martes, 22 de agosto de 2017

MasqApts: El precio del gobierno Aznar


El último atentado de Barcelona, que en sí mismo es una batalla más dentro de la complejísima guerra asimétrica de reconfiguración mundial abierta desde la segunda guerra de Irak y, más en concreto, desde que se abrió el frente mediterráneo en el año 2010 en Túnez , nos retrotrae sin embargo al cierre del aznarato con los atentados del 11-M.; estamos ante la caída definitiva de la pata que quedaba del Aznar-pujolismo. Es evidente que las consecuencias de los atentados tendrán un hondo calado –sólo hay que ver la columna enloquecida que firma Antoni Puigverd este domingo- en toda la estructura política de la región. El jueves pasado esa furgoneta asesina se llevó algo más que inocentes turistas en su loca carrera, se llevó toda un régimen político que campeaba desde la transición.

El desbarajuste en la coordinación de los tres cuerpos de seguridad nacional tras conocerse las primeras noticias del ataque, fue unos de los primeros síntomas de un régimen que agoniza. Ha sido un auténtico desastre. La noche anterior al atentado, cuando se se produjeron las explosiones en el chalet de Alcanar, no se informó por parte de los mossos  a la guardia civil ni al cuerpo nacional de policía de los ocurrido, en una acto que como menos se podría tachar de negligente. Pero, al repasar las noticias en las que se informaba del incidente, la cosa empeora al achacar el origen de la explosión como consecuencia de las prácticas en un laboratorio ilegal de drogas. Se cerró cualquier posibilidad de que apareciesen los departamentos de otros cuerpos de seguridad especializados en terrorismo. A esto hay que sumarle que ya había precedentes de descoordinación cuando se desoyó los consejo del ministerio de interior de proteger con bolardos y maceteros zonas como las ramblas, probable objetivo de atentados de bajo coste como habíamos visto en el resto de Europa.

La precipitación de las autoridades regionales cuando se produjo el ataque, el intento patético de salvar un procés, tratando de presentar lo que es un gobierno regional con la autoridad y operatividad de uno nacional, ha resultado simplemente esperpéntico. Rajoy se ha visto obligado a usar de su mano izquierda y mantener un bajo perfil, para tratar de no irritar una situación que ya de por sí era compleja, al tiempo ti que recibía ataques desde el bando del independentismo catalanista y del nacionalismo español aznarista, que le acusaba de blando y poco decidido. El descaro máximo ha sido ver la salida a la palestra informativa de un auténtico sinvergüenza como Mayor Oreja. Antiguo ministro de Interior y uno de los mayores traidores a la patria; sólo hay que oír al concejal del PP Herzog para darse cuenta de qué personaje estamos, únicamente superado por su jefe. Hay que ser un desalmado para salir a quejarse de que no se hable en español en una rueda de prensa y que no se vean a las autoridades nacionales, cuando estos lodos, la entrega de la seguridad al nacionalismo, vienen de los polvos de un gobierno que en 1996 no dudó en comprar la estabilidad de dicho gobierno a los nacionalistas y el pujolismo al precio que fuese.

Hoy ya nadie parece recordar que hubo un momento en la amarga victoria de Aznar -como la bautizó su escriba de cámara, Pedro J Ramírez. Con quien siendo jefe de la oposición dibujaba su gobierno mientras hacían deporte en el frontón Abasota de Madrid-, en que en los editoriales de todos los periódicos, especialmente los de El País,  se hacían quinielas de quién podría ser presidente de gobierno. Aznar temblaba, ya que el plan económico de gobierno estaba trazado desde el exterior, la recuperación de España podría haber sido articulada por cualquier candidato, una vez desmantelada la industrial por el solchaguismo socialista. Y para poder ser presidente tuvo que ir a ponerse de rodillas a Pujol en los famoso pacto del Majestic. El desbarajuste policial e institucional que hay en Cataluña tienen ese origen.

Los pactos de la Majestic en realidad fueron el comienzo de un nuevo régimen en España, un pacto de derechas anglobalizadoras, el Aznar-pujolismo. La aznaridad, de la que hablaba el otro escriba a sueldo de Pujol, Manuel Vázquez Montalbán, no era otra cosa que un juego binario, de buenos y malos, en los que todos ganaban porque lo que se buscaba era un conflicto entre la población población, que entraba en confusión y en un lucha muta, al tiempo que se vendían las instrumentos nacionales vertebradores a multinacionales exteriores. Mientras en Cataluña se aleccionaba con el «España nos roba», en Madrid se empezó a construir una nacional-liberalismo cañí , abanderado por Esperanza Aguirre, lleno de retórica y agresividad contar toda manifestación regional, y que, en el fondo, acabó justificando al nacionalismo radical y al independentismo, convirtiéndose en su reverso, ya que todos compartían los mismos objetivos: la venta de la nación y sus recursos. El independentismo sería imposible sin Aznar, que en su juego de acusar a los demás de traidores era capaz, en reuniones secretas, de entregar la seguridad en Cataluña a aquellos a los que acusaba de todos los males de España.

No se diferencia en nada el nacionalismo de Aznar del de CIU. Es la técnica de los canallas que se envuelven en la bandera mientras se enriquecen. Todo eso estalló en Atocha cuando un presidente, en su delirio de grandeza, en un infatuamiento loco, pensó que al tiempo que vendía social, económica y territorialmente el país, es decir, mientras lo debilitaba, podía entrar en el complicadísimo juego las potencias internacionales. La explosión de los trenes en 2004 acabó con una parte del aznarpujolismo en España, pero no en Cataluña que siguió perviviendo.

Los atentados del jueves son la muerte del pujolismo. Sólo queda ver cómo se gestiona y qué fuerzas salen de esta acción que, sin lugar a dudas, marca un antes y un después.

F.

jueves, 17 de agosto de 2017

Repúblico Hispano: Finis operantis y finis operis de Albano Dante Fachín


Volvemos a la vieja divisa orteguiana: «¿Cuándo nos abriremos a la convicción de que el ser definitivo del mundo no es materia ni alma, no es cosa alguna determinada sino una perspectiva? Dios es la perspectiva y la jerarquía: el pecado de Satán fue un error de perspectiva». Si hay una perspectiva empobrecedora y reduccionista de esa pluralidad llamada España que se resuelve en múltiples matices y tonalidades, esa perspectiva es la del señoritismo madrileño. El señoritismo madrileño es un punto de vista, una perspectiva, que entiende la vida política como un orden de arriba abajo, una mentalidad ministerial.

El señoritismo madrileño no es –según el cliché establecido- un centralismo jacobino, sino un fuerza ordenadora vertical. El señoritismo madrileño es un despotismo europeo. Reconocen las diferencias siempre que estas estén ordenadas. Son como esos blancos progresistas wasp de los Estados Unidos que se creen mejores por llamar «de color» a los negros; como si al cambiar un término resolviesen situaciones de represión y pobreza socio-políticas generadas históricamente.

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se comportaron como auténticos señoritos madrileños, señoritos pata negra, cuando desembarcaron con Podemos en Cataluña. Llegaron allí con los artículos de Vázquez Montalbán en la cabeza, el cliché del Barça como algo más que un club, y la idea de un Psuc, ya desaparecido hace decenios, idealizado. Ellos, como esos turistas que van a Nueva york en busca de las localizaciones de sus películas favoritas, también querían su PSUC. Y como no había PSUC en la realidad, montaron uno de cartón piedra. Claro, el cartón piedra era los miembros el detritus, los restos después del naufragio, de esa barcaza de oportunistas llamado Inicativa per Catalunya.

Si algo hay odioso en las clases populares de Cataluña es Iniciativa. El prototipo del iniciativo es Iñigo Urtasun, un pijo que vende humaredas. Que políticos como esos puedan hacer algo en la Cataluña rural nacionalista, que vota a los que se mojan en el asunto de la «patria catalana», es pedir peras al olmo. El carácter de los de Iniciativa, que no dejan de ser una versión izquierdista de Unió siempre en la indefinición, es un repelente para ese electorado que quiere posiciones claras. En los cinturones de Barcelona pasa lo mismo pero al revés, de tal modo que un partido de «liberales» como C´s birlaban votos a una fuerza que por su supuesto izquierdismo, tendría que arrasar en esos caladeros con un Psoe en crisis.

Pero el clavo ardiendo de esta esta estafa política fue una conjunción de los astros fabulosa: unos señoritos de Madrid, la parición de una líder social y la rama empresarial troskista necesitada de una nueva singularidad catalana 2.0 Sin duda Ada Coalu es una líder notoria, aunque muy engrasada por todo el entramado mediático de Roures, que necesitaba un estructura política. Entonces apareció Errejón, que habla catalán por la tele con Angels Barceló, y la conexión fue mágica. Ya se podía montar un PSUC de cartón piedra con los chicos de Iniciativa como mandos del aparato, algún elemento como Doménech una especie de «aparatchik de esos de la URSS decadente jruscheviana», según nuestro colaborador Raúl Muniente, la cuota de la Pompeu y discípulo de Fontana, historiador de cabecera del pujolismo. El último componente de toda esta fabulosa ensalada eran las bases de Podem como claque aplaudidora. Una clásica operación madrileña vertical hasta que apareció una piedra en el zapato: Albano Dante Fachín.

Dante Fachín, actual líder de Podem por elección aplastante de las bases, ha entrado en confrontación directa con la cúpula nacional de Podemos y con el colauismo. Fachín se niega a integrar a Podem dentro de la coalición electoral prevista por los aparatos del populismo oficial de Madrid y Barcelona. La confrontación, como siempre ocurre en estos asuntos, se achaca al ámbito de la psicología, del poder como fin. Los clásicos siempre distinguían entre finis operis y finis operantis. Los finis operis son los fines nobles: el médico tiene como función restaurar la salud del enfermo; los finis operantis son los fines menos nobles, en interés exclusivo del sujeto que los proyecta: el médico cura al paciente para cobrar un jugoso sueldo y disfrutar de una posición social de prestigio.

El conflicto con Fachín se está planteando como un asunto de finis operantis: ambición por cargos y situación de prestigio dentro de una organización política. Tal vez puede que sea eso, pero también es cierto que los cargos de Inciativa, hoy en el puente de mando del colauismo, las tuvieron tiesas con fachín y su pareja cuando eran activistas y editores de la revista Café&lLlet y sacaron los colores al mundo de Inicativa por sus connivencias con el pujolismo. La actitud vergonzosa de un partido que jugaba a legitimar el orden pujolista como los hacían los viejos partidos campesinos en los regímenes del la Europa del este en el siglo XX.

Fachín ha tomado la bandera del referéndum y el democratismo, y no declarándose independentista, pide la posibilidad de votar «no» para acabar con el independentismo. Paradójicamente Iniciativa, que dice que la mitad de sus integrantes son independentistas, no quiere dicho referéndum. Mientras tanto en Madrid se han puesto de parte del colauismo y atacan a Fachín por tierra, mar y aire. Deberían ser cuidadosos, porque muchas veces los finis operantis son los medios por los que se alcanzan los finis operis: el médico cobra mucho y tiene prestigio porque cura a los pacientes.

Esos señoritos de Madrid a los que tanto gusta el italianismo deberían recordar a uno de sus personajes favoritos: el famoso General Della Rovere de Vittorio de Sicca. Tanto atacar a Fachín puede que nos acaben replanteando de verdad uan escena del pasado: Fachín como un líder de aquellos del PSUC que apoyaba el municipalismo y el asamblearismo democrático, y ellos unos neocarrillistas dispuestos a desmontarlo todo desde arriba. Nunca se sabe…


F.

martes, 15 de agosto de 2017

Virtual hot



Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

MasqApts: Sobre Albano Dante Fachín

Albano Dante Fachín


Albano Dante Fachín, líder de Podem, ha entrado en confrontación directa con la cúpula nacional de Podemos. El asunto es la postura a tomara ante la convocatoria del referéndum del 1-O en Cataluña. Y ha surgido un debate en el foro de RH ante la figura de Fachín en la que se han planteado estas posturas:


  • Héctor Ortega lo ve como un paralelismo de lo que ocurrió con Breogán Rioboo, el jefe de Podemos en Galicia, que también tuvo otro encontronazo con la directiva de Podemos y que fue sacrificado porque desde Madrid se antepuso la línea estratégica política de convergencia con las Mareas. Para Ortega el caso es lo mismo y, ante la segura presentación de Xavier Doménech a la presidencia de la Generalidad, lo que debería hacer Fachín es «integrarse o desintegrarse por la causa».



  • Raúl Muniente y el que escribe tenemos otra visión. Fachín está en lo correcto con el apoyo al referéndum porque, lo que quiere la gente, es votar no a los plastas de Cataluña. Es evidente, según nuestro parecer, que el PP consentirá en el futuro una consulta legal en Cataluña de alguna manera, buscando algún truco. Todo el mundo sabe que en cuanto el gobierno la tolere, que la tolerará, será la bala de plata que se cargue al independentismo. Pero al PP no le interesa flojear en estos momentos porque C´s sacaría tajada del asunto.

Xavier Doménech morreándose con Pablo Iglesias, así lo conocimos...


  • Otro Punto es el asunto de Colau y los Comunes, a los que Muniente ve como unos pijos troskistas manejados por Roures. Fachín es una gran carta electoral, aunque Colau sea indiscutible. Muniente recuerda los pactos gallegos de Fraga y Baltar «Dante tendría que decir como Baltar a Fraga: "La Colau es indiscutible, pero de Colau para abajo todo es debatible"». Lo de Doménech es una vergüenza porque es un «un aparatchik de esos de la URSS decadente jruscheviana», al que solo se conoce por darse morreos con el macho alfa de Madrid. Doménech, un discípulos del historiador Josep Fontana, intelectual izquierdoso de cámara del pujolismo, colocado por la Pompeu Fabra para controlar el colauismo. El problema es que la gente de Iniciativa, disuelta en los Comuns, odia a fachín porque en su época de bloguero destapó y denunció sus chanchulleos con los de Convergencia. Lo odian; es superior a sus fuerzas. Los de Madrid, que son una banda de machos alfas, que no se sabe que acuerdos tienen con Roures, se han lanzado en tromba, con el de la silla de ruedas en cabeza, es de vergüenza.



Y así finalizo este informe del RH.


F.

lunes, 7 de agosto de 2017

La piedra filosofal


"La vida va completando su sentido a medida que avanza, recorriendo su esfera y alcanzando su plenitud. La vida del individuo carece propiamente de sentido espiritual y el sentido de la vida sólo puede resultar de la misma trayectoria biográfica que la persona ha de recorrer. El sentido de la vida no esta previamente dado ni prefigurado, sino que lo va haciendo la persona a medida que su vida se desenvuelve. Esta es la razón por la cual los «sentidos de la vida» son múltiples, diversos entre sí, de diferente alcance y nivel moral o estético." 

Gustavo Bueno (1924-2016) «El sentido de la vida»



Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

domingo, 6 de agosto de 2017

Repúblico Hispano: Symploké Hispánica, entre la espesura de la batalla



De pronto, vio Fabricio a cuatro hombres que venían del lado del enemigo a gran galope. «¡Ah!, vamos a ser atacados», pensó. Pero vio a dos de esos hombres hablar con el mariscal. Uno de los generales del séquito salió entonces a galope hacia el lado enemigo, seguido por dos húsares de la escolta y por los cuatro hombres que acababan de llegar. Después de pasar todos por un canalillo, encontróse Fabricio al lado de un sargento de húsares que tenía buena cara. «A éste voy a hablarle -se dijo-, y así quizá dejarán de mirarme». Meditó largo tiempo y se dirigió al sargento:

- Señor, es la primera vez que asisto a una batalla –dijo por fin -. Pero, ¿esto es una verdadera batalla?
La Cartuja de Parma

Pedro Insua


El desconcierto de Fabrizio del Dongo, protagonista de «La cartuja de Parma», es uno de los momentos más brillantes de la novela de Stendhal. Del Dongo intuye que está en medio de un episodio histórico relevante pero, como nos pasaría a todos en ese caso, no es capaz de reconocerlo en el momento en el que se está desarrollando. Será tiempo después, con el poso de los años y la proyección histórica del acontecimiento, cuando llegue a la conclusión de que estuvo en medio de un hecho histórico de la trascendencia de la batalla de Waterloo. En este comienzo de siglo puede que todos vivamos bajo el desconcierto de Del Dongo; estamos en medio de la espesura de una batalla que abre una nueva etapa del Historia, envueltos por la humareda de los cañones y fusiles entremezclado con la bruma de los campos de batalla del norte de Europa, formando una espesura que se cierne como un manta sobre la realidad y bajo la cual nada es reconocible, lo viejo se vuelve cada vez más difuso y nos cuesta reconocer los perfiles de lo nuevo tras el velo de esa humareda.

Es muy atractiva esa metáfora de alguien en medio del desorden de una batalla. Así debe ser la guerra, es el parto de un orden nuevo que surge de lo que, en apariencia para el soldado de primera línea, es caos y confusión. La labor del filósofo sería servirnos de guía para poder orientarnos en el desconcierto. Un filósofo no tendría que decirnos que estamos en Waterloo, que tras esa batalla nacerá un mundo nuevo que es el de los Estados-nación industriales, pero al menos debería señalarnos las viejas formas que mueren y las que se perfilan como nuevas y, prudentemente, estar atento al desarrollo de esas nuevas formas. El filósofo tiene que ser ese soldado veterano que en medio del desconcierto y la locura mantiene el temple, aguarda acontecimientos y calma a los compañeros más jóvenes que se precipitan por el nerviosismo. Alguien que sabe más por lo que «no sabe», es decir, que reconoce que tácticas que se pueden desarrollar en un momento determinado, pero en otro, esas mismas tácticas exitosas, se vuelven peligrosas e inaplicables en un escenario nuevo y hay que improvisar no se sabe muy bien qué. El soldado veterano que en el momento en el que todos pierden los nervios, más que «saber» es capaz de discernir unos pocos elementos fijos en medio del caos e improvisar.

