sábado, 21 de noviembre de 2015

Repúblico Hispano: Desde el punto de fuga: de Ambrosio Espínola a Julio Rodríguez



En su última conferencia impartida en Oviedo, Gustavo Bueno proponía un recurso brillantísimo de análisis histórico. Decía GB que para analizar los problemas políticos del presente, lo mejor sería retrotraernos temporalmente, tomar distancia, tratar de esclarecer dichos problemas y replantearlos, sacándolos de la polvareda ideológica de la rabiosa actualidad en la que están envueltos, mediante un juego: una inversión histórica; situarnos en el barroco y reconstruir las figuras políticas actuales desde le punto de vista de las de aquella época. Hacer una proyección de aquel tiempo sobre éste para observar los problemas actuales bajo una nueva luz.


¿Por qué el barroco? Pues porque dicho periodo histórico sería el germen del mundo político en el que hoy vivimos. Las figuras histórico-políticas actuales estarían en su fase germinal en dicho siglo. En cierto modo sería como regresar a la época cigótica o de mórula del período de gestación -cuando aún está en el vientre materno- de un individuo hoy plenamente desarrollado. Nuestras naciones políticas y nuestros mundos entornos histórico-culturales fueron gestados en la placenta de las diferentes plataformas imperiales que entrechocaban en el siglo XVII: Imperio español generador, del que surgirían 19 repúblicas y una monarquía parlamentaria; Imperio inglés depredador, que produciría dos globalizaciones comercialistas, una británica y otra useña; la Francia mercantilista y centralista de Richelieu que, por medio de la Gran Revolución de 1789, instauraría el modelo de la Nación política moderno, nuestra figura política actual por antonomasia; la Germania dividida en pequeños estados protestantes, que pariría el idealismo del volkgeist germánico cuyo cenit sería el Imperio depredador racista nazi; el Imperio ruso a caballo entre Europa y Asia, incapaz de alcanzar el nivel científico técnico para sobreponerse al resto de las naciones europeas con las que estaba en competición, tendrá que transformarse, al igual que Francia, por medio de otra Gran Revolución, en este caso la comunista de 1917, pariendo el Imperio generador de la URSS; los estados de la Hansa del mar del norte europeo, fraguarían las piezas necesarias para articular con Francia, Alemania, Reino Unido, todo bajo la supervisión de USA, la actual UE de cuño protestante-capitalista.



¿Un general español?



Siguiendo esas coordenadas que propone GB trataré, más que presentar, representar -dentro de mis menguadas posibilidades- una polémica surgida en los últimos días en las redes sociales. Polémica que mantuve con el “(¿)filósofo(?)” Jose Manuel Rodríguez Pardo, miembro de la Escuela de Oviedo y discípulo de GB dentro de la corriente de nódulo materialista (al menos hasta hace poco tiempo, aunque puede ser que se haya alejado de esta asociación), en tuiter. El motivo inicial del choque se produce a cuenta del reciente fichaje del partido político Podemos del que fuera JEMAD del ejército español en el zapaterismo, general Julio Rodríguez. El general Rodríguez hizo unas declaraciones tras su fichaje por Podemos, en las que veía con agrado la convocatoria de una referéndum como solución a la amenaza de secesión de Cataluña, situándose así en la misma corriente de opinión que su nuevo partido. Unos días después de que saltase la noticia de la incorporación del general Rodríguez a Podemos, aparecían en el diario El Mundo informaciones de que era un general que en la embajada de los USA estaba catalogado como pro norteamericano.



Las informaciones que publica El Mundo sobre el agrado que el general Rodríguez producía en la embajada USA son la chispa que prende la hierba seca de la polémica, que hacía tiempo esperaba el ascua que la hiciese arder. Ya que esta controversia tiene como fondo, que es lo que la incendia verdaderamente, un texto de Rodríguez Pardo contra el que se construye este post. Publicaba Rodríguez Pardo en su blog La lengua del imperio una entrada que lleva por título: La hispanidad revive en Estados Unidos. El texto arremete contra las naciones políticas hispanoamericanas formadas tras el derrumbe del Monarquía Hispánicaa pesar de reconocer que en el programa de la propia Monarquía se contemplaba su final desembocando en el autogobierno de esas naciones, porque la actual ideología indigenista de estas repúblicas, habría corrompido el proyecto generador de la Monarquía Hispánica. Así que, dando un salto de vértigo, desconectaría (sí, del mismo modo que los secesionistas quieren desconectar a Cataluña del resto de España) a esta repúblicas de su tradición histórica, que no es otra que dicho Imperio católico generador, dándolas por perdidas para cualquier reconstrucción política de la hispanidad en un futuro. 



