lunes, 14 de noviembre de 2016

De Chinos y españoles vistos desde el siglo XVIII


Los diversos caracteres de las naciones son una mezcla de vicios y virtudes, de buenas y malas cualidades. Las mezclas acertadas son aquellas de las cuales resultan grandes beneficios, con frecuencia insospechados. De otras, resultan grandes males, también insospechados.
La buena fe de los españoles ha sido famosa en todos los tiempos. Justino nos habla de su fidelidad para guardar los depósitos: a veces, se han dejado matar por mantenerlos en secreto. La fidelidad que tenían antiguamente la conservan aún hoy. Todas las naciones que comercian en Cádiz confían su fortuna en los españoles y nunca se han arrepentido de ello. Pero esta cualidad admirable, unida a su pereza, forma una mezcla de la que resultan efectos perniciosos: y así, ante sus propios ojos, los pueblos de Europa hacen todo el comercio de su Monarquía.
El carácter de los chinos está constituido por otra mezcla que contrasta con el carácter de los españoles. Su vida precaria les da una actividad prodigiosa y un deseo de ganancia tan desmedido que ninguna nación comerciante puede fiarse de ellos. Esta infidelidad reconocida les ha conservado el comercio con el Japón; ningún negociante de Europa se ha atrevido a hacerlo en su nombre, por muchas facilidades que haya tenido para emprenderlo por sus provincias marítimas del norte.


 Montesquieu 

Mesa de redacción de AptsFelguerinos

jueves, 10 de noviembre de 2016

La hermosa pastorcilla...


Iskra Lawrence es una de nuestras favoritas en la redacción de AptsFelguerinos...


hemos encontrado estas flotos en plena foresta...

voluptuosa naturaleza...


no hemos podido evitar la fantasía pastoril. Una fantasía pastoril schubertiana, Iskra es nuestra Rosamunde,
 nuestra pastorcilla-princesa de los bosques que acabará siendo elevada al trono...


Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

martes, 8 de noviembre de 2016

Repúblico Hispano: El oboe de Boaventura


Mientras todos los vendidos de este país se burlaban de Ramón Espinar -en el fondo por no ser pobre-, examinando hasta la ultima gota de euros de su cuenta corriente, y la de su mentor  -como el Pisuerga pasa por Albacete, también la del ala monederil-, por el nefando pecado de ser candidato regional de Madrid del Podemos inicial y radical, al que intentan descabalgar del modo que sea los pedores mediáticos para imponer al mirlo rosa de Rita Maestre y demás subproductos emo-liberales más comprensivos con el Régimen (las féminas siempre como puerta de entrada del capitalismo, salvo sonadas excepciones), daba una charla en Barcelona  el gran Boaventura de Sousa Santos.

No estaba anunciado en ningún sitio. Yo me enteré porque me invitó una amable amiga. Acudí a la Iglesia jesuita del Sagrado Corazón, sita en la Calle Caspe,  a escuchar la conferencia y, como no podía ser de otro modo, me encontré que buena parte del público lo integraba personal del núcleo duro de la vieja IU en los 80´s, gente informada y de bien,  que salieron despedidos como tiros, junto con algunos jovencitos heterodoxos -como un servidor-, cuando se armó Iniciativa.


G8 de Génova

El ambiente activó los resortes proustianos de mi memoria. Se hicieron presentes los recuerdos de los años de manifestaciones antiglobalización que arrancaron con los movimientos de Seattle. Reconocí a muchos de los que dormíamos en aquel pabellón de Niza, haciendo  parada y fonda camino del G8 genovés, gente de Izquierda Anticapitalista, algunos Colaus..., allí fue donde tuvimos las primeras noticias   de  que pronto se iba a organizar el  Foro de Porto Alegre, lugar en el que se intentaría montar un movimiento «más potente». En aquel  fervorín antiglobalizador y anticapitalista, en el cenit de la juventud, grandes esperanzas y expectativas se abrían mientras me rodeaban  los 30.000 policías embutidos en sus armaduras que tomaban la ciudad, no sé si como escolta de los protagonistas de la Cumbre del G-8 o de los manifestantes que nos oponíamos. En medio del tráfago de sirenas, policías, y atractivas manifestantes antiglobalizadoras -supongo que también habría atractivos manifestantes, pero no me fijé-,  hacía cálculos tratando de encontrar alguna remota posibilidad de convertir en realidad la quimera de viajar a Brasil. Al final, como el resto de pijos universitarios que engrosábamos a los antiglobalizadores, nos estrellábamos con el pastón que costaban los vuelos. La clase media europea daba para lujos solidarios continentales, pero los transoceánicos eran harina de otro costal.

Foro de Porto Alegre

El foro de Porto Alegre -al que sólo podrían ir gentes de izquierdas de familia acomodada, tal vez Ramón Espinar- fue un cónclave fundador y generador de un nuevo modelo político. En Porto Alegre se gestó, en parte gracias a la pericia del jesuita Boaventura de Sousa Santos, la mutación del Movimiento antiglobalización, que tenía sus  orígenes en el anarquismo estadounidense del radical John Zerzan, en el gran movimiento socialista latinoamericano del siglo XXI.  El movimiento pasó de la  utopía, lo difuso y el escapismo abstractualista,  a tomar cuerpo en planes políticos orientados a un socialismo más concreto y definido en la América española y portuguesa de la mano de Hugo Chávez, Correa, Lula y como representante actual el Papa Francisco.

Boaventura de Sousa Santos

Boaventura fue decisivo para dar un nuevo color, una nueva armonía, al movimiento antiglobalización en el marco de las alianzas socialistas latinas. Ante una cuestión polémica, en lugar de eludirla o afrontarla en el lenguaje dominante demonizador, se inventa, poéticamente, un concepto propio, que redondea esa arista cortante con la que se pretende atacar a la  «sistema oficial» y que antes, normalmente, se volvía doble filo para acabar hiriendo a quien se enfrentaba a dicho «sistema oficial»  utilizando las  armas de los bienpensantes y serviles.

Boaventura reconduce el amasijo del anarquismo de inspiración roussioniana, recuperado por Zerzan, introduciendo el jesuitismo tomista, llenándolo de contenido, transformándolo hasta convertirlo en una corriente irreconocible. Es la táctica que desplegarían los jesuitas en su ataque contra el protestantismo, tomando la línea de los calvinistas, secta protestante menor, que promovía teorías antimonárquicas, ya que al ser la confesión protestante más débil e imponerse la doctrina del «cuius regio, eius religio», promovida por los príncipes protestantes que favorecían el luteranismo frente al catolicismo, acababan siendo perseguidos por los luteranos, igual que los católicos, acusados de profesar una confesión diferente a la del príncipe. Este conflicto entre luteranos y calvinistas sería el germen de la democracia americana. El jesuitismo bebería en las mismas fuentes que los calvinistas, pero con una intención muy diferente: reafirmar la Monarquía Hispánica, una monarquía compuesta y católica, una confederación de reinos, atacando las monarquías nacionales absolutistas y reformando los poderes del papado, para evitar escisiones como la de Lutero en lo venidero. Los jesuitas estarían en medio de la pelea, en el centro del turbillón histórico de unos siglos muy especiales en los que iría cristalizándose la modernidad. 

La Compañía de Jesús sería la gran protagonista de la Contrarreforma, defendiendo una norma racional política basada en el tomismo católico. Temidos por la inteligentsia protestante y por reyes como Jacobo I  de Inglaterra, partidario del cesaropapismo, que literalmente los aborrecía. El filósofo americano G.H.Sabine reconocerá el papel de los jesuitas en esos siglos con admiración en su «Historia de la teoría política» escribiendo lo siguiente: «La contrarreforma tuvo un éxito asombroso. No sólo detuvo de una vez para siempre el avance del protestantismo, sino que creó la esperanza -o el temor- de que la Iglesia Católica pudiera volver a conquistar las provincias perdidas. En esta resurrección militante no hubo ninguna fuerza de mayor importancia que el ideal de organización misionera de la Compañía de Jesús. Fundada en 1534 y obligados sus miembros por el juramento más estricto de obediencia y negación de sí mismos, la orden atrajo a su seno en el siglo XVI no sólo a hombres de capacidad administrativa, sino también a algunas de las cabezas más capaces de la Iglesia de Roma. Las escuelas y los eruditos jesuitas figuraban entre los mejores de Europa; el extraordinario temor con que los consideraban sus adversarios estaba justificado por su capacidad».


Ruinas de la reducción de Jesús de Tavarangué

Pero la norma política de la teología protestante, secularizada definitivamnete en el siglo XVIII bajo los ropajes de la Ilustración -germen del fascismo nacional, que apuntaría Gadamer-, caló en uno de los reinos de la península ibérica. El ilustrado  Marqués de Pombal, tomando una medida sin precedentes que pronto seguirían España y otras reinos católicos infectados por el virus ilustrado, expulsó a los jesuitas. La Compañía entró en conflicto con Portugal por un asunto americano, las reducciones guaraníes de la parte oriental del río Uruguay que España entregó a Portugal por la firma del Tratado de Madrid de 1750. El antecedente de la depredación de América latina, las famosas venas abiertas, no se daba entre una arcadia perdida indigenista y la civilización europea, sino entre dos normas europeas: el catolicismo tomista que defendía el jesuitismo, y el catolicismo jansenista, de moda francesa y gestado por Cornelio Jansenio, católico holandés, del que eran partidarios los ilustrados como atajo a la racionalidad política protestante y paso al nuevo cesaropapismo del «Estado moderno».

Si en una faja  del norte del continente americano, como setenta años después escribiría Tocqueville, se estaban poniendo en marcha las teoría calvinistas de representación, nacidas del conflicto con los luteranos; en el sur una revolución parecida se estaba produciendo bajo el amparo de los hábitos de la Compañía de Jesús. El jesuitismo y el ordenamiento jurídico de la Monarquía Hispánica, que protegían a los indígenas de la depredación y el esclavismo de los Imperios heriles europeos, eran el lecho en el que germinaba una sociedad nueva, un injerto del tomismo en tierra americana que promovía una sociedad cuya norma era una especie de «socialismo cristiano», en el que los indígenas eran elevados a una nueva condición de civilidad en centros poblacionales gestionados por ellos mismos. Todo acabó con la imposición de la «norma jansenista», que trajo la racionalidad protestante, la decadencia al sur de Europa y la miseria a la América portuguesa y española.

Aquel conflicto está bien representado en la película La Misión de 1986, protagonizada por Robert de Niro y Jeremy Irons. Uno de los momentos más brillantes de la película es la escena en la que el padre Gabriel - personaje principal protagonizado por Jeremy Irons- se enfrenta con un oboe a las fieras tribus guaraníes y, a medida que va tocando la melodía, el instrumento se va transformando en la más fabulosa arma revolucionaria. Boaventura escribe en su texto «Nuestra América» una nota a pie de página: «También habría mucho que aprender de otra tradición olvidada o marginalizada, una reflexión filosófica realizada en la primera modernidad occidental -siglos XVI y XVII-, la modernidad ibérica, en especial la reflexión filosófica de los conimbricenses, los jesuitas - pero también los dominicos- que enseñaron filosofía en el Colegio de las Artes de la Universidad de Coimbra a partir de 1555».

En esa iglesia de los jesuitas de Barcelona, como si Boaventura tocase el oboe revolucionario, volvió a resurgir la tradición olvidada, la del padre Gabriel, la de la norma política tomista de las reducciones del oriente del río Uruguay, que contraponiéndose a la norma racionalista que procede de la secularización protestante de los ilustrados escoceses como Adam Smith, David Ricardo, la norma de la democracia de los calvinistas del norte del continente, no considera al otro como una fuente de riqueza, como un recurso económico explotable, que, como dejase escrito Cervantes en el Quijote, el otro es un ser con el que uno siempre debe mantener relaciones de generosidad, unas veces, y de firmeza, otras, pero siempre envueltas de compadecimiento, de capacidad de entendimiento del prójimo. Esa fue la batalla que perdieron los jesuitas frente a los ilustrados jansenistas. Aunque no del todo, porque ese poso sigue ahí siglos después y se reaviva de tanto en tanto, como se reavivó en el Paraguay con la victoria del ex-obispo Fernando Lugo, y vuelve a renacer con la racionalidad tomista secularizada de Boaventura de Sousa Santos y su «epistemología del sur».

Cuando Boaventura empezó a tocar su oboe, yo cogí mi cuaderno y estas son algunas de las notas surgidas que tomé al vuelo:



"Pensábamos, hace solo unos años, que habíamos llegado al fin de los trabajadores sin derechos. Pensábamos, también, que el racismo había sido vencido. Sin embargo, no sólo ha sido vencido sino que , además, en Europa,se está mezclando, en un cóctel explosivo, junto con la islamofobia"

"Si Dios fuera un activista de los Derechos Humanos no distinguiría entre ley y naturaleza, no miraría con desprecio a los practicantes de la pachamama"

"Del siglo XVII al XIX, diez millones de esclavos fueron llevados de África a América. Solo en el 2015, dos millones cruzaron el Mediterráneo en balsas"
Universidad de Coimbra

"Yo soy católico como soy comunista, una vez que lo eres ya no puedes dejar de serlo"

"El hueco de la teología de la liberación no ha sido rellenado por ningún tipo de teologia clásica contrarreformista, de esas que reclaman los puristas sobre el papel, sino por los pentecostales y la teología de la prosperidad (Dios está de lado de los ricos). En las 23 comunidades más miserables de Brasil, en las últimas elecciones, eligieron a 23 millonarios como alcaldes"

"Yo soy de un país colonizador, Portugal, pero no me lamento por las independencias de sus colonias"

"Ningún vencido ha llegado nunca a la Universidad"

"Las agencias de rating son utópicas. Nos dicen que no hay alternativas. Y mientras cada día, de mi casa a la Universidad de Wisconsin, que vivo al lado, en el país más rico del mundo, me encuentro a quince durmiendo en la calle"

"Las sociedades europeas son sociedades fascistas. Hay una exclusión radical de la mayoría de la gente. Gente que en un solo día pasa a ser excluida para siempre de la sociedad. Desde un político combativo hasta a un africano que va por la calle y le piden la documentación y chao"



