miércoles, 9 de julio de 2014

Madrid y el conservadurismo



Todavía conservaba Madrid algo de su aspecto clásico, de su estampa a lo Eduardo Vicente. Cúpulas de las viejas iglesias, la mole gris olvidada del Palacio Real, los viejos tejados con chimeneas y boardillas del XIX. Torres con veletas, ringlas de árboles y el sol de siempre que hiere los vidrios más altos al huir. El Madrid anterior a 1936, desde lejos tiene aspecto de ciudad provinciana, entre castellana y oriental, con no sé qué pobreza mal disimulada. No dominan los grandes edificios particulares oxidados con la pátina del tiempo. Falta arquitectura de solera. No se aprecia un trazado racional y clásico. Sobre viviendas deficientes y medianas, destaca el vuelo de las iglesias y la altura superdesarrollada de un palacio o edificio oficial. Aspecto de pueblo menestral o medianamente acomodado, que no tuvo capacidad ni poder para alzarse más arriba de las torres, como ocurre en las grandes ciudades de Europa. Los rascacielos actuales que rompen ese mediocre paisaje urbano, pertenecen a otro mundo, a otras concepciones que nada tiene que ver con lo que había: iglesias, palacios o calles galdosianas. Son un nuevo aspecto de la pobreza, de la falta de gusto. No están inspiradas por una estética de gigantes como en Nueva York sino por la especulación del terreno y modelos sacrificados que nada tienen que ver con el contorno secular. En el núcleo de Madrid pasa lo que en Carabanchel mismo, se saltó de la casa con corral al bloque colmena, sin haber llegado a las grandes avenidas estilo París con edificios de piedra solemne mayores que las iglesias. El español va siempre desde el conservadurismo lóbrego a la improvisación alocada. Aquí no hay ritmo, no hay planificaciones graduadas absolutamente en nada. O se remacha el tornillo del inmovilismo hasta saltarle la cabeza o se entra a saco en las formas más atrevidas y extrañas sin consistencia ni orden....Gran parte de la historia española es una colección de pataletas y desplantes junto a los reumas mentales y formales más esperpénticos.

Francisco Gª Pavón en "Las hermanas coloradas"



Un texto de Gª Pavón de su novela "Las hermanas coloradas". En el pasaje, Plinio -su famoso detective de Tomelloso-, reflexiona sobre la arquitectura del Madrid de 1970 y define lo que el entiende por conservadurismo. Hoy Madrid es un DF, ha perdido ese sabor a ciudad de provincias, pero sobreviven el espíritu de los viejos conservadores que ya había en 1970 (faltaban cinco para que se proclamase el anterior jefe del Estado). Y para el que tenga dudas, que lea el Marca y las tribulciones de don Vicentón, el perfecto conservador: no supo cambiar las cosas cuando era el momento, y ahora, para seguir en el machito, acometerá la revolución más absurda y esperpéntica que nos imaginemos. Se pasará de la raya en el cambio.


Fdez de la Felguera en facebook

Mesa de Redacción  de AptsFelguerinos

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