viernes, 8 de julio de 2016

Camba en el país de Jim Crow


Hay quien habla de matar a todos los negros; hay quien habla de echarlos, y hasta hay quien habla de esterilizarlos, y, desde luego, cualquiera de estas medidas podría tener cierta lógica; pero lo absurdo es eso de separar a los negros de los blancos en el tranvía, en el teatro, en la escuela y hasta en la iglesia, como ocurre especialmente en los Estados del Sur. En las boticas hay dos procedimientos para evitar que la solución de sublimado corrosivo pueda confundirse con el agua destilada: uno es el de poner los frascos en lugares opuestos de la estantería, y otro es colorear la solución, y claro está que, cuando se utiliza este segundo procedimiento, el primero resulta completamente innecesario. ¿Para qué separar cosas de apariencia tan distinta como un líquido azul y un líquido incoloro? ¿Y para qué separar a los negros de los blancos si salta a la vista del más miope quiénes son los blancos y quiénes son los negros? Muy bien que se separasen a los negros latinos de los negros anglosajones, y aun a los blancos anglosajones de los blancos latinos. Muy bien que se separasen a los millonarios de los sin trabajo, que visten, poco más o menos, tan bien como ellos. Muy bien que se separase en fin, a los garnujas de las personas decentes; ¿pero para qué separar lo que ya está perfectamente diferenciado?
   Por mi parte opino que el problema negro no existe, y que no existe precisamente porque los negros son una raza de color.
Julio Camba


Jim Crow


Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

No hay comentarios:

Publicar un comentario