"Los Derechos Humanos han sido inventados únicamente para las exclusiones no abismales. El problema es que cada vez más, las exclusiones son abismales"

"Dios viviría en la línea abismal. Y su calvario sería vivir en los dos lados. Sería el único para el que existiría el otro lado de la línea abismal"

"Nuestros misioneros, españoles y portugueses, obviamente sabemos desde Vitoria, que cuando llegaron a América, tenían las tierras libres, era algo presuntamente coyuntural del momento. Y desde entonces, siguen siéndolo. Y de eso se aprovechan las grandes corporaciones, las cuales firman contratos con los gobiernos y los campesinos que están allí no cuentan. Son tratados como subhumanos, están al otro lado de la línea abismal"

"Los franceses y los ingleses no supieron qué hacer con las 10.000 personas de Calais. En una ciudad del Norte de Nigeria tienen 4.000.000 de refugiados; y la ciudad los aguanta, vive con ellos"

"A mí lo que más me molesta es ver a estos sirios que son ingenieros, sociólogos, médicos; y los ponen en campos de entrenamiento. ¡Cuánto conocimiento desperdiciado!"

"Tenemos el récord histórico de muros en el mundo para dividir a las personas; y el récord de fluidez para la circulación del capital"


"Europa es Alemania"

"Yo he visto a ministros colombianos hablar con representantes de pueblos colombianos. Y los del pueblo dicen:
 -Espere, tenemos que consultar con nuestros antepasados.
 Y el ministro:
 -¿Pero estáis locos? Venga pues consultad.
 -Señor ministro, lo sentimos pero solo podemos consultar con nuestros antepasados en la luna llena.
 Al día siguiente toda la prensa colombiana tituló: Los indígenas se niegan a hablar con el ministro de Medioambiente"

"Lo más preocupante es cuando la religión católica participa del capitalismo. Todo el mundo debería leer el libro de Breivik, el noruego que mató a 83 jóvenes socialistas noruegos: "2083". Es una oda de fundamentalismo cristiano al servicio del capitalismo"

"Dios, definitivamente, no estaría con los Derechos Humanos, sino con las Epistemologias del Sur; es la manera de frenar la desafección hacia la Iglesia Católica"

"Stalin deportaba a las comunidades, pero como imperio, era mucho más respetuoso que los estados-naciones, lo hacía por cuestiones de seguridad"

"En Argentina, los Kichnner no crearon transportes colectivos sino que dieron dinero a los pobres para que se compraran carros y luego pasó lo que pasó, que ganó Macri"

"Hay que fomentar un cambio de estilo de vida a un modelo más parsimonioso"

"¿Por qué mataron a Gadafi? Gadafi era el que regulaba el paso de África a Europa de los emigrantes. Pero era más necesario crear un avispero para controlar el petróleo. "

"El Papa Francisco es el político más de izquierdas del mundo"

"La pregunta sobre la ley de violencia de género es de las más delicadas. Hombres y mujeres son diferentes. Las mujeres quieren ser iguales a los hombres, el problema es que con este pensamiento podemos acabar con la familia, si nos saltamos las diferencias. La familia es el cuidado, el cuidado que nos protege del capitalismo. El cuidado entre la mujer y el hombre. La ley de violencia de género, con sus buenas intenciones, puede estar acabando con esta relación de cuidado y llevándola hacia una relación de desconfianza" 

Raúl Muniente 

lunes, 7 de noviembre de 2016

99 al rojo





Mesa de redacción de AptsFelguerinos

AptsBrigadoonianos


Brigadoon (1954) es un film musical de MGM realizado en CinemaScope y Agfacolor basado en la obra homónima de Broadway, escrita por Alan Jay Lerner y Frederick Loewe.Tommy Albright (Gene Kelly) y Jeff Douglas (Van Johnson) realizan un viaje a Escocia pero se pierden en medio del bosque. Allí encuentran Brigadoon, un pueblo mágico que aparece un día después de cien años. Tommy se enamora de la chica del pueblo, Fiona Campbell (Cyd Charisse), aunque su amor sea extremadamente difícil.

Wikipedia




Volvemos como el pueblo de Brigadoon, pero no sames por cuanto tiempo....















Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

sábado, 5 de noviembre de 2016

Repúblico Hispano: Nuestra Izquierda


La socialdemocracia es Europa, el Sur, nuestra izquierda, es Iberoamérica. Porque sobre la cuestión nacional no es Europa sino Iberoamérica a dónde hay que mirar, pues Francia montó un Estado cultural desde arriba "eliminando" los patois desde un Estado absoluto previo, Alemania de Estados regionales montó una cultura nacional para montar un Estado nacional cultural. La cuestión es que a nivel institucional la Monarquía Católica no podía pasar por ese jacobinismo, pues poseía amplias comunidades culturales, sintonizadas, pero no ecualizadas. Por eso se fraccionó, ni ha conseguido establecerse como Estado nación al modo francés, y es un delirio dividirla en Estados culturales al modo alemán. Nuestro ramaje institucional es una sobrecultura internacional, Estados nacionales intermedios y comunidades culturales intranacionales. El Estado nación está cuestionado, y principalmente en Francia porque está sobrepasados por otras comunidades herederas del Barroco, y el Alemán de la Europa de los pueblos llegó hasta donde llegó.

La pelea entre afrancesados jacobinos contra germanófilos heideggeraianos es un bucle, y desde nuestras coordenadas institucionales inviable. Otra cosa es querer borrar el Estado, la Nación política, la cosa no va de eso, sino de saber que con eso no es suficiente y de por qué no va a resolver los problemas, pues su posición es la de canalizar a las comunidades intranacionales, con sus culturas específicas (defendiéndolas) con la cultura internacional, universal que nos envuelve y nos posiciona en el Globo.

Héctor Ortega

lunes, 31 de octubre de 2016

Todos somos históricos


El líder de Podemos estaba diciendo que "a día de hoy, las dos instituciones a prueba de crisis son la Monarquía y el PNV, bien unidos por la cruz de Borgoña". Y añadió: "Se sonríe el señor Aitor Esteban, que sabe lo que significó la Cruz de Borgoña para los viejos gudaris vizcaínos. El señor [Albert] Rivera tal vez lo busca en Google". El líder de Ciudadanos dijo desde su asiento, en voz baja: "Qué capullo, vaya gilipollas".
Pablo Iglesias




Lo de la Diada, por ejemplo, es una cosa bochornosa, cómo te cuentan la historia de Casanova y demás. Pero los catalanes son la gente más ingenua que pueda haber. Los vascos son otra cosa y tienen el convenio por las guerras carlistas, y no se puede eliminar porque partimos siempre de la Historia, no partimos de cero como se creen los de Podemos.

GB



Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

Repúblico Hispano: Discurso a la Comunidad Iberoamericana

Mestizaje pintura

Dos lenguas mayoritarias y otras varias regionales. Más de veinte Estados y millones de personas en comunidades indias de variada distribución. Extensiones geográficas descomunales en longitud y latitud. Todos los climas posibles en desiertos, cordilleras nevadas o soleadas, selvas, llanuras, ríos y océanos. Hombres y mujeres de muchas razas, condiciones, mezclas y densidades. Culturas dominantes menores, mezcladas, aisladas y fragmentos de culturas. Tales y tantos rasgos explican que voces como «hispanoamérica», «iberoamérica», «latinoamérica», pueden ser tachadas de residuos mentales de colonialismo, inconsciente o no, pero no fantasmagórico, sino virtual. Nace así una polémica que nunca concluirá.

Es discusión desde perspectivas distintas, pero también en favor de intereses no siempre descubiertos en cuanto a su significación.

Es preciso salir fuera de esa malla tejida con millones de datos heterogéneos para convencerse de que la Comunidad Iberoamericana existe. De que precisamente sus contradicciones irreconciliables articulan un sistema y de que ese sistema posee un perfil que le delimita e individualiza como tal.


Por ejemplo, puede comenzar a percibirse como existente cuando se le advierte sistemáticamente mordida por la anglofonía, ya sea en el sur de los USA, en Panamá, en Cuba, en la Guayana, en Malvinas, si miramos de Norte a Sur; o desde Filipinas a Gibraltar si lo hacemos de Oeste a Este. Mordeduras que revelan dos cosas. Una, la corporeidad del ente que sufre, es decir, su existencia misma. Otra, que tales roeduras no son erosiones desconectadas entre sí, sino detalles locales, en éste o en el otro lugar, que se inspiran hacia un solo y armónico fin, el predominar sobre nuestra Comunidad. Y con sólo ese rasgo prueban que ella «és».

Español e india

Desde muchos ámbitos se grita para convencer al hombre y la mujer de nuestro mundo «No eres, no existes como iberoamericano». Y ese grito se remansa en alegatos: «no tienes unidad económica ni política. No estás en nada parecido a conjuntos como los países francófonos de África, Caribe, o Pacífico, ni como la Comunidad Económica Europea, ni el Commonwealth británico. No puedes decir que exista una Comunidad allí donde no se apoye en realidades institucionales. Siéntete, como mucho, ciudadano de tu país o mejor de tu comarca y encerrado en un círculo regional de cultura». Otras veces, con apariencia sesuda se le hace reflexionar, no ya que no hay en su ámbito de comunidad económica ni política, sino que le hace contemplar la película de sus factores internos de disgregación como pieza de convicción para que renuncie a creer en la racionalidad de sus posibilidades comunitarias. Estos gritos vienen desde los siglos. Tácito ya advertía que la primera batalla a dar en cualquier guerra es la de convicción. Si alguien consigue que Iberoamérica sea negada por los que podría sentirse iberoamericanos, habrá vencido para siempre, pues derrotado está todo ser humano a quién se le pastorea hacia una identidad, en lugar de permitir que le descubra desde dentro de sí.

Repárese luego, para no introducir un factor precipitado y subterráneo de resolución del problema, que no basta esgrimir argumentos de aglutinación (hispanidad, latinidad, tradición cultural, etc) frente a los de disolución, sino que es preciso decidir si los primeros han conseguido o no, frente a los segundos, concretar una cierta argamasa ensambladora en nuestras sociedades.
Debatir si Iberoamérica es o no es, en cuanto tal, obliga en riguroso comienzo a significar que no se trata de una discusión desinteresada. Se combate aquí, como siempre, por intereses de predominio, que entran en polémica con las necesidades de identidad.

Después de esa conciencia es necesario establecer, también con rigor (nada científico puede serlo sin rigor), que hay que distinguir entre los que disputan. Propongo como primera clasificación la obvia de los que son parte del interior de esa malla antes descrita, o son de fuera.

Nos encontramos en presencia de una discusión interesada en la que no todos los protagonistas son iguales, y se debate en escenario concreto, al menos en estas líneas donde se intenta reflexionar desde adentro.

Esa distinción me llevará a sugerir cuan cuidadosamente debe comportarse el analista frente a las visones «objetivas» del opinante desde afuera. De él habrá que decir siempre claramente las cosas.

Que tiene intereses y que los tales vienen de otra parte. Esto es, que sus intereses son ajenos a nosotros, a los que estamos dentro. No se trata de que él posea intereses y nosotros no, que bien lo aportamos. Se trata de recordar que siempre será en forma cierta, más que en «cierta forma», un extraño.


Chino India

Una segunda percepción se nos ofrece: la de encontrarnos en posesión de una larga historia de contradicciones. No hablo de la historia, como tantas veces se ha hecho, como del recurso al que aferrarse para el triunfalismo fácil la afirmación rápida. Más bien pienso que es una historia extremada en la contraposición de violencia y civismo, de cultura e ignorancia, de explotación y de amor, de pobreza y de riqueza, y todo ello se nos ofrece como el principal problema desde más allá de los tiempos de poder político directo español. Es muy fácil construir una historia de violentos desde Cajamarca hasta Maximiliano, y contraerla a una historia de serena bondad desde Sor Juana a Gabriela Mistral. O lo es , también enfatizar el dato de la fecha de las primeras Universidades y primeras imprentas puestas por el europeo más allá del Atlántico. O recalcar «sólo» las bolsas de analfabetismo que todavía nos asustan. No es tampoco particularmente difícil centrar cualquier interpretación en las desventuras de emigrantes e indios, o en los excesos de hacendados y casas solariegas. Cualquier exposición o lectura que se haga de Iberoamérica sobre uno sólo de esos ejes, y muchas veces se ha hecho, no va más allá de la ceguera y la falsificación, las cuales son además, repitámoslo, interesadas.

Más cierto es que esas tres contradicciones básicas: vieloncia-bondad, cultura-ignorancia, pobreza-explotación, que en todas partes existen, se enlaza continuamente aquí de peculiar modo, se condicionan y construyen un sistema de convivencia, pese a los que se detienen en la suposición de que ningún sistema puede ser edificado sobre contradicciones. Cabe pues que nos preguntemos: ¿Algo coherente e individualizable puede hacerse de esa urdimbre? Esa es la gran pregunta que en última instancia se hace cuando se nos interroga sobre si existe la Comunidad Iberoamericana.

Me atrevo a afirmar que, por extraño que a algunos les parezca, lo que poseemos es un modo de ser que alimenta y sostiene, como el agua a los peces, a estructuras, pueblos, masas, climas, economías, pensamientos y actitudes que encuentran ahí, en modo de ser, un espacio común que no les niega ni les difumina en cuanto diversos, sino, simplemente, les enlaza y articula.

Y ese modo de ser se corporiza esencialmente por una actividad vitalista. Quiero decir, que lo esencial de Iberoamérica es la percepción de la libertad y de los sentimientos del ser humano. Más allá de los estados, y más acá de las Naciones. Más allá de las empresas extractoras de riqueza y generadoras de un modo de producción concreto. Antes de luchar por un determinado modo de vivir, y porque se deje vivir en libertad el propio sentimiento de cada cual. No es acá el hombre sino para sí mismo. No confundido ni unificado, sí centrado en cada hombre individual cuya vida, es irrepetible y encierra un estar en el mundo que supone un modo de realizarse ese mundo en el hombre, modo que sólo tendrá lugar mientras cada hombre viva.

