lunes, 10 de agosto de 2015

Repúblico Hispano: en defensa de la abuela Rafaela


Llevo escuchando en la radio a Manuel Delgado (ahora creo que lo llaman Manel) desde los 90´s del SXX. Empezó actuando en el programa de Julia Otero, hasta que se lo cargó Aznar. Después pasó a integrar el equipo de Gemma Nierga en la Ser, volvió con Julia cuando ésta regresó de su exilio catalán a las ondas nacionales en época del zapaterismo y a Gemma la cambiaron de hora en la radio de Prisa (Julia nunca llevó bien que Delgado no corriese a estar con ella nada más llegar a Onda Cero y respetase su contrato con Nierga). Delgado es un corcho. En todos estos años el tío no ha perdido su momio en colaboraciones en los medios “nacionales”. A esto hay que añadir el sueldo de súper funcionario que percibe por ser profesor de antropología en la universidad de Barcelona con sus correspondientes quinquenios.



Está claro que a Manolo Delgado el Estado español lo está torturando. Tiene que ser una tortura que te paguen una pasta todos los meses por dar clases de antropología, esa disciplina que no sirve para nada. Es por esto que Delgado, que milita en la Izquierda Unida de Cataluña, ha decidido traicionar a su partido y presentarse en las listas de la CUP en el tongo electoral del 27S. Eso sí, como Guardiola, ocupa los puestos postreros de las listas. Se hace política mucho mejor en las tertulias y chiringuitos de los medios –también se cobra más- que en los aburridos escaños de un parlamento de pandereta. A mí, de las sinsorgadas que Delgado suele contar en la radio, siempre jugando a epatar, cultivando la pose de enfant terrible ya cuasi sexagenario –la postura es bastante ridícula-, sólo una vez me ha conmovido: cuando murió la actriz española Rafaela Aparicio.


Era una tarde de junio de 1996, cerca ya del verano, cuando saltó la noticia del fallecimiento a los 90 años de la actriz andaluza. Julia Otero quiso comentar el suceso con los tertulianos de su programa de la última hora. El más emotivo fue Delgado, que no pudo evitar vincular la figura de la cómica con las mujeres de su familia y con su infancia. Tuvo Delgado un momento proustiano y, dejándose llevar, abandonó el registro que habitualmente usaba en la tertulia de profesor susurrador que quiere impresionar a sus jóvenes alumnas universitarias, vamos, el tono del clásico profesor huelebragas que todos conocemos, para por una vez en muchas tarde decir algo con sinceridad. Por una vez fue auténtico. Tal vez por esto, el recuerdo de aquellos comentarios de aquella lejana tarde, me haga la figura de este tipo más canalla. La figura de Delgado y otros, como David Fernández, dispuestos a participar hasta el final en esta tomadura de pelo del 27S montada por las élties de Barcelona y Madrid, es simplemente asquerosa. Que estos tipos, abrazados a Arturo Mas, se presten, no ya a traicionar a una etérea España dibujada en un mapa rompiéndola en pedazos, sino ir de veras al meollo del asunto, traicionar a la abuela Rafaela –que en ella se cristaliza España-, traicionar a los antepasados, a sus propios muertos, cubriéndolos de oprobios y de insultos, mancillándolos, llamándolos fachas de mierda por el mero hecho de haber nacido en un pueblo en el sur, cambiándose los apellidos porque se avergüenzan del legado que sus antepasados les han dejado; y todo por unas migajas, por una palmada en el lomo de los amos de los barrios burgueses. Eso es lo que simboliza el abrazo de Fernández con Arturo Mas. No es la condena a Franco o a los fachas de Madrid, sino que es la condena a la abuela del sur que te arrullaba en sus brazos cuando eras un tierno infante, la que te preparaba el bocadillo de chópez para ir al parque.


Esta es la peor corrupción que hay en España, peor que la de Bárcenas, los gürtel y los púnicos. Unos tipos que están dispuesto a debilitar a los suyos frente a una minoría conectada con el extranjero. Es la traición al barrio popular y a las generaciones que llegadas de toda España contribuyeron a crearlo. Las generaciones que moviéndose libremente por la nación española crearon sus riqueza, las que participaron en los planes y programas de un Estado, las que estuvieron en lucha con sus capas dirigentes para dar una orientación más justa a sus medidas autoritarias. Y ahora, esos mismos contra los que se lucha, con la colaboración de estos cipayos, se quieren apropiar de esas riquezas y venderlas al mejor postor, utilizando el mito de la creación de unas supuestas naciones que, además de imaginarias, son imposibles; como queda claro en la depredación de la UE sobre Grecia. Yo no me identificaré nunca con la nación de pulserita rojigualda ni con la de polo de club marítimo, pero tampoco me verá nadie haciéndole la ola a los de la antiespaña. Porque España está levantada sobre los hombros de una gran mayoría que lleva siglos aguantando esta nación, haciéndola con sus manos, construyendo el mundo entorno en el que nosotros nos hemos desarrollado y que - ese sería nuestro deber del que estamos haciendo dejación- estamos obligados a dejar a los que nos sucedan cuando nos convirtamos en antepasados, cuando seamos los muertos de "alguien". Esas mayorías etéreas y abstractas se encarnan en las abuelas y abuelos que salen en las fotos descoloridas de las comuniones, en las abuelas rafaelas que nos preparaban los bocatas. Dejan de ser abstracciones para ser figuras que podemos tocar y recordar, que conecta lo abstracto y lo concreto. Puede las abstracciones nacionales sean ridículas, parece ser que nadie va a hacer la revolución por una bandera, ni por una clase social, y tampoco,  me temo, que nadie va a hacer una revolución por el Insalud. Porque, en el fondo, una revolución se hace por defender a la abuela Rafela.

Adenda



Una vez escrito este artículo paso por el muro de feisbuk de Manuel Delgado, que lo tiene abierto al público, y esta es la justificación que da para entrar en la candidatura de la CUP:
Me parece que me he complicado la vida un poco. Me han dicho de ir en la lista de la CUP y he dicho que sí. Lo que no haré bajo ningún concepto será darme de baja del Partido, es decir de Comunistes.cat, ni siquiera de su Comité Central. Creo que soy fiel a su línea de reforzar la unidad popular y diversificar vínculos políticos. Hay camaradas que se han incorporado a Podem sin abandonar la organización y no ha habido problema. Lo he comentado con mis camaradas de la célula Ramon Casanellas y con los que he hablado les ha parecido bien. Además, Comunistes y la CUP hemos ido juntos en más de un sitio -Vendrell, Rubí, Cornellà...-, en algunas ciudades, como Badalona, incluso enfrentados a EUiA. De todos modos, ha quedado claro que no es para salir. Es más bien en plan simbólico y para que la lista recoja parte de la herencia de la izquierda histórica, gente que estuvimos en el PSUC durante la clandestinidad. Quiero que se interprete como un simple acto de promiscuidad política. Finalmente, he acabado por darle la razón a los policías que me hostiaban en Via Laietana en el 75. Me he convertido en lo que ellos me llamaban entre patada y patada: un rojo separatista.
Y veo que se confirma la teoría que sosteníamos en el artículo. Los hijos de los obreros de los 70´s, ya montados en el negoci de las élites barcelonesas, están colaborando a tope con ellas. Hay que identificar a España con los grises e insultar la memoria de la abuela Rafaela. Para ello han resucitado a este viejo partido cipayo que son las CUP.


Felguerinos colaborador en Repúblico Hispano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario