lunes, 15 de diciembre de 2014

La morada griega del emperador



Repasando un libro de historia de la filosofía de mis años de instituto (“Historia de la Filosofía” de Alberto Hidalgo, Carlos Iglesias, Ricardo Sánchez Ortiz) casi por inercia he revisado la sección del mismo dedicada al pensamiento griego, con deseos de refrescar los conceptos de esa época clave. Sólo momentos después me he planteado la pregunta sobre la recurrencia del interés por esta época y sus protagonistas. Reflexionando un poco sobre ello, es obvio que las circunstancias de la época clásica griega son estudiadas debido a que se trata de un imperio vencedor cuya estructura militar, política, económica y social se impuso a la de sus adversarios en aquel momento, la Historia está escrita por los vencedores y así queda para el estudio de las generaciones posteriores.



Abundando más sobre ello, posee la Grecia clásica, sin embargo, más peculiaridades que no pueden aparejar a otros imperios vencedores de la antigüedad (por poner un ejemplo: el pueblo Mongol del siglo XIII). Por supuesto tomado el análisis desde el punto de referencia en el que nos encontramos, esto es, un país occidental y católico. Y, sin querer extenderme a un tema que podría dar para toneladas de páginas, creo que más que un imperio triunfador en su época, en la que impuso sus parámetros, al imperio griego lo podemos considerar un imperio triunfante. Triunfo actual que podemos comprobar a nuestro alrededor a poco que lo analicemos con algo de detenimiento. Tomando al presente jefe del vigente imperio dominador (el imperio useño), podemos apreciar en sus palabras los ecos del tiempo de Pericles y sus coetáneos. Resuenan sin cesar en sus alocuciones y discursos los conceptos de ley (el famoso “nomos” griego), diálogo (logos, dialéctica) o el de, ya si necesidad de traducción, democracia.



Añadiendo un detalle más, que puede parecer insignificante, podemos observar que este jefe, nuestro emperador contemporáneo, está viviendo, a mi modo de ver, en una casa al estilo griego, y su lugar de residencia bien podría parecer el templo dedicado a un dios heleno, tal como fue el de Academo, a la sombra del cual Platón erigió su academia.




Y para terminar esta breve nota, no me gustaría dejar de destacar la perspectiva que de este mínima reflexión se puede obtener con respecto a los actuales imperios. Es el actual imperio norteamericano un gigante al que muchas informaciones y estadísticas definen como transitando hacia el ocaso, y para su relevo todo el mundo mira hacia el oriente, a China. El análisis anterior nos sirve para observar que este nuevo imperio y su nuevo emperador ya no hablarán sobre conceptos tan conocidos por nosotros, sus nuevos conceptos tendrán, además, difícil traducción en nuestros idiomas. Un ejemplo de ello es la calificación de su gobierno como República Popular (¿una república no incluye por definición al pueblo? ¿no es un contrasentido destacar de una república que incluya al pueblo?¿destacar esta característica de “popular” no confunde más que aclara?).



Este imperio parece que se impone sin necesidad de apelar al conflicto bélico, como sí ocurrió con los sucesivos imperios de occidente (las guerras mundiales del siglo XX dieron carta de bautismo al nuevo imperio americano). El nuevo emperador no tendrá un palacio de estilo griego, eso seguro, y mucho me temo que nuestra adaptación no se solucionará con un estudio apresurado de la lengua china.

El Maestro Yi, colaborador de AptsFelguerinos

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