Y todo esto reconociendo el propio Pardo que el mal del indigenismo es un mal gestado, confeccionado con mimbres del propio ecumenismo católico, dentro de las entrañas del propio Imperio. Paradójicamente el pecado de estas repúblicas tiene su raíz tan en el Imperio que las deja fuera del mismo. Pero habría una esperanza, siempre hay una esperanza. Pardo plantea como salvación de la hispanidad el imperio realmente existente: los USA. Razona el filósofo (seamos buenos) que como USA se está llenando de hispanos, en poco tiempo acabarán transformando al Imperio useño en motor  de la hispanidad. Así de fácil. Por lo visto, estos hispanos que llegan al Imperio useño procedentes de las corruptas repúblicas indigenistas, no están infectados por el mal; no reniegan de la tradición hispánica, no pretenden transformase en useños. Es más, serán la salvación del mundo hispánico: la gran esperanza.




En un rasgo típico de como el nodulerismo interpreta el filomat, Rodríguez Pardo proyectaría las figuras políticas de hoy en día hacia el pasado (es la misma estrategia de análisis que podemos ver en los artículos históricos de Libertad Digital, en los que se justifica desde el presente cualquier rapacidad anglo del pasado). Justo al contrario del método que nos proponía arriba GB. Pardo interpreta la realidad como si en un cuadro en el que se ha utilizado la técnica del punto de fuga, éste quedase definido por las figuras que están en primer plano, que lo está, pero desconectando las figuras del primer plano del fondo, como si dichas figuras no fuesen conformadas también a su vez por el punto de fondo. Es así que, siguiendo la interpretación de Pardo, como en la República de Venezuela  triunfa el bolivarianismo, el régimen político venezolano de este momento histórico condenaría a la figura política de la capitanía general de Venezuela,  forma política de la que surge la República  de Venezuela. Y, por tanto, también condena, a pesar de que no lo diga explícitamente, a la Monarquía Hispánica; a la que que concede buenas intenciones, pero que  al hacer esta proyección retrospectiva de las figuras políticas del presente, sería un Imperio completamente confundido y fracasado.




Esta forma chusca de entender el análisis de las figuras histórico-políticas de Pardo, es aún más grosera cuando analiza una institución política menor del presente: el partido político español Podemos. Un partido de la izquierda indefinida universitaria española que, aparentemente, sufre la misma degeneración que sufre la indigenismo bolivariano y se entronca con él. Todo quedaría claro, el objetivo del partido Podemos sería la disolución de España  en la línea de derecha indigenista de odio a toda el pasado generador de la Monarquía Hispánica. Según Pardo el bolivarianismo y el podemismo serían culpables por desviarse y salir de la órbita generadora del Imperio useño, verdadero heredero del proyecto de la Monarquía Hispánica. Sí, dice esto, por muy increíble que le parezca amigo lector.

Al servicio de sus respectivos imperios, Rodríguez y Espínola



Pardo interpreta la figura del general Rodríguez desde el punto de vista chato, plano, de periodismo panfletario en línea Libertad Digital, tomando las figuras representadas en primer término como caricaturas. Desde este punto de vista el general Rodríguez es un general español que se ha unido a un partido como Podemos, que al estar financiado por Venezuela, es antiespañol y enemigo de los "buenos", el Imperio useño. No hay más, eso es todo. Pero cuando le hago notar que la realidad está llena de aristas, que tanto Podemos como el general Rodríguez se muestran partidarios de la OTAN y de USA, que no está ni mucho menos clara esa interpretación de "buenos" y "malos". Me despacha con cajas destempladas al tiempo que me acusa de sofista.



Como dije arriba, ya que Pardo no sigue la enseñanza de quien dice ser discípulo. Seré yo el que aplique el método del maestro, precisamente para ir en contra del discípulo. Interpretaré la figura del general Rodríguez como si pudiese entrar en el cuadro y, en lugar de situarme en el mismo plano y replicar lo que Pardo observa desde el primer término; me situaré al fondo, donde está el punto de fuga, y mi interpretación desde dicha perspectiva será completamente distinta.