Uno de esos soldados podría ser Pedro Insua Rodríguez, al que en estos días Pedro J Ramírez ha envuelto en una operación propagandístico-ideológica desde su digital. Nosotros, los miembros del foro Repúblico Hispano, ya tenemos nuestros años y nuestras batallas, por su puesto no nos consideramos el tipo de soldado que describimos arriba, pero alguna cosa vemos. Sabemos que los que hoy reclutan a Pedro Insua, los que lo azuzan desde el periodismo contra «el peligro de el populismo», son los mismos que hace tiempo lo llamaron «joven nervioso» y lo comparaban con el Antonio Tovar falangista. Cuando sea necesario, lo volverán a hacer.

Desde la admiración a Insua, no podemos estar más en desacuerdo con las posiciones que toma con respecto a los fenómenos políticos de la actualidad. Vive Insua encastillado, completamente atrapado, en lo que en el argot del filomat llamaríamos sustantificación. Pedro Insua toma la idea de Estado-nación como sustancia pura y eterna. Y ahí, en el momento de aferrarse a esa interpretación, deja de ser un filósofo materialista. Porque el materialismo defiende que la filosfía se desarrolla en medio de la vida y los fenómenos, que no hay ideas puras y eternas. Nuestro admirado Insua, dominado por esa abstracción, se enfrenta al mundo como los generales franceses que plantearon la «línea Maginot» en la IIGM; pensando que estaban en una continuación de la primera, y el escenario, perenne, como si los decenios no hubiesen transcurrido, volvería a ser nuevamente una guerra de posiciones: la blitzkrieg les pasó por encima. Todo su pensamiento es obsoleto en tanto no plantea el concepto de soberanía nacional como modelo que se degrada y que sufre problemas en este comienzo de siglo, sino como molde puro y eterno de lo que es y siempre será.


La razón electromagnética



El foro de Repúblico Hispano nació como una escisión y evolución -como una interpretación heterodoxa- de los análisis de las obras filosófico-políticas de Gustavo Bueno. Una nueva perspectiva del filomat político, primero cristalizado en Izquierda Hispánica, fundada por nuestro miembro Héctor Ortega (y con la participación de un arribista que se dedica a fusilar en los libros que se autopublica las ideas de otros, al bueno de Ortega le sacó dos libros y varios artículos), y ahora en el foro de debate Repúblico Hispano, que va manifestándose aquí y allá en blogs dispersos y redes sociales. Héctor Ortega recurre a una cita de otro Ortega, el filósofo don José, en sus «Meditaciones del Quijote» para describir nuestra estrategia de razonamiento: «¿Cuándo nos abriremos a la convicción de que el ser definitivo del mundo no es materia ni alma, no es cosa alguna determinada sino una perspectiva? Dios es la perspectiva y la jerarquía: el pecado de Satán fue un error de perspectiva». Y así considera Héctor Ortega que uno de los graves problemas de la filosofía política de Gustavo Bueno -visión que talmúdicamente sigue Pedro Insua- estriba en que en su obra se ejercen dos perspectivas, dos formas de razón política incompatibles. Una de esas formas de razón se encuentran en «España frente a Europa», la vital hispana, y la otra, la abstracta europea en «El mito de la izquierda».


El propio Gustavo Bueno reconoce estas formas en su ya clásica entrevista con José Andrés Fernández Leost: « Total, yo me hice el siguiente cálculo: la revolución francesa está hecha efectivamente con una preparación teórica de más de un siglo de ilustrados, pero ¿qué son los ilustrados franceses? Yo creo que ilustración es un concepto ideológico -esto ya lo vieron el propio Marx, y Frankfurt-, la ilustración es un concepto ideológico de alemanes y de franceses, de humanistas sobre todo, tipo Voltaire, Rousseau, etcétera, que se adornan con las plumas del científico. Entonces la razón hay que buscarla no en lo que dicen Rousseau o Voltaire, ¿qué sabía Voltaire de lo que era la razón?, para él la razón es ir contra los clérigos, contra la superstición, muy bien, pero resulta que allí mismo la razón tampoco funciona porque esto le servía a los ilustrados en España; España sería uno de los lugares de la superstición porque se creía en el Corpus Christi más que nadie, entonces hace falta volver a revisar el Corpus Christi, que era tradicional en toda España desde Suárez, Calderón, Gracián, y no digamos Feijoo, Sarmiento, el marqués de la Ensenada; es decir, absolutamente todos los ilustrados españoles creen en el Corpus Christi. Estos, desde el punto de vista de Voltaire son una especie de salvajes, esto supone dar la vuelta al Corpus Christi; pero bueno, cuidado, a lo mejor esto es más racional que lo otro. Para ver la importancia del Corpus Christi está la condenación de Galileo, por ejemplo -y parece que esto está ya demostrado, aunque no esté extendido, por unas cartas que han encontrado en Roma-. La condenación de Galileo no fue debida a lo del heliocentrismo, les traía sin cuidado la doctrina, les daba exactamente igual, sino que era precisamente por la hostia, porque el atomismo de Galileo y de los cartesianos hacía prácticamente imposible explicar la transubstanciación, pero como resulta que el atomismo hoy día está ya superado, por el electromagnetismo, y sobre todo si tienes en cuenta que las mónadas de Leibniz son la hostia -es decir, Leibniz era tomista, estaba muy influido por Santo Tomás, conocía toda la escolástica española de arriba a abajo, y crea la teoría de las mónadas que es sencillamente lo que es la hostia: en cada parte, en todo, se multiplica; en fin, está implicado en todo esto-, entonces resulta que el culto al Corpus Christi en España era la no defensa del atomismo, del reduccionismo en una palabra, y por lo tanto estaba mucho más cerca después de las teorías del electromagnetismo de lo que podía parecer; de manera que de la razón nada. Segundo paso: que la revolución francesa, ya en pleno Estados Generales y demás, hay una presencia realmente por encima de lo normal de científicos. Allí estaban Laplace, Lavoisier, otra cosa es que lo guillotinasen, y que dijesen aquello, que es falso además, cuando el terror, que allí se mataban a los sabios, “la república de los sabios”; es una cosa inventada por los realistas, claro. Y es impresionante cuando ves a Napoleón discutiendo con LaGrange, con Monge; todas las ciencias modernas están allí metidas en la Revolución Francesa. ¿Y cuál es el método que se impone? Pues vamos a ver que razón utiliza estos científicos.» Y volverá a incidir en «España frente a Europa» en la página 347 «Sin embargo, esta interpretación está interferida por la distinción entre el Dios de la Teología natural y el Dios de la Teología dogmática (de las iglesias) , por un lado, y por la distinción entre la «Razón de Estado», como justificación de la tiranía del Príncipe (el Ricardo III de Shakespeare) y la «razón de Estado» como eutaxia de un Estado particular (acaso la «Razón de Estado» de Giovanni Botero, o la «Razón de Estado» atribuida por sus críticos al galicanismo de Richelieu, obrando como un «atheista político», para utilizar la expresión de Gerónimo Gracián). Pero cuando mantenemos la perspectiva filosófica (que es la teología natural), entonces el Dios que lleva hacia el Imperio es antes el Dios católico (Universal)- el Dios que entiende la Razón de Estado más allá del horizonte de la eutaxia de un estado particular- que el Dios cristianísmo (el Dios de las iglesias cristianas, sean galicanas, sean anglicanas); es el Dios que confiere la autoridad al Rey, pero no directamente (como querían los cesaropapistas, Jacobo I; Filmer o el propio Richelieu), sino a través del pueblo (como querían, en España, Marina o Suárez): a raíz del asesinato de Enrique IV, el 14 demayo de 1610, el Parlamento de París ordena quemar en la plaza pública el libro de Mariana en el que se defendía el regicidio (aproximadamente en los mismos años Jacobo I mandí quemar en Oxford la «Defensio fidei» de Suárez).»


