no la solución) parece estar buscando el dichoso botón con el que deshacer la entrada de España en el euro y regresar a los felices tiempos de la peseta. Gª Domínguez diagnostica a la perfección el camino -tal vez inevitable- de autodestrucción que ha tomado la Nación española al ingresar en la UE. Acaba diagnosticando:

España solo dispone de dos alternativas posibles: o igualar la productividad industrial de Alemania o acelerar el proceso de voladura de su tejido productivo, la destrucción masiva de instalaciones fabriles que comenzara en 2007.

Es un error plantear el problema en términos de viejas naciones. No hay Alemania, España, Italia, Grecia. Encarar las cosas desde ese plano lleva al seguro camino de la confusión, que es mucho peor que estar equivocado; de una equivocación se puede salir revisando el problema, de la confusión es mucho más difícil, ya que está mal planteado el enunciado del problema. En el año 2001 entramos en la fase superior de algo que se planificó a mediados del Siglo XX: la creación de estructuras anacionales de mercado. Podemos engañarnos con el argumento de que la UE es un entramado de tratados nacionales que es posible revertir. Formalmente sí; en la vida política realmente existente: imposible. Transcurridos quince años desde la aparición del euro no hay posibilidad de volver al punto de partida, de rebobinar lo hecho. En la realidad no hay botón de rewind.

José Luis Sampedro, antes de ser un anciano indignado, fue un joven Catedrático
y técnico del Banco Exterior del España, propagandista del neuvo orden en el que hoy vivimos


Fue el abuelito Sampedro -el yayo indignado- uno de los que puso en marcha esto, según cuenta Iván Vélez en El Catoblepas (José Luis Sampedro: un gimnasta de la libertad), todo a cargo de la sección financiera de la CIA. En ese  texto Vélez rescata una nota de prensa del ABC, publicada en marzo de 1962, en la que se informa de un coloquio en el que participa el ministro Ullastres, miembro del Opus Dei y europeísta convencido dentro del régimen franquista, y también un joven Catedrático de Estrutura Económica de la Universidad de Madrid y técnico del Banco Exterior de España. Antes de firmar prólogos a libros indignados esto era lo que pregonaba el José Luis Sampedro Catedrático y técnico del Banco exterior de España en 1962:

Don José Luis Sampedro dijo que la compenetración creciente de la economía española con la europea es una necesidad determinada por las corrientes históricas actuales, porque no hay nación europea que pueda afrontar sola los gastos de los modernos armamentos, investigación astronáutica y energía nuclear; ni existe nación que tenga un mercado interior suficiente para organizar en escala productiva numerosos artículos básicos o de consumo. Hasta la Gran Bretaña quiere hoy poner fin a su "esplendido aislamiento" secular por considerar que no puede continuar al margen de esas corrientes unificadoras. La petición reciente del Gobierno español solicitando la asociación al Mercado Común demuestra que esas posibilidades tampoco se conciben oficialmente entre nosotros.

Hace medio siglo el Imperio americano puso en marcha el entramado europeo. Un monstruo que, como suele ocurrir en estos casos, se ha escapado de las manos de su creador. La UE es fruto de la globalización americana y la nueva cristalización política histórica que ha venido a acabar con la anterior forma política: la del Estado nación. Entre los cascotes quedamos los que fuéramos ciudadanos de las viejas naciones. Resulta irónico que uno de los programadores del nuevo estado de las cosas, uno de los pregonó desde bien pronto la llegada a la península de la nueva sociedad anacional económica; lo nacional queda reducido a una "marca", un hecho superficial que diferencia a los distintos productos homologados por el nuevo poder; haya sido tomado por los ciudadanos como un líder y guía en las protestas contra la sociedad anacional de mercado. Nos han cambiado la configuración en la que vivíamos. Estamos moldeados por estados nacionales cuya función es completamente distinta a la que desempeñaban en el siglo pasado y no sabemos que papel jugar.



La UE plantea una reorganización de la estructura económica desde sus parámetros continentales, una perspectiva que desborda las naciones. La desorientación de los ciudadanos nacionales, incapaces de incorporarse a la nueva racionalización económica, es total. Esa racionalización exige destruir los viejos tejidos industriales nacionales, destruir el empleo de gran cantidad de ciudadanos de las viejas naciones que no son necesarios en el nuevo orden que se está construyendo. Así reaccionaba el funcionario europeo Joaquín Almunia cuando los trabajadores de los astilleros españoles reclamaban que se defendiese la industria naval nacional apelando a su condición de ciudadano español (Almunia: "Se hizo una demagogia repugnante con las ayudas a los astilleros"):

El comisario europeo ha reconocido que está dolido por las críticas que recibió y, al respecto, ha indicado que la responsabilidad de un comisario europeo está ligada "a la responsabilidad que tiene como miembro de la Comisión europea". En este sentido, ha señalado que los comisarios no están para "defender los intereses de nuestro país, de nuestra región, de nuestra ciudad o de nuestro equipo de fútbol". "Estamos aquí para defender el interés general europeo, para aplicar la legislación europea, para hacerla cumplir", ha apuntado. "Equiparar a un comisario europeo con un embajador de su país" es, a su juicio, "una enorme equivocación".
La UE, con mucha habilidad, mantiene las fachadas de los  Estados nación mientras construye un interior completamente nuevo. El despiste de los habitantes es considerable.


El gran logro de este nuevo estructura de poder: transformar el Poder legislativo de los Estados en un poder subordinado. Los Estados nación conservan las fachadas como en esas operaciones urbanísticas en las que se mantienen las fachadas de las viejas casas para construir de nuevo completamente el interior. Los ciudadanos creen que siguen viviendo en el mismo mundo, pero suceden cosas que no entienden. Se quejan de los políticos nacionales. Unos políticos no hacen nada distinto de lo que hicieron anteriormente, cuando nadie protestaba. Los programas cerebrales de estos ciudadanos, configurados por los Estados nación del SXX, no saben responder a los nuevos parámetros de la sociedad, provocando un comportamiento extravagante: pedimos la vuelta de las viejas monedas nacionales, votamos a Le Pen y Tsipras que prometen lo imposible, buscamos contruir pequeñas naciones a uno y otro lado del mediterráneo. Pero nada funcionará porque ninguna nación, aunque sus habitantes se vean obligados a comer piedras por la acción del poder anacional, tiene el poder suficiente par imponerse al nuevo orden. No hay botón con el que volver a atrás. 

Fdez de la Felguera, editor de Aptsfelguerinos

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