Habíamos acordado fijar la profundidad del punto de fuga, en términos históricos, como la distancia que va del barroco a la actualidad. Tenemos en primer término la figura del general Rodríguez: alto mando militar del Reino de España. El análisis de Pardo se para ahí, ni si quiera toma en cuenta el hecho fundamental de que, además de ser general del ejército español, Julio Rodríguez también fue un alto mando de la OTAN. No se contempla que la OTAN es producto de la alianza Estados occidentales motivada por la dialéctica de la Guerra Fría y el enemigo comunista del otro lado del Gran Muro. Alianza que recordaría a otra alianza armada organizada por la política imperialista de otra democracia, la democracia esclavista ateniense. Atenas y su Liga de Delos en un comienzo sirvieron como muro defensivo de las ciudades del Egeo frente a los persas pero, cuando ya no había enemigo persa, acabó siendo una institución de control y dominio Imperialista depredador de Atenas de esas ciudades, transformadas casi sin enterarse en colonias.



Pero no nos vayamos tan lejos, teníamos un marco temporal bien fijado. Julio Rodríguez, general español, llega a un determinado grado militar dentro del ejército nacional que desborda al integrarse en la OTAN. Figuras de este tipo las podemos encontrar en la Italia dividida del siglo XVII. Los nobles italianos, jefes de las ciudades-estado italianas, que desbordarán su ámbito para servir a los ejércitos de las grandes potencias de la época que protegían sus pequeños estados. Rescataré de la historia del arte español, concretamente de la pintura de Velázquez, a un figura que se sitúa en el centro del famoso cuadro de La rendición de Breda o Las lanzas. Pondré en paralelo a la figura general hispano de origen genovés, Ambrosio Espínola, con el gallego y general anglo-atlantista, Julio Rodríguez.



Ambrosio de Espínola, según la wikipedia, fuente de conocimiento impuesta por el Imperio useño que en absoluto vamos a contradecir (en cada tiempo las fuentes de verdad van ligadas a los poderes reales: hace 70 años la Enciclopedia Británica, hoy la Wikipedia) era un general genovés, jefe de la República de Génova, que servía a la Monarquía Hispánica. Caballero de Santiago y condecorado con el Toisón de Oro, Espínola desbordó su condición de genovés para servir a la causa de la Monarquía Hispaínca y reconocerse como un verdadero “católico de la contrarreforma” frente a los católicos de Francia (siempre sospechosos), al protestantismo, el anglosajonismo y el islam. Es decir, en Espínola tenemos a un verdadero “hispano” perfectamente integrado en el Imperio barroco-católico.



El Imperio barroco-católico, la Monarquía Hispánica, es un imperio que dentro de las coordenadas del filomat sería clasificado como Imperio generador. Un imperio generador es aquel que observa la de la intervención de una sociedad en otras sociedades políticas (en el límite: en todas, en cuanto imperio universal) con objeto de «ponerse a su servicio» en el terreno político, es decir, orientándose a «elevar» a las sociedades consideradas más primarias políticamente (incluso subdesarrolladas o en fase preestatal) a la condición de estados adultos, soberanos. La norma del Estado, por tanto, es generar Estados nuevos. Y la dialéctica de esta norma es que ella, o bien habrá de cesar al cumplirse su objetivo (transformándose en una norma de tipo II) o bien habrá de cesar si se llega a la constitución de un estado universal único, a la creación de la clase de un solo elemento, que podría simbolizarse en la Ciudad o Estado universal (la Cosmópolis de los estoicos).”, según el diccionario de Pelayo Gª Sierra.



El Imperio estaba cumpliendo esa función en tierras americanas por medio del uso de la norma racionalizadora católica diseñada por los clérigos de la escolástica española . Estaba interviniendo sobre sociedades políticas primitivas que cometían actos de canibalismo y establecían castas entre los integrantes de estas sociedades, en las que unas depredaban a otras  (hasta el límite de la muerte, insistiomos). El Imperio barroco-católico vino a imponer una norma política, a construir ciudades en las que (literalmente) civilizar, elevar a esas gentes a un nuevo estadio que los condujese al autogobierno. Cuando estas gentes estuvieron en ese estadio, el Imperio desapareció.