Sin lugar a dudas los pasajes de arriba son el núcleo central de una idea de razón política que se explicita, a medias, en la obra «España frente a Europa». La perspectiva de una razón política universal, cuyo núcleo es la Teología natural católica, que entrará en dialéctica en el siglo XVII con el resto de teologías dogmáticas surgidas del cisma. Es el siglo en el que se gesta la modernidad y en el que se da el fenómeno filosófico de la inversión teológica y, con la secularización de las teologías dogmáticas, la disociación de Occidente en formas filosóficas enfrentadas. El siglo en el que aparecerán las Europa(s).


JBFO y sus tres racionalidades políticas


Juan Bautista Fuentes Ortega (JBFO)

La obra «España frente a Europa» provocó un debate de altura entre Gustavo Bueno y su discípulo Juan Bautista Fuentes Ortega (JBFO a partir de ahora), al que consideramos el gran puntal del filomat (y esto a pesar de que JBFO no se renozca en esat definición hecha desde el exterior). Un encontronazo que surge al darse cuenta JBFO de que «España frente a Europa» no era una obra marxista. Ni la idea de imperio ni la de España, según se exponían en dicha obra, entraban dentro de los cánones del marxismo clásico. Y se produce este debate que comienza con el ensayo «España» de Gustavo Bueno al que responde JBFO en «Crítica a la idea de España de Gustavo Bueno», que recibirá la respuesta en el célebre ensayo de Gustavo Bueno «Dialéctica de clases y dialéctica de Estados»

La polémica es el intento de JBFO, desde una perspectiva marxista, de enmendar la obra de Gustavo Bueno e introducir dentro de los quicios marxistas a España y su tradición imperial. Acabará claudicando y reconociendo que Gustavo Bueno llevaba razón en lo «sustancial». Pero de esa lucha y de esa apertura de JBFO a una «nueva perspectiva», aún reconociendo la victoria de Gustavo Bueno, saldrá una quiebra con las posiciones del filomat.

Llegará a conclusiones que en Repúblico Hispano recogeremos como alternativa a lo interpretado por el grupo Nódulo Materialista -el oficialismo de última hora en torno a Gustavo Bueno-, y en 2016 expondrá en una conferencia, magnífica, su teoría de las tres racionalidades: «la razón histórico-vital hispana frente a la razón pura germánica y la razón crítico-positivista anglo-norteamericana». En dicha conferencia dará cuenta de lo que entiende como el abandono de Gustavo Bueno de esta línea, y lo acusará a él y a todo el sistema filosófico de caer en un idealismo logicista.

Nosotros creemos que «en lo fundamental» lleva razón JBFO. Pero disentimos en la acusación al filomat de logicismo. Y para desmentirlo está el prólogo de Gustavo Bueno a la «Historia de la lógica» de Julián Velarde. En ese texto Gustavo Bueno disociará la Lógica material de la Lógica formal del siguiente modo «Las formas lógicas (las que constituyen el campo de la Lógica formal) no serán, según esto, formas puras, abstractas (de toda materia), sino formas relativas a determinados contenidos materiales (como puedan serlo objetos corpóreos finitos, fichas o procesos eléctricos o, sencillamente, signos tipográficos). Esta concepción (la que venimos denominando materialismo formalista) se encuentra, como problema central, con la necesidad de determinar la naturaleza de una Lógica material y su demarcación respecto de la Lógica formal, si es que la propia Lógica formal también es, de algún modo, material (por sus contenidos).[…]Lógica sería todo aquello que tienen que ver con la identidad, cuando la identidad aparece en ciertos contextos operatorios (la identidad en tanto se concibe como siendo múltiple de modo inmediato -los esquemas de identidad no son idénticos entre sí- implica la diversidad, la heterogeneidad). Según esto, la Lógica será todo cuanto tenga que ver con la “identidad operatoria”-dando a esta fórmula alcance proporcional al que tienen las expresiones: “la matemática es todo cuanto tiene que ver con la extensión y el orden”, o bien: “física es todo cuanto tiene que ver con la idea de masa”. Según esto, la oposición entre una Lógica formal y una Lógica Material tendría que establecerse a través de otros criterios que intersectan con la identidad. Sugerimos que estos criterios son precisamente los mismos que introducen la distinción entre una ciencia categorialmente cerrada y otras disciplinas (eminentemente filosóficas) que, sin dejar de ser racionales, no pueden considerarse cerradas.»


