lunes, 31 de octubre de 2016

Todos somos históricos


El líder de Podemos estaba diciendo que "a día de hoy, las dos instituciones a prueba de crisis son la Monarquía y el PNV, bien unidos por la cruz de Borgoña". Y añadió: "Se sonríe el señor Aitor Esteban, que sabe lo que significó la Cruz de Borgoña para los viejos gudaris vizcaínos. El señor [Albert] Rivera tal vez lo busca en Google". El líder de Ciudadanos dijo desde su asiento, en voz baja: "Qué capullo, vaya gilipollas".
Pablo Iglesias




Lo de la Diada, por ejemplo, es una cosa bochornosa, cómo te cuentan la historia de Casanova y demás. Pero los catalanes son la gente más ingenua que pueda haber. Los vascos son otra cosa y tienen el convenio por las guerras carlistas, y no se puede eliminar porque partimos siempre de la Historia, no partimos de cero como se creen los de Podemos.

GB



Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

Repúblico Hispano: Discurso a la Comunidad Iberoamericana

Mestizaje pintura

Dos lenguas mayoritarias y otras varias regionales. Más de veinte Estados y millones de personas en comunidades indias de variada distribución. Extensiones geográficas descomunales en longitud y latitud. Todos los climas posibles en desiertos, cordilleras nevadas o soleadas, selvas, llanuras, ríos y océanos. Hombres y mujeres de muchas razas, condiciones, mezclas y densidades. Culturas dominantes menores, mezcladas, aisladas y fragmentos de culturas. Tales y tantos rasgos explican que voces como «hispanoamérica», «iberoamérica», «latinoamérica», pueden ser tachadas de residuos mentales de colonialismo, inconsciente o no, pero no fantasmagórico, sino virtual. Nace así una polémica que nunca concluirá.

Es discusión desde perspectivas distintas, pero también en favor de intereses no siempre descubiertos en cuanto a su significación.

Es preciso salir fuera de esa malla tejida con millones de datos heterogéneos para convencerse de que la Comunidad Iberoamericana existe. De que precisamente sus contradicciones irreconciliables articulan un sistema y de que ese sistema posee un perfil que le delimita e individualiza como tal.


Por ejemplo, puede comenzar a percibirse como existente cuando se le advierte sistemáticamente mordida por la anglofonía, ya sea en el sur de los USA, en Panamá, en Cuba, en la Guayana, en Malvinas, si miramos de Norte a Sur; o desde Filipinas a Gibraltar si lo hacemos de Oeste a Este. Mordeduras que revelan dos cosas. Una, la corporeidad del ente que sufre, es decir, su existencia misma. Otra, que tales roeduras no son erosiones desconectadas entre sí, sino detalles locales, en éste o en el otro lugar, que se inspiran hacia un solo y armónico fin, el predominar sobre nuestra Comunidad. Y con sólo ese rasgo prueban que ella «és».

Español e india

Desde muchos ámbitos se grita para convencer al hombre y la mujer de nuestro mundo «No eres, no existes como iberoamericano». Y ese grito se remansa en alegatos: «no tienes unidad económica ni política. No estás en nada parecido a conjuntos como los países francófonos de África, Caribe, o Pacífico, ni como la Comunidad Económica Europea, ni el Commonwealth británico. No puedes decir que exista una Comunidad allí donde no se apoye en realidades institucionales. Siéntete, como mucho, ciudadano de tu país o mejor de tu comarca y encerrado en un círculo regional de cultura». Otras veces, con apariencia sesuda se le hace reflexionar, no ya que no hay en su ámbito de comunidad económica ni política, sino que le hace contemplar la película de sus factores internos de disgregación como pieza de convicción para que renuncie a creer en la racionalidad de sus posibilidades comunitarias. Estos gritos vienen desde los siglos. Tácito ya advertía que la primera batalla a dar en cualquier guerra es la de convicción. Si alguien consigue que Iberoamérica sea negada por los que podría sentirse iberoamericanos, habrá vencido para siempre, pues derrotado está todo ser humano a quién se le pastorea hacia una identidad, en lugar de permitir que le descubra desde dentro de sí.

Repárese luego, para no introducir un factor precipitado y subterráneo de resolución del problema, que no basta esgrimir argumentos de aglutinación (hispanidad, latinidad, tradición cultural, etc) frente a los de disolución, sino que es preciso decidir si los primeros han conseguido o no, frente a los segundos, concretar una cierta argamasa ensambladora en nuestras sociedades.
Debatir si Iberoamérica es o no es, en cuanto tal, obliga en riguroso comienzo a significar que no se trata de una discusión desinteresada. Se combate aquí, como siempre, por intereses de predominio, que entran en polémica con las necesidades de identidad.

Después de esa conciencia es necesario establecer, también con rigor (nada científico puede serlo sin rigor), que hay que distinguir entre los que disputan. Propongo como primera clasificación la obvia de los que son parte del interior de esa malla antes descrita, o son de fuera.

Nos encontramos en presencia de una discusión interesada en la que no todos los protagonistas son iguales, y se debate en escenario concreto, al menos en estas líneas donde se intenta reflexionar desde adentro.

Esa distinción me llevará a sugerir cuan cuidadosamente debe comportarse el analista frente a las visones «objetivas» del opinante desde afuera. De él habrá que decir siempre claramente las cosas.

Que tiene intereses y que los tales vienen de otra parte. Esto es, que sus intereses son ajenos a nosotros, a los que estamos dentro. No se trata de que él posea intereses y nosotros no, que bien lo aportamos. Se trata de recordar que siempre será en forma cierta, más que en «cierta forma», un extraño.


Chino India

Una segunda percepción se nos ofrece: la de encontrarnos en posesión de una larga historia de contradicciones. No hablo de la historia, como tantas veces se ha hecho, como del recurso al que aferrarse para el triunfalismo fácil la afirmación rápida. Más bien pienso que es una historia extremada en la contraposición de violencia y civismo, de cultura e ignorancia, de explotación y de amor, de pobreza y de riqueza, y todo ello se nos ofrece como el principal problema desde más allá de los tiempos de poder político directo español. Es muy fácil construir una historia de violentos desde Cajamarca hasta Maximiliano, y contraerla a una historia de serena bondad desde Sor Juana a Gabriela Mistral. O lo es , también enfatizar el dato de la fecha de las primeras Universidades y primeras imprentas puestas por el europeo más allá del Atlántico. O recalcar «sólo» las bolsas de analfabetismo que todavía nos asustan. No es tampoco particularmente difícil centrar cualquier interpretación en las desventuras de emigrantes e indios, o en los excesos de hacendados y casas solariegas. Cualquier exposición o lectura que se haga de Iberoamérica sobre uno sólo de esos ejes, y muchas veces se ha hecho, no va más allá de la ceguera y la falsificación, las cuales son además, repitámoslo, interesadas.

Más cierto es que esas tres contradicciones básicas: vieloncia-bondad, cultura-ignorancia, pobreza-explotación, que en todas partes existen, se enlaza continuamente aquí de peculiar modo, se condicionan y construyen un sistema de convivencia, pese a los que se detienen en la suposición de que ningún sistema puede ser edificado sobre contradicciones. Cabe pues que nos preguntemos: ¿Algo coherente e individualizable puede hacerse de esa urdimbre? Esa es la gran pregunta que en última instancia se hace cuando se nos interroga sobre si existe la Comunidad Iberoamericana.

Me atrevo a afirmar que, por extraño que a algunos les parezca, lo que poseemos es un modo de ser que alimenta y sostiene, como el agua a los peces, a estructuras, pueblos, masas, climas, economías, pensamientos y actitudes que encuentran ahí, en modo de ser, un espacio común que no les niega ni les difumina en cuanto diversos, sino, simplemente, les enlaza y articula.

Y ese modo de ser se corporiza esencialmente por una actividad vitalista. Quiero decir, que lo esencial de Iberoamérica es la percepción de la libertad y de los sentimientos del ser humano. Más allá de los estados, y más acá de las Naciones. Más allá de las empresas extractoras de riqueza y generadoras de un modo de producción concreto. Antes de luchar por un determinado modo de vivir, y porque se deje vivir en libertad el propio sentimiento de cada cual. No es acá el hombre sino para sí mismo. No confundido ni unificado, sí centrado en cada hombre individual cuya vida, es irrepetible y encierra un estar en el mundo que supone un modo de realizarse ese mundo en el hombre, modo que sólo tendrá lugar mientras cada hombre viva.

Ese modo de ser que podemos llamar humano, esencialmente humano, explica la larga duración de las constantes de latitud humana de los iberoamericanos ante los proceso históricos. Por raro que parezca afirmarlo, en Iberoamérica no ha habido, como se dice, rupturas: ha habido más bien sacudidas, es decir, epifenómenos superficiales que no han destruido la entraña básica del modo de ser. Ser iberoamericano es poseer simplemente un talante, una actitud ante la vida y las cosas, postura que se define radicalmente para implantar ese mismo orden de que es la vida antes que las cosas. Si Iberoamérica «es», es «así», y si no «es así», ni es así ni ha sido, ni será.

Si ante un mundo absorbido por un enloquecido desarrollo tecnológico, convencido de que es progreso la posibilidad de destruirse desde las estrellas, poseído de una convicción que le lleva a montar cualquier proyecto «cultural» sólo desde un análisis que augure un buen rendimiento económico, no hay un grupo de mujeres y hombres que puedan definirse por su capacidad de invertir esos planteamientos y preguntarse, no ya cómo hay que emplear la bomba atómica, sino si tiene algún sentido haber llegado a inventarla. Si ese grupo no existe, difícilmente se puede apostar por el ser humano. Si algo puede dar Iberoamérica al mundo es su modo de verle, su modo de vivirle frente a los que sólo se plantean la posibilidad de explotarle y consumirle.

Entendámonos, en todas partes existen y aparecen mentes elegidas que proclaman la necesidad de esas actitudes. No estoy escribiendo aquí que sólo individuos de Iberoamérica hayan definido la urgencia de engarzar hombres, todos los hombres del mundo, en lugar de usar a éste como arma y campo de combate en una lucha entre hombres. Me refiero más bien al hecho, que me aparece indiscutible, de la existencia en Iberoamérica, como específica señal distintiva, de un recóndito talante social ante los hombres y el mundo. No nacido del recurso del filósofo, ni del testimonio de un profeta, sino del espíritu de sus sociedades, talante por poseer ese origen, no se fractura por las contradicciones y alcanza a vertebrar millones de historias personales en una relación casi galáctica, que dota de sentido global a infinitas corporeidades no fundidas unas con otras en pieza única y monolítica.

Español y negra

Si esos es así, lo es no sólo por efecto de la lengua. Ya apunté al comienzo su diversidad. Y es que si la lengua es sangre del espíritu como quería Unamuno, eso trae el riesgo de que, violentado a Nebrija, se la use de compañera de cierto imperio, aquel que más busca vencer que convencer. Además y en última instancia, sí muchos confunden lengua y patria, Iberoamérica se amplía a un conjunto de patrias. Efecto es de su actitud vital acuñada en el mestizaje y el sufrimiento y remachada hasta la motivación inconsciente de su psicología social. Sólo engendran belleza los que han sufrido dilatadamente, como demuestran las músicas populares creadas en el anonimato de las generaciones sucesivas. Sólo superan las contradicciones quienes han sabido incorporar la esencia de ellas a su carne y su vida mediante el mestizaje. Aquellos que son poso del dolor, por un lado, y amor pese a carácter, de otro. Repito, quienes han sufrido y son mestizos, poseen un talante que les lleva al aprecio esencial de cada instante de su vida y las de los otros, aunque sólo mientras esa vida les es dada, sin énfasis ni adherencias a ella en demasía.

¿Qué caminos de integración serían adecuados a nuestra Comunidad? Ciertas expresiones históricas han mostrado, no tanto que el sueño de Bolívar fuese error, cuanto que han de recorrerse más tiempos y más caminos. Iberoamérica hoy es un conjunto de patrias destinadas a vivir por ahora como hermanos que se alojan en casas próximas pero distintas. La geografía y no sólo ella señala más razones de inmediatez en unas zonas que otras para la confluencia de nacionalidades. Donde eso no sucede, sólo procesos complejos, distintos y dilatados irán permitiendo aproximaciones por vías sucesivas, distintas inicialmente siempre de las mezclas de estructuras políticas.

Operaciones largas, destinadas a recorrer comunidades culturales y necesidades pueden ir, irán sin dudad aproximando aislamientos o desdén sin futuro. Pero la integración esencial consiste por hoy en lograr algo tan simple y tan difícil como es que la certeza en la existencia de la Comunidad Iberoamericana misma como tal, se haga convicción generalizada entre quienes la forma.

Papeles recíprocos juegan todos los estados afectados en lograrlo, pero quizá especialmente los ámbitos europeos de la Península Ibérica; los pueblos hispanos de ese espacio integran la España de Camões, la España cuya primacía reclamó por mucho tiempo la diócesis portuguesa de Braga. Desde una óptica iberoamericana es bueno que, cuando se diga «España», se entienda no tanto como referencia paralela a Portugal sino más bien como la resultante espiritual del ensamblaje de los pueblos peninsulares todos. Así entendida, como trabazón de las específicas hispanidades peninsulares, la Península Ibérica es «España», no por el predominio político de una de sus piezas, sino por la conjunción armónica de todas.

Por eso puede ese conjunto ayudar mucho a que no se debilite, sino se afiance la convicción de Iberoamérica en sí misma. Y no tanto por aquella metáfora, quizá poco eficaz, de ser los pueblos peninsulares supuestos «puentes con Europa», sino más bien por el hecho de ser tierras fronterizas y periféricas, para la relación Iberoamérica- Europa. En esos espacios suele aflorar una sensibilidad especial para captar los riesgos o venturas que evolucionan en torno al principal tronco comunitario. Más allá de maternidades o de paternidades el papel principal de los hispanos peninsulares aparece concebible al modo de una lanzadera que evite interiorismos, comunique pensamientos y relaje problemas. Pero recuérdese siempre que la tarea principal es difundir la noticia de que la integración esencial existe; de que la Comunidad Iberoamericana existe en la hondura y raíz que arriba se señaló, pese a los que alegan epifenómenos diversificadores para negar una realidad que no depende de éstos, sino de los otros fundamentos señalados.

Albarado mestiza

Ahora bien, reconocer que la existencia de Iberoamérica se hace realidad sobre la textura indicada, implica la necesidad de comunicación y audiencia. De nada serviría justificar nuestro ser colectivo en una determinada actitud ante el mundo y los hombres, si ese modo de vivir no fuese presentado a los demás. Ante el orbe de hoy la Comunidad Iberoamericana tiene el derecho y el deber de ser oída, y a ello principalmente debe aspirar, para introducir en las relaciones internacionales su específica visión del papel del hombre ante los hombres del mundo. No se trata de un planteamiento jurídico, sino ético, y por ello tienen más fuerza que la menguada coactividad propia del derecho internacional. No es casual que en los últimos tiempos nuestra Comunidad haya hecho oír sus voces universalmente en un vehículo literario. Se trata de la manifestación de la lógica más alta de las cosas, pues cuando se entrega al mundo un lenguaje que va más allá del habla o la escritura, para se símbolo de actitudes y mentalidades fundamentales, se está demostrando la capacidad para poseer los rasgos precisos que engendran las más amplias comunidades y para ofrecer a otros esa personalidad propia.

Pero también es derecho y deber de Iberoamérica mirar hacia adentro de sí misma, para colmo de las desigualdades que son la amenaza perpetua de sus democracias, para meditar sobre raíces y efectos de actitudes presidencialistas, desvertebraciones sociales y heterogeneidades económicas. En esa introspección los instrumentos básicos habrán de ser la idea y la rabia. Iberoamérica deberá articularse para poder erguirse ante el mundo y si no es posible prescindir para eso de la ira, tampoco puede olvidarse que sólo produce efectos perdurables la ira iluminada, que es especie de la ira sólo encendida.

No se trata de lograr unidades, ni menos políticas, a la pura fuerza, como otras veces intentó Europa para sí con el fracaso conocido, por ejemplo, en el caso napoleónico. Se trata de, una vez asumido el espíritu específico que hace ser Comunidad al mundo Iberoamericano, presentar tal rasgo fuera, e infundirlo dentro; de practicar el iberoamericanismo como voluntad de norma ética. Es un combate difícil y diversificado, que se prolongará por los siglos. Pero la peculiar forma en que cada una de sus batallas se libra, no debe hacer nunca perder la conciencia de que no es ella episodio aislado, sino pieza de conjunto. Sirva como ejemplo recordar, aunque algunos se horroricen, que es preciso atender a lo no desvinculable de hechos como que en 1861, el presidente Benito Juárez suspendiese los pagos de la deuda externa mejicana y en la segunda mitad del siglo XX, nuevos Presidentes, Fidel Castro o Alán García hayan tenido que seguir pronunciándose sobre la misma en otros países.