La labor imperial también se extendía a Europa y Asia. La función en Europa era contener al imperialismo depredador que había surgido en Ingalterra y Holanda, combatir las contradicciones internas que generaba el propio Vaticano cuando se hacía demasiado ncapié en ciertos elementos de la doctrina católica que rayaban lo irracional. En Asia la Monarquía Hispánica planeaba un expansión de la norma católica-racioanlizadora en la que consistía su programa y por la que el imperio exitía, de ahí que hoy haya católicos en Filipinas y diversos puntos del Pacífico. Al general Espínola le había tocado luchar en el frente Europeo, allí participo en múltiples batallas y, siempre teniendo en cuenta que bajo toda norma de justicia- racionalizadora se cometen actos de rapacidad e injusticia (de ese mimbre está confeccionada el alma humana, y sólo podemos intentar mejorarla siempre todo lo que podamos), ajustándose a los postulados del Imperio al que servía en lo posible.



En el caso del general Julio Rodríguez, muchos siglos después, podemos decir que está en la misma línea que Espínola: sirve a un Imperio que desborda su terruño local. Si la Monarquía Hispánica a la que sirvió Espínola era un Imperio generador que pretendía la elevación de gentes por medio de la norma católica-racionalizadora; el Imperio Useño, que es a quien sirve el general Rodríguez por medio de su participación en la OTAN, es justo lo contrario: un imperio depredador. Así define Imperio depredador el diccionario de Pelayo Gª Sierra: "imperialismo depredador propone a la sociedad de referencia X como modelo soberano al que habrán de plegarse las demás sociedades políticas y, en el límite, tenderá a anexionarlas bajo su tutela. Es la norma del colonialismo. Las demás sociedades políticas sólo existirán, para la de referencia, a título de colonias, susceptibles de ser explotadas. La norma es poner a las demás sociedades al servicio de la sociedad imperialista."



Para enfrentarse a la norma civilizadora del Imperio generador de la URRS, el comunismo, el Imperio depredador useño puso en marcha la ideología del “capitalismo popular”; norma por la que el ciudadano de los estados nación quedaban reducido a ser simples consumidores del mercado USA, gestionado por su multinacionales.


Si el Imperio barroco-católico  recubrió las tierras que iba conquistando con ciudades que elevaban las gentes que vivían en mundos tribales a condición de ciudadanos en vías de autogobierno; la acción de los Usa es justo la contraria: reducir a los ciudadanos de los Estados nación que surgieron tras la Gran Revolución a plegarse y ser dependientes de las multinacionales useñas. Para ello USA ha recubierto el mundo de centros comerciales. Cada ciudad del mundo bajo el imperium useño tiene en sus afueras un centro comercial, centro comercial que acababa con las relaciones comerciales propias de la ciudad y el Estado-nación dominado.



El centro comercial juega el mismo papel que los enclaves coloniales del pasado desde los que se extraían las materias primas. Los centros comerciales son sumideros, imanes de consumo, a los que acuden a hiperconsumir productos los habitantes de las ciudades y territorios circundantes de la gran superficie. Son las plataformas en las que operan las marcas de las multinacionales y donde se da el proceso de abducción de todo tipo de relación -incluso las no comerciales, como bien explicaba Juan Bautista Fuentes Ortega en su conferencia sobre Chesterton del 2007- económica autóctona, esquilmando esas ciudades y territorios, poniendo a los habitantes, como la definición de Imperio depredador dice más arriba, a su servicio y obligándolos a plegarse a las directrices del Imperio Usa.



La política imperial depredadora no se parará en barras con tal de lograr sus objetivos de dominación y captación de consumidores. No dudará en destruir cualquier forma de vida o estructura política que permita el gobierno racionalizado y soberano de los ciudadanos o territorios que se desea dominar. Incluso alentando ideologías caóticas y distorsionadoras, como las del islamismo más enloquecido de estirpe wahabita, en Repúblicas que, a pesar de su origen islámico, habían seguido en lo posible la pauta racionalizadora de la URRS, adoptando una forma laica medianamente razonable, incluso con el inconveniente de que formalmente fuesen una dictadura (estamos viendo los efectos de esas democratizaciones).