Desde nuestro humilde punto de vista el trabajo de JBFO es tan fabuloso porque ha diferenciado tres esquemas de identidad dentro del campo de la Filosofía de la Historia, que es un campo beta operatoria, es decir, en el que no hay cierre categorial. Pero es imposible negar que dentro de cualquier actividad humana hay una Lógica material procedente de los planes, programas y operaciones de los grupos de individuos. JBFO distingue tres estructuras de identidad lógico materiales «Las relaciones y estructuras de identidad, cuando no se abren camino a través de los variados cursos de operaciones autoformantes, pero sí se nos dan en cambio como sistemas objetivos en sí mismos ontológicos (a la manera como los cursos lógico-formales son en sí mismos matemáticos, “extensos”), pero susceptibles de desempeñar la función (en su progresus) de Cánones o reglas directivos de operaciones que acaso no son en sí mismos autoformantes y podrían considerarse como constitutivos de la campo de la Lógica material», dirá Bueno en el prólogo a la obra de Velarde. El desarrollo de JBFO en su conferencia se ciñe a la Lógica material, la lógica también está ahí, y el filomat le proporciona las herramientas para poder desarrollar hasta sus precisos límites sus conclusiones: la existencia de una razón histórico-vital hispana, la razón pura germánica y la razón crítico-positivista anglo-norteamericana; razones que están en dialéctica entre sí.

Otra cosa es que Gustavo Bueno que en su obra «España frente a Europa» podemos decir que ejercía una perspectiva histórico-vital para explicar el mundo, se repliegue a posturas de «razón pura germánica» en sus siguientes obras. Son textos complicados los de Gustavo Bueno en esos años, porque está completamente entremezclados con posiciones ideológicas. Hasta tal punto lo están, que la peor de esas obras, «El mito de la izquierda», tendrá que corregir el concepto de holización en una obra posterior titulada «El mito de la derecha», que también tiene errores de grueso calibre. Que el alma de estas obra sea la defensa militante del Estado-nación -propósito ideológico y no filosófico- cristalizado en 1789 y, por lo tanto, el reconocimiento de que los hispanos han perdido «justamente» frente a las racionalidades de los germanos y los anglo-norteamericanos; provoca la confusión entre seguidores como Insua y otros. Además de reunir a Gustavo Bueno con Ortega y Gasset en el mismo parnaso: el de los filósofos hacedores de fabulosas obras fallidas por su postración ante la racionalidad del norte de Europa.

En la conferencia de JBFO se señala el nacimiento de la disciplina de la Antropología filosófica en los primeros decenios del siglo XX como una síntoma de una crisis nunca vista en la filosofía occidental. Como quiebra de envergadura sustancial dentro de un Occidente que se había comenzado a resquebrajar con el estallido del cristianismo en el siglo XVI, resquebrajamiento que se acelera con los procesos tecno-ecónomicos de la industrialización y el capitalismo aplicado a la industria. Una voladura de puentes, la llegada en esos primeros decenios del siglo XX al punto de incomprensión entre las tres racionalidades occidentales; especialmente las dos nórdicas, la pura germánica y la pragmático-positiva anglo-nortemaricana (muy recomendable ver Dunkerque, como mito en celuloide de dicho enfrentamiento); que arrastramos hasta hoy, después del momento de tregua de entreguerras que supuso la bomba atómica de Tokio y el poderío militar de la URSS tomando Berlín.


Profundizaremos esos temas en otro artículo, ya que creemos que esa paz de entreguerras ha llegado a su fin con la aparición de China en el juego geopolítico;  desbaratando el poco orden que había al irrumpir como racionalidad no occidental. Lo que expondremos ahora es la línea generadora de la razón histórico-vital hispana, el primer resquebrajamiento en el siglo XVI y sus proyecciones actuales


América y la symploké política



El encuentro con un continente constituido por frondosas selvas, ríos caudalosos, grupos humanos diversos organizados a diferentes escalas de civilización (de imperios agrícolas a tribus en el estado paleolítico), provoca el estupor en los aventureros de los reinos cristianos ibéricos de Occidente, que siguiendo la teoría de la esfera de los griegos -formalizada por los cálculos de Eratóstenes- pretendían tomar a los islámicos por la espalda en su lucha contra el monoteísmo. Este encuentro con lo que no estaba previsto, provocará una inmensa ruptura, un colosal desequilibrio en la Cristiandad de Occidente.


Según JBFO la sociedad cristiana tenía como referencia un modelo, procedente del mundo mediterráneo, que era la Sociedad Universal. Un modelo que se heredaba del Imperio alejandrino y del romano. El primero en ensayar dicho modelo fue Alejandro con el helenismo, que desbordaría los Estados-ciudad griegos y la doctrina política de su tutor Aristóteles. El encuentro con Darío y el Imperio persa será definitivo para ello.


Darío será para Alejandro el límite, lo incompatible, «así como en el cielo no caben dos soles, no caben Darío y Alejandro» será la divisa del joven rey macedonio. Y esa incompatibilidad, ese límite, es el punto en el que se apoyará una norma universal, una nueva forma de civilización. Alejandro vencerá a Darío, pero no para eliminarlo, no para tratar a los pueblos de Darío «como la flora y la fauna», según el consejo de su maestro Aristóteles, sino par incorporar esos pueblos a un nuevo proyecto de civilización. Es una destrucción generadora. Alejandro, tras la victoria, se presentará vestido con las armaduras macedonias y ropajes persas, en una síntesis que causará perplejidad, en el mejor de los casos, cuando no la más airada indignación en los caudillos macedonios. Un juego de “disfraces” que va más allá de lo representativo, es el icono de un modelo de universalidad, que frente al persa, se ofrece como incorporador atravesando las partes que incorpora, manteniendo en la medida de los posible su esencia, modificándolas para hacerlas compatibles y comunicables con otras sociedades.