A imagen y semejanza de ese caso debe entenderse siempre el particular tejido que enlaza historia y presente en la Comunidad Iberoamericana. Si, como quería Dilthey, revelar las conexiones de sentido es lo determinante para que tenga fuerza de vida la tarea de historiador, esa exigencia se agudiza hasta el infinito en la captación, por aquella Comunidad, de su propia identidad.
Somos una Comunidad, contamos con una peculiaridad básica ensambladora que está resistiendo guerras, pobrezas, asaltos, zarpazos internos y externos, contradicciones y egoísmos propios y ajenos. No es nuestra debilidad sino nuestra fuerza que no pueda encajársenos en comunitarismos sólo políticos o económicos. No es fractura sino viga disponer de varias lenguas, razas o tradiciones y no lo es porque hemos sabido acuñar su forma de articularse. Podríamos ser los portadores del mensaje del valor vital del hombre en el mundo en cuanto hombre. ¿Queremos serlo?

José Manuel Pérez-Prendes Muñoz-Arraco

Texto publicado en la obra "Iberoamérica, una comunidad" año 1989

domingo, 30 de octubre de 2016

Borges, la madre católica



Mi madre era criolla, era católica, pero católica a la manera argentina, es decir, más una cuestión social que teológica. Mi abuela inglesa, era de tradición protestante, predicadores metodistas. Ella sabía de memoria la Biblia. Ud. le recitaba un versículo cualquiera y ella le decía, sí, Libro de Job, capítulo tal, versículo tal y seguía adelante. Entre los protestantes hay mucha gente que conoce de memoria la Biblia. En los hoteles, por ejemplo en Inglaterra, en Escocia y en Nueva York también, siempre en el cajón de la mesa de luz hay una Biblia. Y además las citas bíblicas que serían pedantescas en castellano, son comunes en inglés. La gente continuamente está citando versículos de la Biblia o frases bíblicas, y eso no resulta pedante. En cambio, en los países católicos resultaría forzado. De modo que mi abuela era muy religiosa, metodista. La familia de mi madre era católica, como dije, a la manera de los países latinos, de un modo superficial.

Jorge luis Borges


Repúblico Hispano: Los pedazos del jarrón hispano

25_Espanol_Flag_Icons
Hace unos días abrimos un chat de reflexión geopolítica en una red social, concretamente en la red social telegram. Ese chat o foro lo abrió el autor de este blog, Hugo Fdez “Felguerinos”, como administrador, y lleva el título de un viejo blog suyo -abandonado durante un tiempo y luego reconvertido en una sección de otro blog- “El Repúblico Hispano”. Lo recuperamos de nuevo y aclaramos que el término <<repúblico>> se ajusta a la segunda acepción del RAE y no ningún fundamentalismo democrático. El objeto del blog es recopilar periódicamente la síntesis de las conversaciones del foro que se dan en torno a los diversos asuntos y acontecimientos políticos, los que entendamos más destacables, a lo largo de la región hispanoamericana (incluimos a España como miembro de esta región). Los integrantes del blog somos: Héctor Ortega, Otón Fdez, Raúl Muniente, Julián Sánchez y el que esto escribe. También habíamos integrado en el grupo inicial de análisis al politólogo Santiago Armesilla, pero se dio de baja a la mañana siguiente de la conformación del foro sin dar razones de ningún tipo. El mismo día se publicó el video de una intervención suya en la escuela de verano del grupo derechista DENAES, tras su visionado nos quedaron claras las razones de su salida. Esperamos que el grupo de analistas se vaya ampliando con el paso del tiempo.
El grupo de analistas que integran el foro comparten una serie de coordenadas de análisis histórico-político a la hora de enfrentarse a los asuntos políticos de la Comunidad Hispánica: hay un fondo filosófico común, un herramental de análisis, procedente del Filomat (materialismo filosófico) del filósofo Gustavo Bueno, recientemente desaparecido. También hay una idea, mejor dicho, un norte político común: la Comunidad Hispánica como sujeto político dentro de la futura mundialización. Entendemos que las diecinueve repúblicas hispanoamericanas y la monarquía parlamentaria europea de España, a pesar de que las mismas partes se crean ajenas unas a otras, dentro del orden mundial son manejadas como un conjunto y bajo una misma estrategia política: mantenerlas divididas y débiles, aplicarles la vieja divisa imperial romana, divide et impera, especialmente por parte del mundo anglosajón. Nuestro punto básico, nuestro punto de partida, es que el mundo anglosajón y europeo nos conciben como una unidad cuando plantean sus programas y planes políticos, mientras que, paradójicamente, nosotros no entendemos ajenos unos a otros. Ése es su plan político: proyectar sobre el bloque de la Comunidad Hispánica la división y el enfrentamiento. Conseguir convencernos que no somos el bloque histórico que realmente somos. En estos últimos siglos su triunfo ha sido total.
No es una visión gratuita. No es un delirio de un grupo de hispanos (no todos somos españoles, ya que en nuestras filas discute un chileno. Y esperamos más incorporaciones de nuestros hermanos americanos) con sueños imperialistas. Esta forma de ver las cosas tiene un anclaje científico. Es una proyección al campo político de un nuevo enfoque dado en el campo historiográfico. Una nueva hornada de historiadores, tanto españoles como hispanoamericanos, ha dado un giro al punto de vista del estudio de las independencias en sus trabajos historiográficos con motivo de la celebración de los bicentenarios del surgimiento de las naciones iberoamericanas. Si en los centenarios se celebró por parte de la historiografía el “hecho nacional”, el orgullo de la Nación política que se libera del poder opresor imperial. Unas naciones que estaban sepultadas por una superestructura ajena y consiguen liberarse de sus cadenas volviendo a ser célula eterna de representación política. Hoy los historiadores dan la vuelta a esa visón nacionalista, bajo el punto de vista de la nueva historiografía las naciones no serían esencias eternas secuestradas y unificadas todas bajo un superestructura, igualadas todas bajo el mismo manto de opresión, sino que las actuales naciones serian los restos de un estructura anterior: la Monarquía Hispánica. Según esta nuevas coordenadas historiográficas habría que entender las historias nacionales no desde la historia particular de Colombia, de Venezuela, de México, del Perú o la propia España, sino desde el propio conjunto de la figura política común del antiguo régimen que fue la Monarquía Hispánica. Habría que ver las actuales naciones y sus Historias como si fuesen las partes de un hermoso y gran jarrón caído al suelo; trozos desperdigados, lejos unos de otros, pero cuya identidad es la unidad del jarrón.
Nuestro objetivo es muy modesto: un simple blog que recoge las discusiones de un foro de una red social, pero ambicioso en la estrategia de análisis: proyectar este punto de vista de la historiografía sobre el campo político de la Comunidad Hispánica. Somos conscientes de que levantaremos alguna sonrisa paternalista -Armesilla continuará comparándonos jocosamente con alguna de las escenas de la vida de Brian- pero persistir en nuestra visión geoestratégica es nuestro humilde grano de arena a la gran tarea hispánica.

H. F. Felguerinos

[Recuperamos los textos del blog de Wordpress El Repúblico Hispano]

Entre gachas y hembras

  
   Venga, chicas —dijo Ramira—, que Maleza va a hacer gachas para todos.
   —Dadme un mandil. —Mejor es que te quites la guerrera.
   —Hombre, claro, pero dame el mandil.
   —¿Te vale esta sartén? —le enseñó Antonia la rubia.
   —Qué va, con ésa no hay pa empezar.
   —Aquella grandona —señaló Ramira.
   Una mujer ya de edad y con varices gordísimas, descolgó, poniéndose de puntillas, una sartén regimental.
    —Verás como ésta sí le tercia.
   —Ésa sí. Las gachas no importa que sobren. La Ramira le puso un mandil blanco con su petillo. Trajo Antonia un gran botellón de aceite y echaron en la sartén.
   —Bueno, con éste hay harto. Encendedme el fuego bajo. Que no me gusta guisar a la moderna.
   En la chimenea baja había cepujos y romero algo húmedo. Costaba trabajo prenderlo, pero uno de los guardias civiles se puso en cuclillas sobre la leña y sopló con tanta fuerza y constancia, que vencieron las llamas. Un humo con olor a romero mojado cuajó la cocina. El guardia, desconfiado, siguió soplando todavía un rato con las mejillas muy coloradas y las manos en el suelo, dispuesto a no dejarse arrebatar el logro flamígero.