Esta política predadora tiene dos ejes: una primera con guerras desplegadas todo este comienzo de siglo por parte del Imperio depredador Useño en oriente medio en la dirección indicada arriba: atacar a los países con formas más o menos laicas y promover las ideologías más brutales e irracionales. Y otra que consiste en colonizar los Estados nación de Europa occidental desplegando sus centros comerciales a modo de feitorias coloniales, en las que se reduce a los ciudadanos de esas naciones a la condición de cerdos hiperconsumistas, destruyendo los tejidos industriales de esos países y comercializando cualquiera de sus tradiciones nacionales hasta desnaturalizarlas, al mismo tiempo que promueve el traslado de la producción a países del tercer mundo con condiciones laborales de los albores del capitalismo más primario.



Es fácil comprobar que la norma de la política imperial useña entronca con la norma de la política del Imperio depredador inglés. Si el último utilizaba a los países a los que colonizaba para extraer materias primas con total desprecio por las poblaciones, a las que abandonaban al indirect rule que siempre las había gobernado; aquellas poblaciones no mejoraban en nada, eran explotados dos veces: por sus viejos gobiernos arcaicos y por la modernidad industrial de la City londinense. Dentro de la propia sociedad británica, el Imperio depredará a sus trabajadores promoviendo unas condiciones de trabajo brutales, que afectaban a niños y mujeres, sin plantearse siquiera lo que se planteará la Monarquía Hispánica con los indígenas que trabajaban en las minas: unas precarias -pero existentes- medidas laborales de mínima protección. Los USA harán algo parecido como herederos de esa norma, replicarán las condiciones laborales del siglo XIX inglés extrayendo las materias primas de otros, previa destrucción de cualquier germen de Estado que pueda impedir esa depredación.


Éste es el Imperio al que Rodríguez Pardo llama generador y en el que sirve el general Rodríguez. El general Rodríguez participó en la guerra de Libia, colaborando en la destrucción de las estructuras estatales de dicho país, destrucción que generaría el caldo de cultivo en el que aparecerían el tipo de islamistas radicales que actuarían hace unos días en París. Una vez que el general se ha retirado del ámbito militar, continúan sus servicios al Imperio: ahora desde el político, militando en un partido (monitorizado desde los Usa: el viaje de Pablo Iglesias al otro lado del atlántico, en el que las terminales mediáticas de la new left useña les dieron unas directrices que se notaron a la legua en su discurso al vuelta, completamente cambiado) que promueve un proceso de secesión frío, profundizando aún más si cabe el proceso descentralización de España diseñado por USA y Alemania en 1978, que al tiempo que no ponga en peligro los objetivos geoestratégicos delos USA, diluya las instituciones nacionales lo máximo posible para facilitar la depredación comercial del país.


Si Ambrosio Espínola luchó por mantener la norma e instituciones políticas de un Imperio que elevaba a grupos de población del mundo perdidas en el tribalismo. El general Rodríguez, siguiendo la proyección desde el punto de fuga que trazamos con la figura de Espínola, también es leal a la norma y estructura de un Imperio que desborda la tierra en la que nació. Pero es leal, al contrario de lo que Rodríguez Pardo interpreta, a un Imperio de estirpe depredadora que trata de someter y plegar a los territorios de en los que nació el general a un sociedad extraña, la que encabeza dicho Imperio depredador.

Conclusiones



Lo preocupante para los que creemos que España debe tener un gobierno soberano, es que el colaboracionismo con el Imperio depredador desborda ámbitos como el del generalato- en el que está Julio Rodríguez-, el periodismo o la propia Corona, también instrumento del Imperio useño. Hay un amplio sector de la población, que se dice “liberal” y se reclama muy española -“entendiendo”la españolidad como una marca de un gran almacén-, dispuesta a colaborar con el Imperio que la depreda y la sume en el retraso. Gentes que votan al PP Y C´s, leen Libertad Digital, juegan al maniqueísmo de la derecha e izquierda, y han convertido en su bestia negra a un partido político que, supuestamente, es antisistema -un antisistematismo muy prosistemático-. Estos sectores entran en cólera cuando en sus televisores aparecen dirigentes de otras naciones que en sus acciones nada les perjudica (defienden su soberanía), a la vez que quedan silentes ante acciones depredadoras (recuerdo la maravilla del proyecto Adelson tan defendido por Esperanza Aguirre, nuestra Margaret Thatcher cañí) que dañan a la Nación española, si son promovidas por el partido de la gaviota.




