miércoles, 16 de septiembre de 2015

El Dr.Floïd y la loción secesionista

Aplíquese un poco de secesionismo tras el afeitado

David Madí i Cendrós (Barcelona, 1971) es nieto de Joan Baptista Cendrós, fundador de Òmnium Cultural, inventor del aftershave Floïd. Así como su abuelo -ya en aquellos años independentista- fue el antagonista del federalista Tarradellas, que siempre tuvo una idea de España, Madí fue el antagonista del pujolismo -nacionalista- y como su abuelo siempre fue independentista.

El muñidor secesionista

Su único proyecto político era y es la independencia de Cataluña, pero le faltaba el hombre, el candidato para suceder a Pujol que, en el año 2000, tras ganar por los pelos sus últimas elecciones, anunció que no volvería a presentarse. Como joven promesa del partido, a pesar de sus discrepancias con el patriarca, había tenido en 1997 -junto con Oriol Pujol, Quico Homs y Germà Gordó- acceso a la jefatura de gabinete de un «conseller», y eligió a Artur Mas, entonces consejero de Economía.


Madí, la única inteligencia política de Cataluña, eligió a Mas con el objetivo de darle forma hasta conseguir el producto: presidente de la Generalitat. Mas es una botella que Madí ha ido llenando con el uso.

Como Jose luis Moreno y Macario....


Artur Mas es la encarnación más perfecta de un exalumno de la escuela Aula, dirigida por Pere Ribera, un colegio con el mayor prestigio académico que acaba convirtiendo a sus alumnos en robots sin ninguna capacidad empática y con una facilidad asombrosa para la torpeza emocional y para amar la rectitud más como finalidad que como herramienta.

Madí se dio cuenta de que si nadie hacía nada por evitarlo, Josep Antoni Duran i Lleida sería el elegido para suceder a Pujol. El gran líder convergente nunca fue un entusiasta de Duran, pero creía que era el único con posibilidades de ganar a un creciente Maragall. Madí tuvo en el año 2000 una larga conversación con Mas, y le convenció de que la estrategia para derrotar a Duran en la carrera por ser el candidato de CiU, era mostrar «músculo nacional», para conmover de un lado a Pujol. El hombre de hojalata compró el plan, y, siendo él en todo metódico y disciplinado, ejecutó cada orden de su jefe de gabinete. Poco a poco, Madí fue moldeando a su candidato, gestionando con brillantez su proyección mediática; y logró desmoralizar a Duran poniéndole toda clase de trampas, haciendo circular rumores intencionados y convirtiendo cada cosa que el hombre intentaba hacer en algo turbio y que aparecía absolutamente desdibujado en los medios de comunicación.



Hay una conversación crucial entre Madí y Pujol en los días posteriores a la designación de Mas como candidato. El entonces presidente felicitó a Madí por su victoria, pero conociendo al joven y a su abuelo le quiso advertir de algo para él muy serio: «Yo he confiado en ti -le dijo-, pero tú tienes que prometerme que jamás le harás cruzar a Mas la línea roja de la independencia». Madí le respondió que la independencia era su único objetivo y que no descansaría hasta conseguirla. La confesión de Pujol, quince años después, tiene mucho que ver con aquella conversación: el presidente gozaba de la protección del Estado para que su familia pudiera hacer toda clase de negocios, a cambio de mantener el separatismo bajo mínimos. Lo que con Madí se le fue de las manos tuvo Pujol que pagarlo el año pasado, y para salvar a sus hijos de la cárcel confesó algo impreciso y puede que falso para dinamitar el proceso soberanista. Consiguió las dos cosas: el independentismo quedó tocado y sus hijos están empezando a ser desimputados.

Madí continuó esforzándose para que Mas encarnara un liderazgo cercano y moderno. Pero las izquierdas se unieron para crear el primer tripartito. A partir de aquel momento la estrategia de Madí fue ridiculizar al PSC por quinquis e ineptos, y acusar a ERC de traidora por entregar la Generalitat a un partido «español». Convergència endureció su discurso soberanista y forzó a Maragall a aprobar en el Parlament un Estatut de máximos. Mas se apuntaba el tanto, Maragall entraba en contradicción con el PSOE y Esquerra quedaba descolocada.



Mas se fue a escondidas a La Moncloa. Zapatero y él acordaron rebajar el texto para que el PSOE pudiera asumirlo y que el PSC no presentara a Maragall, favoreciendo la investidura de Mas si CiU ganaba las elecciones. Laminó el Estatut mucho más que el Tribunal Constitucional, pero Zapatero faltó a su promesa, y en noviembre de 2006, pese a que Mas ganó a Montilla (48 a 37), el tripartito se reeditó. Tras esta inesperada derrota, Madí estableció la estrategia que culminará el próximo 27 de septiembre. 

Cataluña era un país demasiado pequeño para que el catalanismo político estuviera dividido y enfrentado, y para unirlo se inventó el concepto de «derecho a decidir» -que como todo el mundo sabe (Madí el primero) no existe- y la herramienta, al principio muy parodiada, de la «gran casa del catalanismo», para poder hacer política en favor de la independencia de Cataluña más allá de las limitaciones de los partidos.



Mas ganó en 2010 con 62 diputados y pudo, por fin, ser presidente. Madí dejó la política, con el objetivo cumplido de haber puesto a su hombre en la Generalitat, y dejando una hoja de ruta precisa: dedicar los dos primeros años a tomar las medidas necesarias para salir de la crisis y los dos siguientes a reclamar un pacto fiscal para Cataluña, con la convicción de que el Estado lo negaría, para llegar a 2014 y presentarse a las elecciones con la promesa de un referendo sobre las condiciones económicas que Cataluña necesita y empezar así a forzar las costuras de España.


El hombre sin empatía se precipitó y confundió la manifestación de la Diada de 2012 con «la voluntad de un pueblo», y en contra del consejo de Madí, con quien hablaba regularmente, adelantó las elecciones pensando que alcanzaría la mayoría absoluta (68) y que después le desmintió una dura realidad que le dejó con 50.

El muñeco y el demiurgo


Un Mas acorralado y sin opciones, y con un Quico Homs superado en su limitación eminente, volvió a recurrir a Madí, cada vez más indignado al ver cómo su partitura tenía unos intérpretes tan mediocres. Madí fue veloz y expeditivo. Puso a su amigo Jordi Sánchez al frente de la ANC- saltándoselo todo, hasta la democracia- y hostigó a ERC y Junqueras de tal modo que los republicanos acabaron sucumbiendo y Madí le consiguió a su hombre la tan deseada candidatura (Junts pel Sí), para que Convergència pueda refundarse basandose en la causa independentista y se libre de ser castigada por la corrupción.

Madí y Sostres, ambos igual de independentistas...


Mas ha tenido que aceptar la humillación de no encabezar la lista, y si Junts pel Sí no obtiene un buen resultado, las izquierdas están preparadas para unirse y dejarle a un lado. Son riesgos que ni David Madí puede controlar, en un país cada vez más inconsistente y del que cada vez es más fácil burlarse con falsas promesas de todo tipo.


Salvador Sostres



Mesa de Radacción de AptsFelguerinos

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