   —Echa un chorreón de aceite sobre los cepujos y verás cómo cunde en seguida —dijo el otro guardia.
   Así lo hicieron y las llamas tomaron aumento. Colocaron encima la sartén bien medida de aceite.
  —Muchachas, a ver si me cortáis el tocino bien fino.
  —¿Así, mandón? —dijo una de las mujeres que había puesto una hoja de tocino blanco bien beteado sobre la mesa, mostrándole una loncha entre los dedos.
  —Más fino y más corto, so basta.
  —Pues cualquiera diría que tú eres un señorito.
  —De tocinos y gachas, desde luego.
 —Menos mal que queda un poco de hígado de cerdo —dijo Antonia sacando de la alacena una fuentecilla de barro.
   El humo del aceite, de los cepujos y del romero empezaba a dominar la cocina. Los civiles en pie, con las manos en las caderas, miraban el fuego y el operar de Maleza. De cuando en cuando, una gota de lluvia caía en el aceite y chillaba. Maleza, con el cucharón en la mano vigilaba el freír, y Antonia junto a él. El fulgor de las llamas granaba su cara blancarosa, y salpicaba especiales destellos de sus ojos clariones. Maleza le echaba reojos a sus brazos arremangados y cruzados bajo sus tetas reinadoras, que asomaban las cejas por el escote medio desabrochado de su bata blanca.
  La mujer de las varices se acercó una fuente en cada mano. La del hígado de cerdo y la del tocino.
  —Tú espera a que el aceite esté a punto. Yo aviso. No hace falta que eches tanto tocino. Luego se fríe el que haga falta… Y tú no te menees de mi lado. Y cuando yo diga, lo echas.
  Maleza, a pesar del mandil blanco y el cucharón en la mano, no parecía cocinero, sino vigía. Lo único que trabajaban eran sus ojos clavados en el aceite y alguna vez en el escote carmín de la rubianca. Pero ella parecía indiferente y sólo atenta a la fritura. Él era el héroe de la fiesta cocinera y todos seguían sus movimientos y aguardaban sus órdenes. Maleza, que antes que guardia fue viñero, tenía la adoración de la comida. En la adolescencia aprendió a hacer gachas, la comida de los pobres tomelloseros, y era su mejor saber. El punto de cuajo de las gachas y el tocinole cristalizó con su hechura de hombre, y hacerlas era para él un rito y una inconsciente revivencia de su mejor edad y de sus mayores padecimientos. Días y días de la semana, entre fríos y fuegos, a gacha sola. Después de trabajar desde que el sol salía, había que apañarse la comida en el tosco fogón de la quintería, o en el bombo. Por si el hambre era poca, había que pasar por el cría salivas de hacerse uno su propia comida paso a paso. Ahora sólo guisaba para los amigos, los días de jarana o festejo especial. Y junto a la satisfacción de verse admirado como gachero mayor, sentía un especial repeluzno por los recuerdos de su mocedad desvalida, de su crianza con gachas en todas las hazas del término.

   Ahora, mujer. Ves echando con cuidado. Que ya está en su punto de hervor. Al caer el tocino y el hígado en la sartén, el aceite saltaba entre nuevos humos provocados.
    —Podías haber apartado un poco la sartén, que me voy a freír yo también.
    —Tú aguanta y echa despacio. Ramira, ayudada por la otra mujer, un poco encorvada y de ademanes muy minuciosos, pelaba los ajos y los partía por la mitad. Maleza, ahora, un poco retirado de la sartén, movía el cucharón dentro de ella con mucho pulso. Todo lo que había en el aceite parecía movido a la vez y con igual ritmo. Y al tiempo que movía abría las narices para cazar el punto exacto de la fritura. Los guardias civiles, sentados ahora junto a la mesa, bebían vino de un porrón verde y pinchaban aceitunas aliñadas.

Antonia la rubia, no perdía maniobra de Maleza. Parecía embobada por su pulso para cocinar. Estos escenarios de las cocinas antiguas también se van. Como se van las moscas. Como se fueron los calzoncillos largos y las gallinas de corral. Como se fueron las redinas del aceite, los toneles con caña cortada a sagita, las pelerinas, los colchones de lana, las abarcas, los puntilleros, los pantalones con mandilillo, las sayas bajeras, los refajos, los escriños, las cestas de mimbre, las cantareras, los botijos, los caramelos de malvavisco, las cencerradas, los judas, los ramos del domingo, los mayos, las canciones de carro, los viejísimos borricos, los cueros de vino, la pez, los senojiles, los aciales, los irrigadores, los yugos de mulas, los platillos de las galeras, las hoces, los trillos de pedernal, las jofainas, las escribanías, las prensas de mano, las destrozadoras, los carretones cuberos, el papel de fumar, las fajas, las petacas, los pucheros, las orzas, las esteras de esparto, las vigas de aire, las fresqueras, los aguarones, las riostras, los tiros, los cabezales, las barrigueras, los horcates, los cascabeles, las galeras con miriñaque, las maromas del pozo y los entierros con caballos. Una cocina de éstas es ya un cuadro antiguo puesto al fondo de una galería.
   —Bueno está ya —dijo Maleza apartando la sartén ayudándose con las dos manos. Y con el cucharón fue sacando las lonchas de tocino doradito, casi retostado, y los trozos de hígado. Todo muy menudamente y pausado hasta que el aceite quedó totalmente limpio.
   —Venga, chicas, esos ajos. Volcaron el plato de ajos en el aceite y volvió la sartén al fuego. Los movía lentamente, pero sin cesar. Le importaba que se pusiesen dorados, nada más que dorados. El quemar los ajos es de mal gachero.
  —Tenedme preparado el pimentón y la harina de titos, aquí a mano. (Que allí a las almortas le llaman «titos» y a las sandías melones de agua). Ramira le acercó un plato pequeño con el pimentón y una gran fuente con la harina de almortas.
   —¿No estará húmeda esa harina?
  —Qué va, chalao —dijo ella—, sabemos lo que tenemos entre manos. Y con sus manos largas y blancas, palpó y subió al aire la harina verde clara, casi amarilla, crujiente.
  —Mira, ni se pega a los dedos. So guardia. —Así me gusta.
Apartó la sartén, sacó los ajos y echó la harina. Y al contado, esparciéndolo bien, el pimentón, que en seguida formó en el aceite una especie de barro sanguino que Maleza removió y aplastó con mucha habilidad y aceleró hasta que adquirió un aspecto pastoso y ligeramente tostado.

  —Que está ya sofrito. Traedme un jarro de agua.
   Apartó la sartén, esperó a que se posase un poco el aceite y con mucho pulso echó el agua fría a chorro medido. Movía Maleza muy de prisa el revuelto y la mujer echaba otro chorrete, hasta colmar la medida necesaria y evitar que se hiciesen burujos, que allí llaman burullos. Echó las especias del especiero que le puso a mano la Antonia: orégano, pimienta negra y alcaravea, además del hígado frito bien machacado en el mortero y volvió la sartén al hogar, sin dejar de mover el cucharón hasta que se trabasen y echasen gorgoritos, que esto llaman el peer de las gachas. Una vez que el aceite emergió a la superficie, las dejó tranquilas con su pedorreta. Al que no le peen las gachas o tiene que reecharles agua, es cocinilla o mal gachero. Y no digamos si le crían espuma. Ya lo sentencia el cantar:

Las gachas con espumilla
son blandas o saladillas.

Cuando los gorgoritos fueron más lentos y tramitados y el aceite compuso rodalillos rojizos muy aparentes, Maleza apartó la sartén, y ya tranquilo dijo a su pinche:
  —Antonia, hija, tráeme un vaso de vino.
  —No faltaba más.
  Le trajo el vaso de vino y un pepinillo en vinagre pinchado en un tenedor. Al tomar el vaso le tocó la punta de los dedos a la rubia, y ésta, simulando mala idea, le metió el pepinillo en la boca con cierta furia. Maleza le guiñó un ojo, Antonia infló un poco las narices y él, como agradecido, se bebió medio vaso de vino de un trago. Luego se colocó un «celta», lo encendió arrimándole un tizón y se volvió a sentar en la silla baja, junto al fuego, para mirar el lento chapoteo, el suave hervir de aquel puré color tierra clara, miel oscura, con vetas rojizas y nervios de grasa, que levantaba borbotones pequeños y aceitosos, con reventones cada vez más lentos y acompasados
   —Venga, el tocino es cosa vuestra, mujeres. Idlo friendo en la cocina de butano, con el aceite bien hirviendo, hasta que veáis los bordes retorcidillos… Dejad unas pocas tajadas más gordas y menos fritas, que hay gustos para todo.