Y a esto hay que añadir lo que podemos llamar: el problema Rodríguez Pardo. Un hombre de mediana edad, que ha entrado en contacto con el método de pensamiento de una fecundidad portentosa, que tendría que suponer –insisto, un hombre que está en los límites temporales de la cuarentena- uno de los puntales del pensamiento crítico español, nos encontramos con un agente disolvente de todo lo que es el materialismo filosófico.



Acudir al Sanatorio Miñor de Oviedo, sito en la Avenida Galicia, con la intención de escuchar una ponencia de Rodríguez Pardo, supone entrar en una dimensión sólo parangonable a los productos televisivos de terror. Cuando uno se sienta escuchar a Pardo en los cómodos butacones azules del Sanatorio observa, a medida que los ¿razonamientos? del ponente van tomando la sala, que una mutación se va produciendo en el ambiente, es como si te fueses convirtiendo en un personaje de la segunda temporada de la serie American Horror Story (la que transcurre en un Sanatorio. Podríamos titular esta Filomat Horror Story). Allí sentado, uno vuelve la cabeza y, atónito, se estremece viendo como sus acompañantes tiene dibujada una extraña expresión en sus caras, miran sin mirar, como si fuesen enormes gatos de escayola.

¡El horror, el horror!
Leer los textos de Rodríguez Pardo siempre provocan el mismo gesto en el lector: el del coronel Kurtz en Apocalipsis Now, echándose las manos a la cabeza y susurrando: “¡el horror, el horror!”. Si a Pardo le parece que el indigenismo de Bolivia ha degenerado de la norma política de la Monarquía Hispánica; qué decir de la tercera oleada del filomat, la de los Felipe Giménez, Rodríguez Pardo, Joaquín Robles (salvo a Pedro Insua, que es harina y no un costal de tierra que nos hacen pasar por harina, que es lo que son los anteriormente citados), con respecto a su maestro y las primera oleada. Los miembros de nódulo creen que porque el Imperio useño haya triunfado, simplemente por ese hecho, ya es generdor: por lo tanto el Imperio Británico también lo sería, que ahí está aún la Comonwealth realmente existiendo y manteniendo su eutaxia.

Así quedó el auditorio tras una conferencia de Rodríguez Pardo



Los noduleros son auténticos trolls del filomat. Cuando leen los texos de GB, siguiendo el esquema clásico de que los ojos son el espejo del cerebro, que en el humor vítreo se reflejan los apariencia mundanas que el cerebro analizará, nos encontramos con unas interpretaciones tan degeneradas que no cabe duda de que en esas pupilas, si hay espejos, son los del callejón del gato de Valle, porque los esperpentos que producen sólo pueden responder a que las enseñanzas del filomat se deforman completamente en esos humores vítreos distorsionados.


Pero, como en todo, hay esperanza. Si para Pardo la salvación de la hispanidad está en la inverosímil posibilidad de que el Imperio usa sea el heredero de la Monarquía Hispánica, un grupo de jóvenes pensadores puede salvar al filomat en su dimensión política. Los Esquinas, Munientes, Valderas, etc., mantienen que en España se puede constituir una nueva norma política racionalista que defienda los Estados-nación iberoamericanos. Una norma política que sirva apara enhebrar las diferentes naciones, como las perlas de un collar en un hilo de oro; que sirva para fortificar las instituciones iberoamericanas, interviniendo y  corrigiendo si hay ideas delirantes al frente de esas instituciones, pero nunca atacándolas, despreciándolas o debilitándolas como hace Pardo, aliado con el enemigo depredador (Pardo, en el fondo, suspira pos ser anglosajón -sí, este es un ataque sicologista que me permito porque me da la gana-). Lo que nos pide esta nueva generación de iberoamericanistas, es luchar por fortificar cualquier estructura estatal iberoamericana que nos permita constituir una unión que alce al mundo la nueva voz unificada de Iberoamérica para que resuene con fuerza en este siglo XXI. Esas ideas las he ido recogido en este texto como un simple notario, probablemente no estén ajustadas ni expresadas con la suficiente agudeza y finura. Se las he ido robando y apropiándomelas, porque alguien tenía que escribirlas ya que ellos están en otras cosas.

Tengamos esperanza en estos jóvenes pensadores que pueden evitar que todo el materialismo filosófico se vaya por el sumidero por el que lo quieren echar los Pardo y compañía.


F.

1 comentario:

  1. Muy buen artículo fdez, a ver si nos obsequias con más como éste.

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