Ese modo de ser que podemos llamar humano, esencialmente humano, explica la larga duración de las constantes de latitud humana de los iberoamericanos ante los proceso históricos. Por raro que parezca afirmarlo, en Iberoamérica no ha habido, como se dice, rupturas: ha habido más bien sacudidas, es decir, epifenómenos superficiales que no han destruido la entraña básica del modo de ser. Ser iberoamericano es poseer simplemente un talante, una actitud ante la vida y las cosas, postura que se define radicalmente para implantar ese mismo orden de que es la vida antes que las cosas. Si Iberoamérica «es», es «así», y si no «es así», ni es así ni ha sido, ni será.

Si ante un mundo absorbido por un enloquecido desarrollo tecnológico, convencido de que es progreso la posibilidad de destruirse desde las estrellas, poseído de una convicción que le lleva a montar cualquier proyecto «cultural» sólo desde un análisis que augure un buen rendimiento económico, no hay un grupo de mujeres y hombres que puedan definirse por su capacidad de invertir esos planteamientos y preguntarse, no ya cómo hay que emplear la bomba atómica, sino si tiene algún sentido haber llegado a inventarla. Si ese grupo no existe, difícilmente se puede apostar por el ser humano. Si algo puede dar Iberoamérica al mundo es su modo de verle, su modo de vivirle frente a los que sólo se plantean la posibilidad de explotarle y consumirle.

Entendámonos, en todas partes existen y aparecen mentes elegidas que proclaman la necesidad de esas actitudes. No estoy escribiendo aquí que sólo individuos de Iberoamérica hayan definido la urgencia de engarzar hombres, todos los hombres del mundo, en lugar de usar a éste como arma y campo de combate en una lucha entre hombres. Me refiero más bien al hecho, que me aparece indiscutible, de la existencia en Iberoamérica, como específica señal distintiva, de un recóndito talante social ante los hombres y el mundo. No nacido del recurso del filósofo, ni del testimonio de un profeta, sino del espíritu de sus sociedades, talante por poseer ese origen, no se fractura por las contradicciones y alcanza a vertebrar millones de historias personales en una relación casi galáctica, que dota de sentido global a infinitas corporeidades no fundidas unas con otras en pieza única y monolítica.

Español y negra

Si esos es así, lo es no sólo por efecto de la lengua. Ya apunté al comienzo su diversidad. Y es que si la lengua es sangre del espíritu como quería Unamuno, eso trae el riesgo de que, violentado a Nebrija, se la use de compañera de cierto imperio, aquel que más busca vencer que convencer. Además y en última instancia, sí muchos confunden lengua y patria, Iberoamérica se amplía a un conjunto de patrias. Efecto es de su actitud vital acuñada en el mestizaje y el sufrimiento y remachada hasta la motivación inconsciente de su psicología social. Sólo engendran belleza los que han sufrido dilatadamente, como demuestran las músicas populares creadas en el anonimato de las generaciones sucesivas. Sólo superan las contradicciones quienes han sabido incorporar la esencia de ellas a su carne y su vida mediante el mestizaje. Aquellos que son poso del dolor, por un lado, y amor pese a carácter, de otro. Repito, quienes han sufrido y son mestizos, poseen un talante que les lleva al aprecio esencial de cada instante de su vida y las de los otros, aunque sólo mientras esa vida les es dada, sin énfasis ni adherencias a ella en demasía.

¿Qué caminos de integración serían adecuados a nuestra Comunidad? Ciertas expresiones históricas han mostrado, no tanto que el sueño de Bolívar fuese error, cuanto que han de recorrerse más tiempos y más caminos. Iberoamérica hoy es un conjunto de patrias destinadas a vivir por ahora como hermanos que se alojan en casas próximas pero distintas. La geografía y no sólo ella señala más razones de inmediatez en unas zonas que otras para la confluencia de nacionalidades. Donde eso no sucede, sólo procesos complejos, distintos y dilatados irán permitiendo aproximaciones por vías sucesivas, distintas inicialmente siempre de las mezclas de estructuras políticas.

Operaciones largas, destinadas a recorrer comunidades culturales y necesidades pueden ir, irán sin dudad aproximando aislamientos o desdén sin futuro. Pero la integración esencial consiste por hoy en lograr algo tan simple y tan difícil como es que la certeza en la existencia de la Comunidad Iberoamericana misma como tal, se haga convicción generalizada entre quienes la forma.

Papeles recíprocos juegan todos los estados afectados en lograrlo, pero quizá especialmente los ámbitos europeos de la Península Ibérica; los pueblos hispanos de ese espacio integran la España de Camões, la España cuya primacía reclamó por mucho tiempo la diócesis portuguesa de Braga. Desde una óptica iberoamericana es bueno que, cuando se diga «España», se entienda no tanto como referencia paralela a Portugal sino más bien como la resultante espiritual del ensamblaje de los pueblos peninsulares todos. Así entendida, como trabazón de las específicas hispanidades peninsulares, la Península Ibérica es «España», no por el predominio político de una de sus piezas, sino por la conjunción armónica de todas.

Por eso puede ese conjunto ayudar mucho a que no se debilite, sino se afiance la convicción de Iberoamérica en sí misma. Y no tanto por aquella metáfora, quizá poco eficaz, de ser los pueblos peninsulares supuestos «puentes con Europa», sino más bien por el hecho de ser tierras fronterizas y periféricas, para la relación Iberoamérica- Europa. En esos espacios suele aflorar una sensibilidad especial para captar los riesgos o venturas que evolucionan en torno al principal tronco comunitario. Más allá de maternidades o de paternidades el papel principal de los hispanos peninsulares aparece concebible al modo de una lanzadera que evite interiorismos, comunique pensamientos y relaje problemas. Pero recuérdese siempre que la tarea principal es difundir la noticia de que la integración esencial existe; de que la Comunidad Iberoamericana existe en la hondura y raíz que arriba se señaló, pese a los que alegan epifenómenos diversificadores para negar una realidad que no depende de éstos, sino de los otros fundamentos señalados.

Albarado mestiza

Ahora bien, reconocer que la existencia de Iberoamérica se hace realidad sobre la textura indicada, implica la necesidad de comunicación y audiencia. De nada serviría justificar nuestro ser colectivo en una determinada actitud ante el mundo y los hombres, si ese modo de vivir no fuese presentado a los demás. Ante el orbe de hoy la Comunidad Iberoamericana tiene el derecho y el deber de ser oída, y a ello principalmente debe aspirar, para introducir en las relaciones internacionales su específica visión del papel del hombre ante los hombres del mundo. No se trata de un planteamiento jurídico, sino ético, y por ello tienen más fuerza que la menguada coactividad propia del derecho internacional. No es casual que en los últimos tiempos nuestra Comunidad haya hecho oír sus voces universalmente en un vehículo literario. Se trata de la manifestación de la lógica más alta de las cosas, pues cuando se entrega al mundo un lenguaje que va más allá del habla o la escritura, para se símbolo de actitudes y mentalidades fundamentales, se está demostrando la capacidad para poseer los rasgos precisos que engendran las más amplias comunidades y para ofrecer a otros esa personalidad propia.