   A pesar de la oscuridad del día —la lluvia no amainaba— la cocina parecía alegre con tantos fuegos y figuras, con las risas de las mujeres, con aquel cacharreo y acción. En su mesa, los dos civiles seguían sentados bebiendo y fumando, con los ojos un poco animados, pero en silencio. Y Maleza, como rey de todo aquel mundillo de humos y humanidad suave. Antonia, la nórdica, le cuidaba el vaso y así que lo veía menguado reponía hasta el borde y le traía aceitunas o algún otro convinaje. El cabo, sofocado por la proximidad del fuego y oliendo a aceite y a romero quemado, le echaba reojos retadores a toda la fornitura de su cuerpo largo. Unos minutos después, ayudado por un civil, tanto pesaba la sartén, la llevaron del mango hasta la galería. La pusieron en la parte de la solanera que señaló Ramira, junto a unas grandes mesas bien abastecidas de panes, navajas y porrones de vino. Vino blanco de pasto, recién desentinajado, con la blandura que le da no haberlo movido y el humano fresco de la cueva.
   Maleza se quitó el mandil e incorporó al corro presidido por don Sebastián, que al contado se trasladó junto a la portentosa sartén. Antonia tocó una campana que había en el extremo de la galería y por todas las puertas empezaron a llegar chicos y jóvenes de varias edades. Los había rubios, cetrinos y una pelirroja; la mayoría castaños.
   —A los chicos pequeños echarles en platos —ordenó Rosa María a las otras. Cada comensal se proveyó de un cantero de pan bien sentado y una navaja.
   —Amigo Maleza, tú que has sido el artífice, lanza la primera sopa. Es lo suyo —dijo don Sebastián.    

   —No faltaba más. Primero los señores —dijo el hombre, muy fino.
  —De ninguna manera. Déjate de señores. Tú primero. ¿Verdad Manuel que se lo ordenas? Plinio sonrió:
  —Venga Maleza, inicia: sopa y paso atrás. El cabo cortó con mucha pulcritud una sopa casi ovalada, con su poquito de corteza. Pinchó en ella la navaja, dio dos o tres pasos hasta la sartén, que con uno no había harto. Se inclinó, y con mucha limpieza metió el pan por su rodal, tomó gachas hasta cubrir la sopa entera y se retiró a su puesto en el corro.
  —Muy bien, ahora las señoras — dijo don Sebastián sin doble intención… o con ella. Vaya usted a saber.
    Y todos, ya con orden y alabando la mano gachera de Maleza, empezaron a dar su paso adelante y a mojar la sopa.
Francisco Gª Pavón 



Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

sábado, 29 de octubre de 2016

Triángulo universal

Los teoremas de trigonometría afectan a los triángulos en sus diversas especies; el teorema: «la suma de los tres ángulos de un triángulo es igual a dos rectos» vale para todos los triángulos, equiláteros, isósceles y escalenos; incluso el teorema de Pitágoras, que apareció referido a un triángulo isósceles, mitad de un cuadrado, vale para los triángulos equiláteros puesto que todo triángulo equilátero puede considerarse compuesto de dos triángulos rectángulos, cada uno de los cuales satisface el teorema de Pitágoras. Luego la estructura genérica «triángulo pitagórico» puede considerarse presente en todo triángulo, cualquiera sea su especie, y aunque el triángulo universal no sea un género jorismático. Porque él es un género intensional común a las tres especies, extensionalmente disyuntas del triángulo universal. Por ello, aunque no pueda dibujarse («representarse») el triángulo universal, cualquier triángulo asume (en ejercicio) los teoremas trigonométricos, no por mera acumulación inductiva de sus especies, sino por su estructura, que hace que las propiedades trigonométricas intensionales sean universales o comunes (genéricas) para todas las especies de triángulo, aunque estas especies sean disyuntas extensionalmente.

Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

jueves, 20 de octubre de 2016

New york Girl









Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

MasqApts: El jardin del bien y del mal


Este pasaje es terrible. ¡Qué terribles fueron los años 2000!  Hasta un filósofo de la altura de Gustavo Bueno cayó bajo el influjo del mal. No se puede soportar tanta mentira como la que venimos soportando desde esos años, cuando los EEUU se quedaron solos al mando del mundo. Decía el filósofo Juan Bautista Fuentes Ortega (JBFO) que Aristóteles, el mismísimo Aristóteles, recomendó a Alejandro que cuando se encontrase en sus campañas militares tomase otras ciudades, tratase a las poblaciones como "a la flora y la fauna". JBFO señalaba aliviado, "afortunadamente Alejandro no hizo caso al gran filósofo".

Alejandro decidió hacer oídos sordos a los consejos de su maestro y a la menor oportunidad se plantó ante sus generales con armas macedonias sobre un vestido persa, causando la irritación de los caudillos militares de su ejército. Ahí empezó la idea del "imperio generador". Alejandro decidió incorporar las tradiciones de los vencidos, no tratarlos como bestias, como  a la "fauna y flora", sino como súbditos, igual que a sus soldados macedonios; se hacía la guerra para para elevar a sometidos y sometedores, aunque éstos últimos no se diesen cuenta,  a una nueva forma de ciudadanía que nacía de la mezcla de ambos. Esta línea que abre Alejandro la seguirá Roma, la Monarquía Hispánica (por eso es tan absurda la crítica de estos días) y la Unión Soviética. Cada imperio trataría de integrar a las poblaciones que se encontraban a su paso, cometiendo a veces injusticias e iniquidades, pero con unos fines generadores que además de transformar al otro, al extraño, acababan transformando lo propio: los romanos generarán ciudadanos del imperio; los españoles, cristianos; los soviéticos, comunistas.

Sebastian Hafner, periodista alemán liberal, profundamente anticomunista, señala en su pequeña obra "Pactar con el diablo"que trata las relaciones de Alemania con Rusia/URSS durante el siglo XX,  que cuando llega la hora del enfrentamiento en la <<Operación barbarroja>> de 1942,  los dos modelos, el alejandrino y el aristotélico, estaban enfrentados en los campos de batalla de Europa del este. Los soviéticos tenían como objetivo transformar en  comunistas a los alemanes; los nazis, por el contrario,  veían a los rusos como ganado al que utilizar y sacar provecho económico. Para ellos los eslavos no eran hombres, sólo tenían condición de hombres aquellos que poseían el fenotipo racial germano. Era una Humanidad, la entendida desde el punto de vista aristotélico, reducida a un grupo cerrado.

En este fragmento vemos la arrogancia del filósofo. Aquí Gustavo Bueno (GB), jugando con el burladero del enfrentamiento ética vs política, y por la frivolidad de vencer en una justa intelectual, justifica un guerra injustificable, ya no desde el campo de la ética, sino de la política. GB usa todo su instrumental para justificar el mal. Y lo que es peor, rompe con toda la tradición alejandrina hispánica (muchos de los conquistadores habían leído la vida de Alejandro o textos relacionados con el mito alejandrino). Si Vitoria, Molina, Sepúlveda (se paró una conquista para discutir en Valladolid si se trataba a los indígenas como "flora y fauna" o como hijos de Dios. Y se decidió que eran hijos de Dios) o Feijóo escuchasen a GB justificar la guerra de este modo, abominarían de él. Porque en este fragmento GB sólo presenta como "finis operis" de la guerra factores económicos, es decir, tratar a las poblaciones atacadas como recurso económico, como "flora y fauna", sin ningún objeto de racionalidad política superior.

Puede que esto guste a Pedro Insua y ciertos sectores de Nodulo Materialista, pero es una de las perores intervenciones de GB. Uno de los momentos en los que se encontraba más perdido. ¿Alguien se imagina a Feijoo defendiendo a Maquiavelo? Esto decía el bueno del fraile en su discurso "La política más fina": "Lo que estamparon en sus libros Maquiavelo, Hobbes, y otros Políticos infames, es lo mismo que a cada paso se oye en los corrillos: que la virtud es desatendida: que el vicio se halla sublimado: que la verdad, y la justicia viven desterradas de las Aulas: que la adulación, y la mentira son las dos alas conque se vuela a las alturas. Suponiendo, pues, que éste sea error, debe colocarse en el catálogo de los errores comunes; y el demostrar que lo es, será el asunto de este capítulo, dando a conocer contra la opinión del mundo, que la Política más fina, y más segura, aun para lograr las conveniencias de esta vida, es la que estriba en justicia, y verdad." La virtud existe en la guerra, dice fray Benito, y dice verdad. Una guerra se emprende por una razón política que tiene un proyecto de integración, de elvación, de las poblaciones sometidas que va más allá de su utilización como recurso económico.

