domingo, 8 de mayo de 2016

Marta Olé, 50




Un sistema político, histórico un momento social no se decanta y consolida hasta que no corporaliza en una metáfora femenina, en una alegoría hembra, en una tía. La Revolución Francesa en seguida tuvo su Mariana con un seno fuera (como Sabrina, en la cámara lenta de las litografías, que eran la televisión del XVIII). Y si la revolución de Octubre no ha acabado de persuadir al mundo es porque a Lenin no se le ocurrió (hombre, tampoco se puede estar en todo) alegorizar/metaforizar la movida bolchevique mediante una matrona rusa, apaisada y arriesgada. Nosotros, aquí y ahora, hemos encontrado al fin el signo sexual de la situación (centroliberalismo de izquierda no crítica y socialismo sin obreraje, que el obreraje es una resaca/ secuela del XIX): la musa es Marta Sánchez, Marta Olé/Olé, la cantante de ese conjunto de tres que va ya por los 100.000 redondos de venta.He estado con Marta la otra noche, en Long /Play, roneando y haciéndonos fotos. Marta tiene 22 años, es rubia y bella, de una belleza fina e impersonal, y todo es gloriosa y excesivamente par en ella, además de la edad. Esa paridad desmedida vigente y valiente de cintura para arriba (y para abajo), es lo que le confiere calidad/cualidad escultórica de símbolo retroprogresivo (Pániker), pues que la delgada absoluta es más lírica, pero menos alegórica. Una señorita de pechos efébicos, que son las que le gustan a uno, no sirve para alegoría nunca hará carrera como alegoría de nada.

"Nunca me desnudaré en público". "No he matado a Sabrina porque mi madre me díjo, de pequeña, que eso de matar le quita clase a una señorita". "Cuando actúo en Andalucía me llaman torera, que es un piropo muy bonito". Éstas son, más o menos, las cosas que me dice Marta Olé. O sea que intelectualmente está en el tema de casi toda su generación: liberalismo light y desmadre dentro de un orden. Justo lo que reclama y ofrece el Poder liberalcambista que vivimos y la política y la economía rojo/reformista que disfrutamos. La ambigüedad matinal y vaga del momento estaba necesitando una imagen neta y bruta, una alegoría femenina, joven y flipante, para expresarse y concretarse. Ya la tenemos. Con Marta Olé está todo más claro. La juventud más joven es de centro/derecha en lo social y de centro/izquierda en la cama. (El centro, esa cosa que creíamos que no existía, y va Suárez y lo abandona, ahora que resulta que sí existe: el centro/multicentro son el Gobierno y Marta Olé.)

Tomé una copa con Daniel Ortega, a su paso por Madrid, cercados por hombres de la CIA: "Usted escribía en Triunfo, Umbral; ¿qué fue de Triunfo? Triunfo puede decirse que me hizo revolucionario, Triunfo nos daba la imagen del mundo todas las semanas. Vuelvan a sacar Triunfo". Y le dije: "Mire usted, presidente, yo hablaré con los señoritos, que se llaman Ezcurra y Haro-Tecglen, a ver qué se puede hacer, presidente". Ortega vino a España buscando el socialismo duro, pero sólo encontró a Solana en Barajas. Uno, con más tiempo, le hubiera explicado a Ortega que ahora vivimos felices bajo el mito/alegoría de Marta Olé. Al fin, España en paz.

Uno, en fin, pasa las tardes en el Ritz, bajo la sombra de Penagos, y las noches en Long Play, bajo el enhechizo de Marta Olé, mientras el socialismo democrático se desliza hacia la democracia light y el socialismo off/off Redondo, con quien asimismo nos hemos dado un abrazo. Pero Marta Olé (a la que uno viene siguiendo el rastro hace un año, aunque es un poco mayor para mí) la verdad es que está buenísima y tiene calidad/cualidad tectánica de alegoría. Nunca vi unos pechos tan tectónicos, maestro Ruskin. Iria Bugallal, de 13 años, amiga y vecina, me acompaña en estas travesías nocturnas. De mayor quiere ser como Marta. Así está el género.

Francisco Umbral



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jueves, 5 de mayo de 2016

Pardo camino de Dalmacia

Jose Manuel Rodríguez Pardo publica  "El Estado Islámico", por supuesto sin tener ni idea sobre el tema


Allá por el año romántico de 1830, Próspero Merimée pensó hacer un viaje a la Dalmacia para añadir a las baladas escocesas y a los romances castellanos, que entonces hacían furor, algo de la lírica ilírica o poesía dálmata popular. Al efecto, comenzó a documentarse con toda conciencia; pero, cuando hubo reunido la necesaria documentación, notó que le faltaba lo que, aun en pleno período romántico, era indispensable para viajar: el dinero.
      —Bueno —se dijo entonces Merimée, que, como verán ustedes, no se ahogaba en poca agua—. Si no tengo dinero para ir a la Dalmacia y escribir un libro describiéndola, escribiré mi libro primeramente y, con el dinero que me produzca, iré a ver hasta qué punto se adapta la Dalmacia a mis descripciones... 
Y dicho y hecho. La Guzla, impresa en Estrasburgo, se tradujo con éxito inmenso al ruso y al alemán, y, durante mucho tiempo, Merimée pasó por ser una verdadera autoridad en cuestiones dálmatas...

Julio Camba


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