Pero también es derecho y deber de Iberoamérica mirar hacia adentro de sí misma, para colmo de las desigualdades que son la amenaza perpetua de sus democracias, para meditar sobre raíces y efectos de actitudes presidencialistas, desvertebraciones sociales y heterogeneidades económicas. En esa introspección los instrumentos básicos habrán de ser la idea y la rabia. Iberoamérica deberá articularse para poder erguirse ante el mundo y si no es posible prescindir para eso de la ira, tampoco puede olvidarse que sólo produce efectos perdurables la ira iluminada, que es especie de la ira sólo encendida.

No se trata de lograr unidades, ni menos políticas, a la pura fuerza, como otras veces intentó Europa para sí con el fracaso conocido, por ejemplo, en el caso napoleónico. Se trata de, una vez asumido el espíritu específico que hace ser Comunidad al mundo Iberoamericano, presentar tal rasgo fuera, e infundirlo dentro; de practicar el iberoamericanismo como voluntad de norma ética. Es un combate difícil y diversificado, que se prolongará por los siglos. Pero la peculiar forma en que cada una de sus batallas se libra, no debe hacer nunca perder la conciencia de que no es ella episodio aislado, sino pieza de conjunto. Sirva como ejemplo recordar, aunque algunos se horroricen, que es preciso atender a lo no desvinculable de hechos como que en 1861, el presidente Benito Juárez suspendiese los pagos de la deuda externa mejicana y en la segunda mitad del siglo XX, nuevos Presidentes, Fidel Castro o Alán García hayan tenido que seguir pronunciándose sobre la misma en otros países.

A imagen y semejanza de ese caso debe entenderse siempre el particular tejido que enlaza historia y presente en la Comunidad Iberoamericana. Si, como quería Dilthey, revelar las conexiones de sentido es lo determinante para que tenga fuerza de vida la tarea de historiador, esa exigencia se agudiza hasta el infinito en la captación, por aquella Comunidad, de su propia identidad.
Somos una Comunidad, contamos con una peculiaridad básica ensambladora que está resistiendo guerras, pobrezas, asaltos, zarpazos internos y externos, contradicciones y egoísmos propios y ajenos. No es nuestra debilidad sino nuestra fuerza que no pueda encajársenos en comunitarismos sólo políticos o económicos. No es fractura sino viga disponer de varias lenguas, razas o tradiciones y no lo es porque hemos sabido acuñar su forma de articularse. Podríamos ser los portadores del mensaje del valor vital del hombre en el mundo en cuanto hombre. ¿Queremos serlo?

José Manuel Pérez-Prendes Muñoz-Arraco

Texto publicado en la obra "Iberoamérica, una comunidad" año 1989

domingo, 30 de octubre de 2016

Borges, la madre católica



Mi madre era criolla, era católica, pero católica a la manera argentina, es decir, más una cuestión social que teológica. Mi abuela inglesa, era de tradición protestante, predicadores metodistas. Ella sabía de memoria la Biblia. Ud. le recitaba un versículo cualquiera y ella le decía, sí, Libro de Job, capítulo tal, versículo tal y seguía adelante. Entre los protestantes hay mucha gente que conoce de memoria la Biblia. En los hoteles, por ejemplo en Inglaterra, en Escocia y en Nueva York también, siempre en el cajón de la mesa de luz hay una Biblia. Y además las citas bíblicas que serían pedantescas en castellano, son comunes en inglés. La gente continuamente está citando versículos de la Biblia o frases bíblicas, y eso no resulta pedante. En cambio, en los países católicos resultaría forzado. De modo que mi abuela era muy religiosa, metodista. La familia de mi madre era católica, como dije, a la manera de los países latinos, de un modo superficial.

Jorge luis Borges


Repúblico Hispano: Los pedazos del jarrón hispano

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Hace unos días abrimos un chat de reflexión geopolítica en una red social, concretamente en la red social telegram. Ese chat o foro lo abrió el autor de este blog, Hugo Fdez “Felguerinos”, como administrador, y lleva el título de un viejo blog suyo -abandonado durante un tiempo y luego reconvertido en una sección de otro blog- “El Repúblico Hispano”. Lo recuperamos de nuevo y aclaramos que el término <<repúblico>> se ajusta a la segunda acepción del RAE y no ningún fundamentalismo democrático. El objeto del blog es recopilar periódicamente la síntesis de las conversaciones del foro que se dan en torno a los diversos asuntos y acontecimientos políticos, los que entendamos más destacables, a lo largo de la región hispanoamericana (incluimos a España como miembro de esta región). Los integrantes del blog somos: Héctor Ortega, Otón Fdez, Raúl Muniente, Julián Sánchez y el que esto escribe. También habíamos integrado en el grupo inicial de análisis al politólogo Santiago Armesilla, pero se dio de baja a la mañana siguiente de la conformación del foro sin dar razones de ningún tipo. El mismo día se publicó el video de una intervención suya en la escuela de verano del grupo derechista DENAES, tras su visionado nos quedaron claras las razones de su salida. Esperamos que el grupo de analistas se vaya ampliando con el paso del tiempo.
El grupo de analistas que integran el foro comparten una serie de coordenadas de análisis histórico-político a la hora de enfrentarse a los asuntos políticos de la Comunidad Hispánica: hay un fondo filosófico común, un herramental de análisis, procedente del Filomat (materialismo filosófico) del filósofo Gustavo Bueno, recientemente desaparecido. También hay una idea, mejor dicho, un norte político común: la Comunidad Hispánica como sujeto político dentro de la futura mundialización. Entendemos que las diecinueve repúblicas hispanoamericanas y la monarquía parlamentaria europea de España, a pesar de que las mismas partes se crean ajenas unas a otras, dentro del orden mundial son manejadas como un conjunto y bajo una misma estrategia política: mantenerlas divididas y débiles, aplicarles la vieja divisa imperial romana, divide et impera, especialmente por parte del mundo anglosajón. Nuestro punto básico, nuestro punto de partida, es que el mundo anglosajón y europeo nos conciben como una unidad cuando plantean sus programas y planes políticos, mientras que, paradójicamente, nosotros no entendemos ajenos unos a otros. Ése es su plan político: proyectar sobre el bloque de la Comunidad Hispánica la división y el enfrentamiento. Conseguir convencernos que no somos el bloque histórico que realmente somos. En estos últimos siglos su triunfo ha sido total.
No es una visión gratuita. No es un delirio de un grupo de hispanos (no todos somos españoles, ya que en nuestras filas discute un chileno. Y esperamos más incorporaciones de nuestros hermanos americanos) con sueños imperialistas. Esta forma de ver las cosas tiene un anclaje científico. Es una proyección al campo político de un nuevo enfoque dado en el campo historiográfico. Una nueva hornada de historiadores, tanto españoles como hispanoamericanos, ha dado un giro al punto de vista del estudio de las independencias en sus trabajos historiográficos con motivo de la celebración de los bicentenarios del surgimiento de las naciones iberoamericanas. Si en los centenarios se celebró por parte de la historiografía el “hecho nacional”, el orgullo de la Nación política que se libera del poder opresor imperial. Unas naciones que estaban sepultadas por una superestructura ajena y consiguen liberarse de sus cadenas volviendo a ser célula eterna de representación política. Hoy los historiadores dan la vuelta a esa visón nacionalista, bajo el punto de vista de la nueva historiografía las naciones no serían esencias eternas secuestradas y unificadas todas bajo un superestructura, igualadas todas bajo el mismo manto de opresión, sino que las actuales naciones serian los restos de un estructura anterior: la Monarquía Hispánica. Según esta nuevas coordenadas historiográficas habría que entender las historias nacionales no desde la historia particular de Colombia, de Venezuela, de México, del Perú o la propia España, sino desde el propio conjunto de la figura política común del antiguo régimen que fue la Monarquía Hispánica. Habría que ver las actuales naciones y sus Historias como si fuesen las partes de un hermoso y gran jarrón caído al suelo; trozos desperdigados, lejos unos de otros, pero cuya identidad es la unidad del jarrón.
Nuestro objetivo es muy modesto: un simple blog que recoge las discusiones de un foro de una red social, pero ambicioso en la estrategia de análisis: proyectar este punto de vista de la historiografía sobre el campo político de la Comunidad Hispánica. Somos conscientes de que levantaremos alguna sonrisa paternalista -Armesilla continuará comparándonos jocosamente con alguna de las escenas de la vida de Brian- pero persistir en nuestra visión geoestratégica es nuestro humilde grano de arena a la gran tarea hispánica.