Que me expliquen los aplaudidores de estas palabras de GB, como Insua y otros, dónde está la virtud en la guerra de Irak. La acción militar en Irak fue una acción rapaz, depredadora, y  ha ido empeorando a medida que ha pasado el tiempo. Comenzó siendo una guerra keynesiana, de estricto carácter económico por el control de líneas comerciales y zonas petrolíferas.Pero con el paso del tiempo, ante la impotencia de un Impero en declive como le de EEUU, se promovió una polítoca del caos destruyendo Estados, desequilibrando una zona, institucionalizando la tortura, el exterminio de poblaciones, la falsedad informativa. ¡¡¡¡Qué justificación tiene esto!!!!

Yo he comentado muchas veces con Raúl Muniente Sariñena el horror que fueron estos años, y el predominio en ellos de la filosofía de Leo Strauss, verdadera filosofía del mal. Esos años era como pasear por el jardín del bien y del mal, y los árboles más apetitosos, los más atractivos, eran los más ponzoñosos. Espero que Raúl ( o Héctor) desarrollen estas ideas que me han comitado en pettit comité. La ponzoña straussiana caló profundo en muchos miembros de Nódulo.

(ver minuto 34)


F.

Razones para no salir de casa...






Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

Razones para no salir de casa...






Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

miércoles, 19 de octubre de 2016

MasqApts: De una TV, de un país



Hoy han abucheado a Felipe González en la Universidad Autónoma de Madrid. No es la primera vez. Ya lo hicieron, en la misma Universidad Autónoma, en marzo de 1993. Era tiempo preelectoral y se estaba en medio de una precampaña -las elecciones eran en junio- llena de casos de corrupción (que tanto recuerda a lo de ahora), al final volvería a ganar la PSOE. De aquel incidente de Felipe González en la Autónoma nace, sin que hubiese voluntad en el presidente, el famoso "yo he venido a hablar de mi libro" de Paco Umbral. La mítica frase la dice en un programa de Mercedes Milá, "Queremos saber" en Antena 3, que trata sobre los incidentes de la autónoma. Umbral había publicado un libro sobre la última década socialista y lo llevaron allí con el engaño de que se hablaría de su obra, pero se encuentra con una clase de estudiantes aznaristas analizando los abucheos de la Autónoma, y monta en cólera armándole el conocido pollo a la Milá. Además, y esto es lo más interesante, hace un ejercicio profético de la basura en la que se convertiría la TV. Sólo hay que comparar los programas de entonces y de ahora para ver que, como bien apuntaba Umbral, la degeneración ha sido total. Comparar hoy el debate de la Sexta Noche con La Clave, que por entonces emitía Antena3, da ganas de llorar. La propia trayectoria de Mercedes Milá, que empezó jugando a periodista seria, como de la BBC, y que acabó de sesentona enseñando las bragas en Gran Hermano dice todo de una TV y de un país. Merece la pena escuchar el cabreo de Umbral más allá del chascarrillo del "vengo a hablar de mi libro".


F.

MasqApts: Oliveros altivos


"¿Y negra no tienes?" Eso me dijo la chica de Porto Alegre de la foto. Tras enseñarle aceitunas verdes ayer para su nuevo y coqueto bar. Todo un navajazo en mi línea de flotación, acostumbrado a intentar vender las negras, cuando ya me había rendido y sólo ofrecía las verdes en los bares y restaurantes.



No sé si os ha pasado alguna vez que algún listillo os habrá dicho, "no se dice olivas, se dice aceitunas". En realidad no es que aceituna y oliva sean lo mismo. Son distintas variedades. La zona romanizada de la extinta corona de Aragón fue objeto de un plan exhaustivo de cultivo del Imperio Romano de la aceituna negra aragonesa, llamada Empeltre precisamente porque le cuesta horrores hacer raíz y es mucho más sencillo hacer injertos. Oliva es una palabra latina, viene de ahí. Sin embargo, aceituna viene del arameo zeytun. En rigor, en España no hay aceitunos, sino olivos. Las aceitunas las traían de debajo del Peñón. Por mucho que censuren decir olivas, los andaluces tienen olivares, no aceitunos.

Los franceses, concretamente ese engendro que fueron las tropas napoleónicas arrancaron todos los olivos de aceituna empeltre de Aragón. En un avance de su actual morunización, demostrando en este punto aquellos rumores que apuntaban a que Napoleón era el AntiCristo e iba contra toda la obra romana. De hecho, a día de hoy, nuestra legislación mesetario-afrancesada-mahometanizante sólo permite el uso del término aceituna de mesa, oliva no es de curso legal. Oliva se mantiene oralmente entre los romanizados peninsulares resistentes a toda esa égida bárbara con careta de ilustración venida desde encima de los Pirineos desde hace doscientos años. El olivo viene todo de Asia Menor.

La cuestión es que los simpáticos moretes la tenían más en plan silvestre, acebuche, mientras que los romanos empezaron a cultivarla a conciencia. Imagino que escogerían la negra porque tiene un rendimiento mucho mayor de aceite que la verde (un veinte tres por un quince o similares). La cosa no acaba aquí. Si te fijas, en América, bueno, en Argentina (Mendoza-La Rioja) donde está concentrada la mayoría de la producción, destaca la oliva negra aragonesa Empeltre, a donde la llevaron ¡los jesuitas españoles, esos adalides de la continuación de la romanización y de la lucha contra la hidra napoleónica!. Bueno miento, tienen también una llamada Arauca que dicen que es propia argentina. Creo que es una de origen sevillano que muta por aquellas tierras. Por cierto, y no sé si viene a cuento, pero por Mendoza tienen olivos de 430 años que todavía producen. Todo esto viene, no sólo para entretenerme un poco de la aridez de vender únicamente hablando de precios y llorando por la incipiente mercadonización española sino por si algún día alguien os dice todo eso de "no se dice olivas, se dice aceitunas", y hay mucha gente delante, podeís pasar a merendaos con pan y aceite a vuestro interlocutor.



Todo esto ya lo sabía, pero tuve una iluminación mientras la brasuca me decía lo de, para mi contenida emoción "¿Y negras no tienes?" Las clases populares de la extinta corona aragonesa siempre comen oliva negra. Sin embargo, la burguesía catalana, no se yo si para distinguirse ni para que demonios, empezó a tomar la Caspe, que es una sevillana verde que injertaron en el Bajo Aragón. Es una aceituna muy amarga, quizás apta para aportar un poco de emociones fuertes a la vida burguesa, y que, prácticamente creo que es la más cara del mundo, la que más se le paga por kilo al agricultor. Es la aceituna que come el convergente. La que iba el mayordomo o la criada a comprar al mercado de propio. Lógicamente desde el affaire Pujol ha caído bastante su consumo. Aunque Quim Monzó se sigue comiendo un kilo semanal.

Pero vayamos al núcleo de mi iluminación aceituno-filosófica. La negra de aragón, que ya hemos recordado que técnicamente se llama Empeltre, es la que más se vende en los mercados municipales menos expuestos a la inmigración andaluza y su configuración pujoliana como ghetto. Prácticamente el doble que las demás, por cierto. De ahí deducimos que la gente, la mayor parte abuelos, tiene que tomarla en su casa, en privado. Parece que los jóvenes se hayan pasado a la aceituna verde. El Gobierno de Madrid ha triunfado en este proyecto en parte por la homologación que imponen los bares entre la gente joven. Ningún bar pone negras porque la mitad de la gente, los barceloneses de raíces andalusíes tienden a una especie de inadaptación típica islámica, basada en que sólo se comen sus aceitunas. Sin embargo, los comedores de oliva tradicionales de la extinta corona de aragón, más jesuíticos, se comen las verdes sin problema alguno. Los tiempos cambian despacio, pero están cambiando. La brasuca de Porto Alegre, que pilló el bar hace 35 días, me hizo ver, para mi vergüenza de homologado, que cada vez hay más camareros conscientes, de que si bien, sólo la mitad de sus clientes se comen las negras aragonesas, son los más fanáticos, leales y resistentes. Las Cup debería tomar menos nota de castellanos conversos y más de gente como ella.


