domingo, 11 de octubre de 2015

Irish territory


Renunciar a tus orígenes por el bien común, o aferrarte a ellos y aprovecharte de lo que pueden ofrecerte.
Y lo veremos a través de los ojos de los tres personajes principales que han crecido en el mismo barrio, al sur de Boston. John Conolly, agente del FBI; Bill Bulger, político muy bien posicionado; y Jimmy “Whitey” Bulger, hermano del anterior y, como reza el subtítulo italiano del filme, “el último gangster”. La película no tiene sentido si no se comparan las tres vidas, así que es más que necesario que nos olvidemos de que Depp es el protagonista. De hecho, la verdad… no lo es. Y mucho mejor. Porque la historia que más interesa, en cualquier caso, es la del agente del FBI, Conolly, interpretado por Joel Edgerton.
Scott Cooper firma un drama basado en hechos reales en el que se deja de lado el subgénero de cine de gangsters para acercarse más al de corte policial. Al fin y al cabo, la finalidad del guión es demostrar cómo se acabó destapando que Jimmy Bulger era un criminal, más que los hechos que demuestran que lo era, en sí.

Cine divergente



No sé cuantos gángsters o policías infiltrados en la Mafia ha interpretado Johnny Depp. Algunos menos que Pacino y De Niro, pero está claro que a su carrera le va esa turbulenta marcha. En Black mass le afeitan parte de la cabeza, le meten implantes y lentillas, le hacen cosas muy extrañas para que encarne al brutal y psicópata boss de la mafia irlandesa de Boston. También es pragmático ya que informa al FBI de las movidas de sus colegas italianos a cambio de que le dejen practicar libremente su salvaje negocio. Y en esos intercambios tan alucinantes también interviene la política. Todo ello en nombre de lealtades familiares y amistosas. Y al gángster, que también es un patriota irlandés, le queda tiempo para surtir de armamento a su amado IRA. El director Scott Cooper otorga fluidez y crueldad a esta historia que escandalosamente ocurrió. Y arropa a Depp con un ejército de secundarios de lujo. Me interesan más que la actuación de Depp. Black mass no marcará ningún hito en el cine negro, pero se deja ver.

Carlos Boyero








No estaba claro quién trabajaba para quién. Si Bulger lo hacía para el FBI o si Connolly lo hacía para la mafia bostoniana. Amontonaron cadáveres y cocaína. Ejecutaron a las bandas rivales. Y obtuvieron incluso una insólita protección política, precisamente porque el hermano de Withey Bulger, Billy, medraba como el congresista más reputado de Massachusetts. Una contrafigura perfecta del mal. Un dioscuro noble.

Era el mayor escándalo en la historia de la agencia federal. Proliferaron las tentativas de encubrirla incluso institucionalmente, la mediación del Departamento de Justicia y la cooperación de la DEA neutralizaron la sofisticada y perfecta tramoya criminal.

Perfecta porque Connolly encubría a Bulger a cambio de colocarle en suerte las vacas sagradas de la mafia italiana. Un acuerdo beneficioso para ambos que recreaba su pacto de sangre infantil en los suburbios de Boston y que terminó descontrolándose por haberse exagerado hasta el disparate la confianza en la inmunidad.

Bulger la tenía garantizada entre los suyos porque había expiado de joven nueve años en Alcatraz. No existía mejor ni mayor criterio de reputación entre sus hermanos irlandeses. Ni había otra alternativa de prosperidad en el barrio que empuñar un bate o agarrar una metralleta.

O el béisbol o la mafia, una disyuntiva que Bulger derivó a su ejército de matones por su carisma de bandido bueno y por su casi mística inviolabilidad. Escondía la trampa a sus pistoleros. Y se la ocultaba a la justicia con la tutela del FBI, comprometiendo los cimientos del Estado.

Rubén Amón








Johnny Depp. Frío, calculador y bastante amenazante como Whitey, pero aun así no es el protagonista. Ese honor se lo lleva Joel Edgerton como John Connolly. La manera en que este personaje se desarrolla y sus complejidades son excelentes. De principiante con hambre de crecer que idolatra a Bulger llega a convertirse en el otro lado de la moneda. Mientras uno tenía que cometer sus crímenes en la “oscuridad” y manejaba sus asuntos con frialdad, John era un perro guardián que cometía sus crímenes a la luz del día y abusando del sistema. Un zorro con las palabras que podía venderle hielo a un esquimal mientras que Bulger solo mediaba palabras justo antes de pegarte un tiro. 

Aimee




la presencia de Benedict Cumberbatch se valora, otra vez, como de gran interés.

el multicine








Mesa de redacción de AptsFelguerinos

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