H. F. Felguerinos

[Recuperamos los textos del blog de Wordpress El Repúblico Hispano]

Entre gachas y hembras

  
   Venga, chicas —dijo Ramira—, que Maleza va a hacer gachas para todos.
   —Dadme un mandil. —Mejor es que te quites la guerrera.
   —Hombre, claro, pero dame el mandil.
   —¿Te vale esta sartén? —le enseñó Antonia la rubia.
   —Qué va, con ésa no hay pa empezar.
   —Aquella grandona —señaló Ramira.
   Una mujer ya de edad y con varices gordísimas, descolgó, poniéndose de puntillas, una sartén regimental.
    —Verás como ésta sí le tercia.
   —Ésa sí. Las gachas no importa que sobren. La Ramira le puso un mandil blanco con su petillo. Trajo Antonia un gran botellón de aceite y echaron en la sartén.
   —Bueno, con éste hay harto. Encendedme el fuego bajo. Que no me gusta guisar a la moderna.
   En la chimenea baja había cepujos y romero algo húmedo. Costaba trabajo prenderlo, pero uno de los guardias civiles se puso en cuclillas sobre la leña y sopló con tanta fuerza y constancia, que vencieron las llamas. Un humo con olor a romero mojado cuajó la cocina. El guardia, desconfiado, siguió soplando todavía un rato con las mejillas muy coloradas y las manos en el suelo, dispuesto a no dejarse arrebatar el logro flamígero.

   —Echa un chorreón de aceite sobre los cepujos y verás cómo cunde en seguida —dijo el otro guardia.
   Así lo hicieron y las llamas tomaron aumento. Colocaron encima la sartén bien medida de aceite.
  —Muchachas, a ver si me cortáis el tocino bien fino.
  —¿Así, mandón? —dijo una de las mujeres que había puesto una hoja de tocino blanco bien beteado sobre la mesa, mostrándole una loncha entre los dedos.
  —Más fino y más corto, so basta.
  —Pues cualquiera diría que tú eres un señorito.
  —De tocinos y gachas, desde luego.
 —Menos mal que queda un poco de hígado de cerdo —dijo Antonia sacando de la alacena una fuentecilla de barro.
   El humo del aceite, de los cepujos y del romero empezaba a dominar la cocina. Los civiles en pie, con las manos en las caderas, miraban el fuego y el operar de Maleza. De cuando en cuando, una gota de lluvia caía en el aceite y chillaba. Maleza, con el cucharón en la mano vigilaba el freír, y Antonia junto a él. El fulgor de las llamas granaba su cara blancarosa, y salpicaba especiales destellos de sus ojos clariones. Maleza le echaba reojos a sus brazos arremangados y cruzados bajo sus tetas reinadoras, que asomaban las cejas por el escote medio desabrochado de su bata blanca.
  La mujer de las varices se acercó una fuente en cada mano. La del hígado de cerdo y la del tocino.
  —Tú espera a que el aceite esté a punto. Yo aviso. No hace falta que eches tanto tocino. Luego se fríe el que haga falta… Y tú no te menees de mi lado. Y cuando yo diga, lo echas.
  Maleza, a pesar del mandil blanco y el cucharón en la mano, no parecía cocinero, sino vigía. Lo único que trabajaban eran sus ojos clavados en el aceite y alguna vez en el escote carmín de la rubianca. Pero ella parecía indiferente y sólo atenta a la fritura. Él era el héroe de la fiesta cocinera y todos seguían sus movimientos y aguardaban sus órdenes. Maleza, que antes que guardia fue viñero, tenía la adoración de la comida. En la adolescencia aprendió a hacer gachas, la comida de los pobres tomelloseros, y era su mejor saber. El punto de cuajo de las gachas y el tocinole cristalizó con su hechura de hombre, y hacerlas era para él un rito y una inconsciente revivencia de su mejor edad y de sus mayores padecimientos. Días y días de la semana, entre fríos y fuegos, a gacha sola. Después de trabajar desde que el sol salía, había que apañarse la comida en el tosco fogón de la quintería, o en el bombo. Por si el hambre era poca, había que pasar por el cría salivas de hacerse uno su propia comida paso a paso. Ahora sólo guisaba para los amigos, los días de jarana o festejo especial. Y junto a la satisfacción de verse admirado como gachero mayor, sentía un especial repeluzno por los recuerdos de su mocedad desvalida, de su crianza con gachas en todas las hazas del término.

   Ahora, mujer. Ves echando con cuidado. Que ya está en su punto de hervor. Al caer el tocino y el hígado en la sartén, el aceite saltaba entre nuevos humos provocados.
    —Podías haber apartado un poco la sartén, que me voy a freír yo también.
    —Tú aguanta y echa despacio. Ramira, ayudada por la otra mujer, un poco encorvada y de ademanes muy minuciosos, pelaba los ajos y los partía por la mitad. Maleza, ahora, un poco retirado de la sartén, movía el cucharón dentro de ella con mucho pulso. Todo lo que había en el aceite parecía movido a la vez y con igual ritmo. Y al tiempo que movía abría las narices para cazar el punto exacto de la fritura. Los guardias civiles, sentados ahora junto a la mesa, bebían vino de un porrón verde y pinchaban aceitunas aliñadas.