Raúl Muniente Sariñena

[Robamos este texto a Muniente de su muro del facebook por su interés gastronómico político]

martes, 4 de octubre de 2016

Repúblico Hispano: La urdimbre del siglo XXI: la disolución nacional y las nuevas tecnologías

Mapa de cables de fibra óptica mundial


Para hablar de una figura como la Comunidad, entendiéndola como posible figura política protagonista de este siglo, hay que acotar los cambios tecnológicos que están degradando el Estado-nación y la idea de ciudadanía. Gustavo Bueno en su libro El mito de la izquierda explica que el paso de la sociedad estamental de Antiguo Régimen al Estado-nación o Nación política, se hace por un juego de proyección entra la política y lo científico. Los revolucionarios franceses se inspiraron en las ciencias fuertes, ciencias cerradas como la química, para aplicar su racionalidad al mundo político. La Gran Revolución trituró la sociedad estamental del Reino de Francia - un voto por estamento en las Cortes del reino-, hasta convertir a sus componentes en individuos atómicos, en elementos de la tabla química de Lavoisier, en ciudadanos a los que se les otorga una carta de derechos que, como los átomos por si solos no pueden hacer política sino que tienen que agruparse en un conjunto, se organizan en la Nación política soberana. Es la base ideológica de la figura institucional que nos ha representado políticamente estos dos últimos siglos. Una ideología que nació con el florecimiento de las ciencias fuertes de los siglos XVII y XVIII, con aplicaciones técnicas como la máquina de vapor de James Watt patentada en 1769, veinte años antes de la Gran Revolución en Francia.

El gran acompañante tecnológico, el que le dio fuste y vigor, de la Nación política fue el ferrocarril. Es el patrón tecnológico que permite a la Nación política marcar su territorio. Por medio de la expansión de la red ferroviaria, los nuevos gobiernos nacionales soberanos irán apoderándose del territorio nacional, controlándolo con las comunicaciones rápidas, preparándolo para el modelo económico burgués del siglo XIX. Durante los dos siguientes siglos todas las innovaciones tecnológicas tendrán esa escala nacional: telefonía, redes de carreteras, radios, televisiones… Todos los medios de comunicación de masas de la segunda parte del siglo XX se amoldan a dichos parámetros, con la excepción que confirma la regla de los satélites y una mínima conexión internacional por medio del telégrafo y las comunicaciones telefónicas –avanzado ya el siglo XX- internacionales. Eso se rompe en 1987 con la explosión en el mundo financiero del Big Bang comunicativo con la informatización de las plazas financieras, promocionado por la dupla anglosajona Thatcher y Reagan. Es en el ámbito de las finazas en el que se aplicará en la esfera civil algo que se venía estudiando en el campo militar desde hacía años. El germen de la sociedad 2.0 que hoy conocemos fecha su núcleo en esas décadas de finales del siglo XX.

La malla digital



El principal impacto tecnológico en lo que va de siglo es la digitalización y la aparición de las redes sociales. Se da la paradoja de que pensamos que las comunicaciones del mundo se organizan como nuestra red wifi casera. El usuario final piensa que son los satélites con sus ondas los que mantienen conectado al mundo por medio de Internet. No es así, es como si confundiésemos el grifo con el sistema de tubos de canalización del agua. Los sistemas wifi son las salida (de un radio muy corto), el grifo en forma vulgar, de un sistema de canalización en el que la información circula por una inmensa malla de cables que se ha ido tejiendo desde finales del siglo xx. Una malla de cables de fibra óptica, material de óxido de silicio de los que están hechos dos tubitos concéntricos, revestimiento y núcleo, con un índice de refracción ligeramente diferente, y por cuyo núcleo viaja la luz gracias a un proceso que se llama reflexión total, substituye al viejo material de cobre. Por este sistema se transmite gran cantidad de datos -el famoso ancho de banda- a la velocidad de la luz a enormes distancias. El noventa y nueve por ciento de la información que circula por la tierra lo hace por cable de fibra óptica -los satélites se usan sólo para zonas remotas a la que es muy costoso lanzar cable- que envuelven al mundo.



El mapa de cables de fibra óptica submarina que tenemos arriba es un borrador que nos puede decir muchas cosas interesantes sobre el futuro. Podríamos entenderlo como un boceto, un croquis, de lo que podría ser la construcción del edificio geopolítico del siglo XXI. Hay que tomarlo con prudencia. Este boceto podría ser parecido al de la construcción de una de esas viejas catedrales que encontramos en nuestra ciudad. Aquellos proyectos del siglo XVI en los que se dibujaban los planos, pero miles de cosas podían ocurrir cambiando sustancialmente el proyecto: un crisis en el cabildo que hiciese que la catedral que iba a tener dos torres al final tuviese una, como la de Oviedo; o que hubiese una guerra, y por los muchísimas interrupciones y retrasos, el estilo de construcción final nada tuviese que ver con el estilo diseñado en los planos quedando una artística e histórica mezcolanza. Pero lo que está claro es que se necesitan más cables para mejorar la conectividad del mundo, y estos cables se organizan de una manera especial: en mallas.

Una malla digital tiene dos momentos que van conjugados: hay una urdimbre física de cables de fibra óptica, que se despliega como el conjunto de hilos colocados en paralelo y a lo largo en el telar para tejer sobre ellos la trama del tapiz, hay unas instituciones que se ocupan de mantiene en servicio y reparar los desperfectos de la malla, además de controlar y guardar la información que circula por ella, al moverse en un espacio que desborda la escala del Estado-nación se convierten en instituciones transnacionales, verdaderamente transnacionales; y después está la trama de comunicaciones que se produce en esa urdimbre de fibra óptica, relaciones de individuos con individuos -que no tienen que pertenecer a la misma Nación política-, relaciones de comunicaciones de máquinas con máquinas (la mayor parte de las comunicaciones en la red son conversaciones entre máquinas), de individuos con máquinas, de individuos con objetos y máquinas con objetos, toda una trama digital envuelve los territorios (capas basales en terminología buenista) redefiniéndolas y suturándolas, una trama que difumina a la capas conjuntivas de los Estados, encargada del poder ejecutivo, legislativo y judicial, y las capas corticales (poder militar que ya no es nacional por la OTAN, poder diplomático y poder federativo).

Malla digital anglosajona


Las mallas se asientan sobre los viejos espacios imperiales, sobre aquellos restos de los naufragios de los viejos imperios de los que hablase Gustavo Bueno en su obra “España frente a Europa”, sus límites están fijados por parámetros culturales, lingüísticos y poblacionales. La malla ha de tener un determinado volumen poblacional, ha de envolver varios territorios explotables económicamente de cientos de millones de habitantes, para ser efectiva y verdadera. Por el Atlántico Norte pasa una malla, la única en funcionamiento hasta la fecha (la vemos arriba), que cubre el fondo marino entre el norte de la costa este de los Estados Unidos y Reino Unida, por ella se dan miles de comunicaciones y su núcleo es la cultura genérica anglosajona. El brexit, observado desde esta escala, no sería ningún regreso al reduccionismo nacional. No puede haber tal regreso donde la conectividad entre dos masa de población alejadas pero culturalmente homogéneas es tan alta. Podríamos preguntarnos si no estamos ante los primeros pasos hacia la desaparición de Reino Unido y Estados Unidos. Si no estamos ante los balbuceos de la conformación de una sociedad anglosajona que ya está en plena comunicación y comienza a abandonar la cáscara del Estado-nación o, en todo caso, a transformarla de tal manera, que dentro de unos diez años el viejo Reino Unido, tal como lo conocemos, será tan Historia como la Inglaterra del Antiguo régimen de Enrique VIII. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que hay una especie de tapiz en un telar de lanzadera sobre el Atlántico Norte por el que se comunican los anglosajones y, lo que es peor para nosotros, por el que el resto del mundo también estamos obligados a pasar en nuestras comunicaciones.

La ideología del mundo globalizado, de la aldea global comunicada por internet, de la relación del todo con el todo, es falsa. La teoría de la symploké platónica que dice que no es posible que todo esté relacionado con todo o que nada tenga relación con nada, debe haber conexiones y desconexiones, se da en el orden físico de las urdimbres de los cables de fibra óptica. No hay una urdimbre de cables de fibra óptica entre la otra zona óptima del Atlántico norte: la zona hispana. Pero si tirásemos una malla de cables entre Cuba y Canarias (siguiendo el patrón marcado por las rutas de los galeones, la famosa carrera de las indias), con sus servidores, instituciones transnacionales, y el control exclusivo de una masa de millones de ciudadanos por esa malla, la dialéctica con la del Atlántico norte sería evidente. Pronto se dejaría de hablar de la red neutra, de la libertad de los usuarios… Instituciones como Apple, Microsoft, Google, Netflix, NSA, GCHQ que tan fácilmente se burlan de superpoderes como la Unión Europea, tendrían graves problemas con las instituciones generadas en la malla paralela.