Alejandro inaugura la idea de «Unidad de la Totalidad Universal», y construirá un imperio de ciudades, germinalmente, que reproduzca en un escenario urbano un cosmopolitismo inspirado en esa escena de la mezcolanza de vestimentas griegas y asiáticas. En los años 40´s del s XX también reconocerá Santiago Montero Díaz, director de la tesis de Gustavo Bueno -maestro convenientemente olvidado por el alumno-, esta idea en su recopilatorio de ensayos «De Caliclés a Trajano», así se refiere a esa idea de «Unidad de la Totalidad Universal» concretamente en su ensayo «Estoicismo e historiografía» (páginas 59, 60 «De caliclés a Trajano» editores Urgoiti): «La empresa de Alejandro transmutó la historia del mundo antiguo en historia universal. […] A partir del año 323, las condiciones políticas y sociales del mundo antiguo se han transformado para siempre. Ya no será posible regresar al modelo del estado-ciudad premacedónico. En adelante, toda política ha de ser necesariamente una política universal; todo estado helenístico de gran relieve albergará una indeclinable aspiración al Imperio.[…]Pero la universalidad helenística no radica solamente en estos programas de hegemonía mundial, vigentes desde la muerte de Alejandro hasta la derrota de Filipo V. Radica, ante todo, en la creación de comunes condiciones de vida en el mundo greco-oriental. Radica en una poderosa síntesis institucional y cultural que confió un aspecto homogéneo al solar del imperio de Alejandro. El alma de esa síntesis fue la ciudad helenística. Alejandro había comprendido genialmente que la unidad absorbente y abstracta del estado persa sólo sería fecunda si se activaba –en el orden comarcal- con el fenómeno de la ciudad griega. Y en un poderoso derroche de sangre colonizadora, la ciudad helenística se extendió hacia el Oriente.»


Una norma civilizadora que es producto de una sociedad que está en un estado de perplejidad, siempre sometiéndose a una incesante crítica, pero viva y fecunda. Una sociedad cuya fuerza de acción surge del estupor al encontrar sociedades con distintas costumbres. Se muestra atónita y desconcertada ante lo diferente, lo que la lleva a preguntarse por sí misma, obligándola, con el uso de la filosofía, a reconocer las diferencias de los otros y a buscar normas y costumbres que sirvan, y esto es lo más importante, no sólo para unir a las sociedades codeterminadas en ese momento, sino para posibles terceras sociedades que pudiesen aparecer en un futuro. Es lo diverso bajo un principio de interconexión: es una symploké política; la búsqueda de la norma común en lo diverso o, con más propiedad, a través de lo diverso. La puesta en el mundo de la realpolitik -que dirían los alemanes- de la teoría platónica de la symploké cristalizada en el pluralismo político alejandrino. Lo esencial es la discontinuidad, el gran descubrimiento de Platón cuando habló de la symploké: si todo estuviera ligado con todo (continuidad) sería imposible el conocimiento, que es la abstracción con la que gobierna Darío, una norma que bloquea el principio de convivencia; la otra parte del principio de symploké implica que si todo estuviese desconectado de todo sería el caos. Alejandro elabora un mundo en el que todo no está ligado con todo, pero en el que hay conexiones por medio de esos nódulos que son las ciudades alejandrinas; en las que se desarrolla -en que se hace posible in media res- el universalismo helenista, que es uno y plural, que es diamérico. Un mundo en el que pueda recurrir la vida bajo el reconocimiento mutuo.


Roma tomará ese modelo, esa razón o «esquema de identidad», que surge del choque entre griegos y persas, para extenderlo por el mediterráneo. Es el pragmatismo romano el que asentará y propagará la norma alejandrina por ambas orillas del mediterráneo, hasta las selvas del norte europeo y los desiertos del sur africano. El triunfo de la universalidad diamérica, la symploké alejandrina, frente a la abstracción universal de la satrapía.


Los cristianos ibéricos de Occidente internándose en las selvas, caminando por los polvorientos cañones rojos del norte del continente, contemplando las cataratas grandiosas en las selvas, el gigantismo de un Nuevo Mundo al que se enfrentan armados con rodelas, espadas, armaduras, llevando en sus morriones guardados el «Libro de Alexandre», son producto del mundo que troqueló Roma bajo la symploké alejandrina.


El material abigarrado de flora, fauna y nuevos individuos, no es aún América. Estamos ante el bloque de mármol que se transformará en figura gracias al acción del escultor. Así América tomará su perfil dibujada en los mapas que se iban levantando en la Casa de Contratación de Sevilla con los informes de los pilotos de la naos que iban y volvían al Nuevo Mundo. Los mapas filósoficos los van fijando las órdenes religiosas en su acción desde conventos como el de los dominicos en Salamanca. Pero la acción del escultor no repercute sobre el material que se talla, también el escultor es moldeado y se transforma en su trabajo. Si los cristianos de Occidente están en América para transformar grupos humanos que no conocen al Dios católico en cristianos, los evangelizadores, en esa acción, también se transformarán unificándose con ellos, fusionándose, generando una nueva sociedad cosmopolita: la Sociedad hispana.

El hispanista Richard Konetzke en su obra sobre América explica como la intelectualidad religiosa se enfrenta con el papado al negar que el Papa pueda otorgar tierras a príncipes. Lo que si puede hacer el Papa es encargar una labor pastoral a un determinado príncipe y apartar a los otros para que no se enturbie el fin de evangelización trazado con reyertas mundanas. Es la sutileza y sagacidad de estos filósofos de primera. También se enfrentarán a la idea de Imperio Universal, que ya empezaba a flotar por Europa: «No obstante , la escolástica española tardía rechazó e su teoría del Estado la idea del imperio universal y se pronunció por la soberanía de los Estados nacionales. Según Vitoria, el emperador no es el señor de todo el globo terrestre. Según Carranza, nunca ha habido un monarca del mundo entero, ni podría un solo soberano regir todo el orbe. La Tierra, sostiene Melchor Cano, es demasiado dispar para ser gobernada como unidad» (América Latina, Richard Konetzke pag 29). Es la negación del «todo está en todo», de la abstracción universal, que empieza a hacer fortuna en Europa. Son los escolásticos los grandes valedores de la norma civilizadora alejandrina encarnada en los preceptos ecuménicos católicos.