Antonia la rubia, no perdía maniobra de Maleza. Parecía embobada por su pulso para cocinar. Estos escenarios de las cocinas antiguas también se van. Como se van las moscas. Como se fueron los calzoncillos largos y las gallinas de corral. Como se fueron las redinas del aceite, los toneles con caña cortada a sagita, las pelerinas, los colchones de lana, las abarcas, los puntilleros, los pantalones con mandilillo, las sayas bajeras, los refajos, los escriños, las cestas de mimbre, las cantareras, los botijos, los caramelos de malvavisco, las cencerradas, los judas, los ramos del domingo, los mayos, las canciones de carro, los viejísimos borricos, los cueros de vino, la pez, los senojiles, los aciales, los irrigadores, los yugos de mulas, los platillos de las galeras, las hoces, los trillos de pedernal, las jofainas, las escribanías, las prensas de mano, las destrozadoras, los carretones cuberos, el papel de fumar, las fajas, las petacas, los pucheros, las orzas, las esteras de esparto, las vigas de aire, las fresqueras, los aguarones, las riostras, los tiros, los cabezales, las barrigueras, los horcates, los cascabeles, las galeras con miriñaque, las maromas del pozo y los entierros con caballos. Una cocina de éstas es ya un cuadro antiguo puesto al fondo de una galería.
   —Bueno está ya —dijo Maleza apartando la sartén ayudándose con las dos manos. Y con el cucharón fue sacando las lonchas de tocino doradito, casi retostado, y los trozos de hígado. Todo muy menudamente y pausado hasta que el aceite quedó totalmente limpio.
   —Venga, chicas, esos ajos. Volcaron el plato de ajos en el aceite y volvió la sartén al fuego. Los movía lentamente, pero sin cesar. Le importaba que se pusiesen dorados, nada más que dorados. El quemar los ajos es de mal gachero.
  —Tenedme preparado el pimentón y la harina de titos, aquí a mano. (Que allí a las almortas le llaman «titos» y a las sandías melones de agua). Ramira le acercó un plato pequeño con el pimentón y una gran fuente con la harina de almortas.
   —¿No estará húmeda esa harina?
  —Qué va, chalao —dijo ella—, sabemos lo que tenemos entre manos. Y con sus manos largas y blancas, palpó y subió al aire la harina verde clara, casi amarilla, crujiente.
  —Mira, ni se pega a los dedos. So guardia. —Así me gusta.
Apartó la sartén, sacó los ajos y echó la harina. Y al contado, esparciéndolo bien, el pimentón, que en seguida formó en el aceite una especie de barro sanguino que Maleza removió y aplastó con mucha habilidad y aceleró hasta que adquirió un aspecto pastoso y ligeramente tostado.

  —Que está ya sofrito. Traedme un jarro de agua.
   Apartó la sartén, esperó a que se posase un poco el aceite y con mucho pulso echó el agua fría a chorro medido. Movía Maleza muy de prisa el revuelto y la mujer echaba otro chorrete, hasta colmar la medida necesaria y evitar que se hiciesen burujos, que allí llaman burullos. Echó las especias del especiero que le puso a mano la Antonia: orégano, pimienta negra y alcaravea, además del hígado frito bien machacado en el mortero y volvió la sartén al hogar, sin dejar de mover el cucharón hasta que se trabasen y echasen gorgoritos, que esto llaman el peer de las gachas. Una vez que el aceite emergió a la superficie, las dejó tranquilas con su pedorreta. Al que no le peen las gachas o tiene que reecharles agua, es cocinilla o mal gachero. Y no digamos si le crían espuma. Ya lo sentencia el cantar:

Las gachas con espumilla
son blandas o saladillas.

Cuando los gorgoritos fueron más lentos y tramitados y el aceite compuso rodalillos rojizos muy aparentes, Maleza apartó la sartén, y ya tranquilo dijo a su pinche:
  —Antonia, hija, tráeme un vaso de vino.
  —No faltaba más.
  Le trajo el vaso de vino y un pepinillo en vinagre pinchado en un tenedor. Al tomar el vaso le tocó la punta de los dedos a la rubia, y ésta, simulando mala idea, le metió el pepinillo en la boca con cierta furia. Maleza le guiñó un ojo, Antonia infló un poco las narices y él, como agradecido, se bebió medio vaso de vino de un trago. Luego se colocó un «celta», lo encendió arrimándole un tizón y se volvió a sentar en la silla baja, junto al fuego, para mirar el lento chapoteo, el suave hervir de aquel puré color tierra clara, miel oscura, con vetas rojizas y nervios de grasa, que levantaba borbotones pequeños y aceitosos, con reventones cada vez más lentos y acompasados
   —Venga, el tocino es cosa vuestra, mujeres. Idlo friendo en la cocina de butano, con el aceite bien hirviendo, hasta que veáis los bordes retorcidillos… Dejad unas pocas tajadas más gordas y menos fritas, que hay gustos para todo.

   A pesar de la oscuridad del día —la lluvia no amainaba— la cocina parecía alegre con tantos fuegos y figuras, con las risas de las mujeres, con aquel cacharreo y acción. En su mesa, los dos civiles seguían sentados bebiendo y fumando, con los ojos un poco animados, pero en silencio. Y Maleza, como rey de todo aquel mundillo de humos y humanidad suave. Antonia, la nórdica, le cuidaba el vaso y así que lo veía menguado reponía hasta el borde y le traía aceitunas o algún otro convinaje. El cabo, sofocado por la proximidad del fuego y oliendo a aceite y a romero quemado, le echaba reojos retadores a toda la fornitura de su cuerpo largo. Unos minutos después, ayudado por un civil, tanto pesaba la sartén, la llevaron del mango hasta la galería. La pusieron en la parte de la solanera que señaló Ramira, junto a unas grandes mesas bien abastecidas de panes, navajas y porrones de vino. Vino blanco de pasto, recién desentinajado, con la blandura que le da no haberlo movido y el humano fresco de la cueva.
   Maleza se quitó el mandil e incorporó al corro presidido por don Sebastián, que al contado se trasladó junto a la portentosa sartén. Antonia tocó una campana que había en el extremo de la galería y por todas las puertas empezaron a llegar chicos y jóvenes de varias edades. Los había rubios, cetrinos y una pelirroja; la mayoría castaños.
   —A los chicos pequeños echarles en platos —ordenó Rosa María a las otras. Cada comensal se proveyó de un cantero de pan bien sentado y una navaja.
   —Amigo Maleza, tú que has sido el artífice, lanza la primera sopa. Es lo suyo —dijo don Sebastián.    

   —No faltaba más. Primero los señores —dijo el hombre, muy fino.
  —De ninguna manera. Déjate de señores. Tú primero. ¿Verdad Manuel que se lo ordenas? Plinio sonrió:
  —Venga Maleza, inicia: sopa y paso atrás. El cabo cortó con mucha pulcritud una sopa casi ovalada, con su poquito de corteza. Pinchó en ella la navaja, dio dos o tres pasos hasta la sartén, que con uno no había harto. Se inclinó, y con mucha limpieza metió el pan por su rodal, tomó gachas hasta cubrir la sopa entera y se retiró a su puesto en el corro.
  —Muy bien, ahora las señoras — dijo don Sebastián sin doble intención… o con ella. Vaya usted a saber.
    Y todos, ya con orden y alabando la mano gachera de Maleza, empezaron a dar su paso adelante y a mojar la sopa.
Francisco Gª Pavón 



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