La malla frente a Europa




La Unión Europea es un construcción internacional muy particular: un Estado-nación de Estados-naciones. Es exactamente eso. Su tradición está anclada en la Gran Revolución y la Nación política, el modelo francés, como principal actor político. Los Estados de Europa han ido viendo surgir en el horizonte a imperios como Rusia, China, la India, viejos imperios transformados en Estados continentes que hacían de los nuestros actores de segunda. Francia y Alemania no podían permitir ser relegadas a un segundo plano y sacrificaron parte de sus soberanías -muy poca, casi ninguna-, para construir un monstruo, una institución política dura, que es la actual Unión Europea.

La UE puede lidiar, peor que mejor, con los imperios “duros” continentales. Con lo que no puede la UE es con el transformado anglosajón, que, tras el agotamiento de la globalización, ha mutado en algo que se le escapa entre los remaches al viejo armatoste europeo. Los anglosajones han seguido la técnica del Emperador Augusto: fundar su imperio bajo los viejos ropajes de la República romana muerta, bueno, en este caso bajo los ropajes del viejo Estado-nación. Desde mediados de los años 80´s del pasado siglo y con la malla de la que hablábamos arriba, han mantenido la fachada de los Estados mientras construían una Comunidad financiera líquida articulada por centros como la City de Londres y Wall Street en Nueva York, una forma específica de capitalismo es la ideología de esa Comunidad financiera líquida anglosajona: el capitalismo popular, que cristalizó en las administraciones conjugadas, casi siamesas, de Margareth Thatcher y Ronald Reagan. Siguiendo esta línea es probable que Trump se haga con la victoria presidencial frente a la política imperial-globalizadora de Hillary Clinton. Se impone un repliegue sobre la Comunidad, sobre la placa anglosajona en conexión 2.0 (o 3.0, vete a saber), para controlar las comunicaciones mundiales recortando gasto en defensa y con los combustibles fósiles garantizados por las nuevas técnicas extractivas.

Los anglosajones siempre han dominado la famosa sociedad líquida, la del siglo XIX por medio de su Navy, y, parece que también, la del siglo XXI con la malla digital. Las sociedades líquidas, por mucho que especulen los franceses, siempre discurren sobre cauces y fondos marinos muy sólidos. El problema de los europeos continentales es que sus fondos no son de mares u océanos, sino de pobres riachuelos. Es así que ven con impotencia como la sociedad líquida anglo permea sus viejos caserones nacionales. Ante las narices de los Estados-nación sus ciudadanos entregan voluntariamente a través de sus móviles su localización, gustos, patrones de consumo, incluso datos biométricos, a instituciones sobre las que el Estado al que pertenecen dichos ciudadanos no puede poner bajo control pero que sí controla una placa institucional ajena. Esos ciudadanos tan confiados, con sus acciones, cada día rompen con el concepto de ciudadanía elaborado en el siglo XVIII e inspirado en el atomismo cartesiano. La idea de ciudadano como átomo, como individuo que es elemento fundamental de la soberanía nacional, se diluye con la acción de éstos en sus móviles.

Los viejos Estados se ven incapaces, ya no de controlar a sus ciudadanos, ni siquiera de controlar ni sus propios secretos. Ahí estaba la presidenta Dilma Roussef, que harta de que espiasen sus comunicaciones cuando pasaban por la malla del Atlántico Norte -con sus dos cedazos de criba de información a ambos extremos, en RU y EEUU-, decidió lanzar uno mísero cable de fibra óptica que conectase por el Atlántico sur Brasil y Europa, desde ese aciago día, toda clase de maldiciones cayeron sobre ella hasta que tuvo abandonar el cargo. Ante estos ejemplos los presidentes de Francia y Alemania se dejan espiar, al igual que todas las corporaciones industriales occidentales. Cuando alguien se cansa y se mete con Apple, por poner un ejemplo, se desploma un banco.

La Comunidad como cono de revolución político




La malla digital es un lecho tecnológico, un instrumento en el que cristalizan ideas, líneas históricas y relaciones antropológicas que se proyectan de tal modo que los parámetros a la hora de hacer política cambian por completo. La acción de la malla digital en el campo político sería como la rotación de un triángulo que girase sobre uno de sus lados generando un cono de revolución, del mismo modo la acción de la malla digital genera una Comunidad política que envuelve capas basales y transforma capas corticales y conjuntivas. La Comunidad sería el final del reduccionismo nacional del que tanto hablase en el último año de sus vida Gustavo Bueno:

La idea de nación es una reducción que está dentro del concepto de imperio, que es una realidad política más compleja.

En su última lección insistía en plantear los problemas de la actualidad tomando la perspectiva, con todas las precauciones pertinentes, desde la época del Barroco. Observar los problemas políticos de la actualidad a la luz del siglo XVII, es decir, interpretar nuestra realidad política desde el ámbito complejo de los espacios imperiales. GB parecía darse cuenta de que la época del reduccionismo nacionalista tocaba a su fin y las nuevas tecnologías nos obligaban a ver los hechos políticos a una nueva escala, la de los olvidados imperios. Los anglosajones ya están en ello y han generado una Comunidad finaciera depredadora, como mandan los cánones de su tradición histórica.

Es por esto que nos parecen irónicas las críticas de algunos discípulos de GB desde el otro lado del charco. Es paradójico que alguien nos eche en cara que no entendamos que la soberanía de los Estados no es absoluta, que existen relaciones internacionales entre naciones, porque quien nos lo reprocha se las ha saltado todas. ¿Cuándo hace treinta, cuarenta o cincuenta años, se podía presentar mediada la vida, sin currículum académico, sin relaciones con autoridades académicas en activo, sin plaza de funcionario y habiéndose presentado a una convocatoria a las oposiciones, obteniendo una nota paupérrima, con un currículum en el que lo más destacado es un grupo de videos en youtube, los post de un blog y algunos artículos en un revista digital sin sello académico y, a pesar de todo ello, lograr un puesto de profesor allende los mares desde el país de origen? ¡¡¡Cuándo!!! Pues en los tiempos de la malla digital, en la que los ciudadanos desbordan las dimensiones estatales.

La prueba de esto, la tesis fuerte que ejemplifica el agotamiento y muerte del Estado-nación clásico, es Francia. Una nación que siendo el modelo de esta figura política, está completamente agotada, que ya no es capaz de generar ciudadanos. Una nación que tiene dentro de sí una "masa comunitaria" que se expande como un cáncer y acabará con ella. Porque esa "masa comunitaria" actúa contra el cuerpo nacional como las células cancerosas al no reconocerlo como propio: primero en el aspecto ideológico (nematológico), y luego en el estructural. El drama no es que un muchacho magrebí de tercera generación sea aleccionado a través de las redes sociales para convertirse en un fundamentalista islámico y, luego, en un terrorista que ejecuta actos diseñados a cientos de kilómetros en el espacio público francés. La nación francesa no es que tenga un problema social porque el islam y su comunitarismo le reconfiguran los ciudadanos por medio de las mallas digitales. El drama es que la malla, ha reconfigurado al resto de los ciudadanos, a los que no están bajo el “comunitarismo islámico”, y ha desmontado la vieja nematología nacional con la que orillar, aislar, y reconvertir a esos elementos. El Estado queda inerme.

Esa es la prueba de fuego del ocaso de los Estado-nación. Sus ciudadanos se le esacpan, rompen con el atomicismo y por tanto con la soberanía nacional. Podría decirse que vuelven a enclasarse, de alguna manera, en una especie de sociedad neoestamental y transnacional. Cuando los Estados se enfrentan a las instituciones de la malla fracasan. Es más, las instituciones acaban imponiendo modificaciones a su favor en los poderes legislativos mediante presiones en capa basal y en lo ejecutivos. Pero, ¿qué pueden hacer los Estados-nación frente a la malla digital, arrebatarles a sus ciudadanos los smartphones? Las naciones tal como las hemos conocidos son viejos caserones de sillares partidos, fuera de sitio y rotos por el que se cuelan las mallas digitales, las sociedad líquida de las redes sociales. Una estructura la de estos viejos edificios, caduca y obsoleta, pensada para tiempo y condiciones de siglos pasados.

F.