domingo, 25 de septiembre de 2016

El revolucionario en vela


   Desde hace no sé cuántos años, en invierno o en verano, sea domingo o día laborable (para mí todos lo son y ninguno lo es), me levanto a las ocho menos cinco de la mañana, (no con total exactitud, claro, no soy una máquina: a veces es a las ocho menos siete minutos y otras a las ocho y un minuto o dos, pero son pocas veces). En esta primera mañana de Nueva York, me despierto a la hora de costumbre. Pero miro el reloj y son las dos menos cinco, una hora poco adecuada para levantarse y alborotar la casa, especialmente si uno es un invitado. ¿Y qué hacer si ya he descansado todo lo que necesito descansar, si no me apetece tratar de volver a dormir? Pues lo que siempre hago en estos casos en que no puedo hacer nada: me imagino que trabajo en un periódico y que he de redactar varios artículos: un editorial sobre la situación política, otro de crítica municipal, también el comentario de algún libro, una necrológica...
   


Para la necrológica me inclino por un personaje del que se ha hablado mucho estos días en Asturias, pero del que yo no he escrito nada. Afortunadamente. Si de un muerto reciente no puedes decir nada bueno, lo mejor es que no digas nada. Pero como yo escribo para un periódico imaginario, me divierto poniendo el título: "El Donald Trump de la filosofía". Creo que es el único intelectual, o al menos catedrático, del que no se pueda recordar una declaración pública que no sea una estupidez o una barbaridad.
Lo horrible siempre se esconde tras una sonrisa cínica.

El revolucionario no odia porque ama, sino ama porque odia.

Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

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