lunes, 14 de noviembre de 2016

De Chinos y españoles vistos desde el siglo XVIII


Los diversos caracteres de las naciones son una mezcla de vicios y virtudes, de buenas y malas cualidades. Las mezclas acertadas son aquellas de las cuales resultan grandes beneficios, con frecuencia insospechados. De otras, resultan grandes males, también insospechados.
La buena fe de los españoles ha sido famosa en todos los tiempos. Justino nos habla de su fidelidad para guardar los depósitos: a veces, se han dejado matar por mantenerlos en secreto. La fidelidad que tenían antiguamente la conservan aún hoy. Todas las naciones que comercian en Cádiz confían su fortuna en los españoles y nunca se han arrepentido de ello. Pero esta cualidad admirable, unida a su pereza, forma una mezcla de la que resultan efectos perniciosos: y así, ante sus propios ojos, los pueblos de Europa hacen todo el comercio de su Monarquía.
El carácter de los chinos está constituido por otra mezcla que contrasta con el carácter de los españoles. Su vida precaria les da una actividad prodigiosa y un deseo de ganancia tan desmedido que ninguna nación comerciante puede fiarse de ellos. Esta infidelidad reconocida les ha conservado el comercio con el Japón; ningún negociante de Europa se ha atrevido a hacerlo en su nombre, por muchas facilidades que haya tenido para emprenderlo por sus provincias marítimas del norte.


 Montesquieu 

Mesa de redacción de AptsFelguerinos

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