viernes, 27 de noviembre de 2015

MasqApts:Show electoral


El debate es la estrella. Está uno sentado aquí, en el pueblo de provincias, ante un televisor que bombardea por tierra mar y aire sobre la imperiosa necesidad de los debates políticos. En el tuiter, en el feisbuk, en youtube. La clase periodística que tan bien describía GB en un artículo de El Catoblepas, una y otra vez insiste en lo imprescindibles que son los debates para la salud democrática de la Nación. Una democracia de calidad se fundamenta en el debate, dice nuestra casta periodística (son los mismos apellidos repetidos desde hace 40 años). Y los nuevos partidos, la nueva política, se va plegando a las viejas consignas periodísticas. 
A mí como ciudadano me importa un m... unos debates en los que se repiten una y otra vez clichés que ya me sé de memoria. Ver a políticos lanzándose gráficas, datos descontextualizados, y jugando a darse zascas (nuevo término acuñado por la clase periodística -les encanta lo del zasca-), no aporta nada al elector. Pero a los periodistas sí que les aporta. Y los periodistas no trabajan para el elector; sino para el consumidor televisivo, para el televidente. Ellos necesitan un espectáculo que, al tiempo que aumenta el raiting de audiencia de sus canales, los afirme en un mundo en el que van perdiendo cada día más importancia. 
Los nuevos medios de comunicación, blogs, webs, redes sociales, los van haciendo cada vez más prescindibles. Por eso necesitan montar un gran show electoral que los devuelva al primer plano. El debate como ideología periodística. No se dice nada, pero el objeto del debate es el debate mismo, todo su ceremonial de atriles y la elevación de los periodistas a un nuevo estadio de jueces de los políticos. Como dice Ana Pastor cuando entrevista a los políticos, se lo tendremos en cuenta: como si fuera la notaria suprema del Reino.


F.

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