Las órdenes religiosas tomaron un papel de consejeros áulicos de la Monarquía Hispánica, marcaban la guía y trazaban los planes y programas. Actuaban como agentes filosóficos que frenaban y se enfrentaban a los encomenderos en cuanto rompían la norma alejandrina del reconocimiento del otro:«Conforme a las representaciones antropológicas de su época, los españoles consideraban a estos aborígenes como bárbaros que, según la doctrina de Aristóteles («trata a los pueblos conquistados como flora y fauna»), estaban destinados a servir a la dependencia personal, y que por tanto podía ser convertidos en esclavos[…]Por una orden del año 1526 se procuró poner coto a la esclavización de aborígenes […]Los conquistadores y colonizadores del Nuevo Mundo de inmediato elevaron sus protestas contra esa prohibición imperial» (América Latina, Richard Koentzke pags 156 y 157)


Pero tal vez es en el problema singular, muy concreto, de la mita en el Perú. La institución indígena que los empresarios mineros tomaron para hacer trabajar a los indígenas en las explotaciones llevando a rebelarse contra el orden imperial al grito de «¡Viva el Rey ¡Abajo el mal gobierno!» por las reformas imperiales del sistema de explotación minera en defensa de los indios. La corona estaba atrapada entre la fidelidad a una norma política (que era esencial para su desarrollo interno, de su eutaxia, y que en ningún caso la podía alterar porque implosionaría como forma política) y la realidad geopolítica de su entorno con imperios depredadores que la obligaban a bastardear la norma por necesidades materiales, a realizar «en la medida de los posible» susplanes y programas muchas veces frenados. No sin lamentos, claudicaban las autoridades imperiales ante lo inevitable «El conde de Lemos estudió la posibilidad de abolir la mita y escribió al rey: «Yo descargo mi conciencia con informar a V. Mgd. Con esta claridad: no es plata lo que se lleva a España, sino sudor y sangre de indios» (América Latina, Richard Koentzke pag)

Los enfrentamientos eran constantes con las ideas capitalistas de modulización económica, de reducción abstracta a fuerza de trabajo, de los indios como factor económico. Un Monarquía Católica, como la hispana, no podía tolerar la idea de convertir en sujeto económico abstracto a un ser que, al fin y al cabo era el hijo de Dios, por el mero hecho de haber nacido en estado de civilización en el que no conocía la palabra de Dios. Exigía el reconocimiento del otro; lo que no significaba que fuese una sociedad armónica y de una falsa fraternidad. Se establecía el límite en el conflicto: no se podía, en la lucha con el otro, rebajarlo hasta tal punto que se le despojase de su condición humana, que se cometiese sobre él actos de escarnio, explotación o criminalidad horrenda. Aquello era intolerable. Y ése era el límite en el trato, la incompatibilidad, con otras civilizaciones que se moviesen en esos valores civilizatorios abstractos que consentían dicha clase de moral. Es una racionalidad política que se hace in media res, generando el derecho de indias, nuevas razas con los mestizos, y una nueva espiritualidad que cristaliza en Trento.

Nuestro camarada Héctor Ortega habla del mundo hispánico como un exoesqueleto, frente la endoesqueleto de la vuelta que dará Gustavo Bueno a Marx, que servía de nexo de comunicación a una pluralidad de comunidades diversas manteniendo una sutil unidad en un orden de discontinuidades. Vuelve otra vez el modelo pluralista político alejandrino, la symploké política. JBFO llama a esa forma de racionalidad la razón vital histórica de la hispanidad.

Europa frente a la symploké hispana, el resurgimiento de la abstracción.



La reacción en el norte de Europa y las islas británicas también era de estupor. De Amberes no paraban de llegar obras en las que se describía el Nuevo Mundo. La aventura de Totalización de la Monarquía Hispánica fascinaba hasta tal punto, que Héctor Ortega señala que en los tratados sobre utopías políticas que se presentará los españoles como grandes señores.

Sí, una fascinación que desató un temor que acabaría convirtiéndose en odio «Dado que la Monarquía de España fue la potencia hegemónica en Europa durante el largo siglo que va desde la paz de Cateau Cambrésis hasta la Paz de los Pirineos, es natural que sus contemporáneos se preguntaran por la naturaleza e intenciones con las que ejercía su dominio. En ese contexto de hegemonía política hubo un gran interés por conocer o comprender el arte de gobernar de los españoles, dando curso a numerosos tratados, ensayos y estudios. Una parte nada despreciable de esta literatura sería el embrión de la denominada Leyenda Negra donde se atribuía a los españoles la concepción de un «arte de imperare» siniestro, trufado de intenciones ocultas. Estaba tan extendida la idea de que el gobierno español disponía de una idea, un designio oculto pero con objetivos precisos, que popularmente se creyó que tales principios se hallaban recogidos en las instrucciones secretas que los soberanos de la casa de Austria escribían a sus virreyes. Tal idea estaba suficientemente popularizada como para que circulasen copias falsificadas que, en el ambiente de la Guerra de los Treinta Años, denunciaban las aspiraciones tiránicas de los españoles, su hipocresía y crueldad. Alfred Von Reumont encontró un manuscrito de esta naturaleza en la Biblioteca Real de Múnich.» («La edad de los virreyes» pag. 216)  Nos cuenta Manuel Rivero Iglesias en su estudio sobre la época de los virreyes.

Tal vez el gran pecado de los españoles, antes cristianos ibéricos de Occidente, fuese el encontrar todo un Mundo Nuevo y, con tal encuentro, provocar un cataclismo. Hasta entonces la Cristiandad occidental había mantenido su unidad, con muchas tensiones, pero la había mantenido. El Islam no había podido acabar con el cristianismo, pero la aparición de unos territorios y unas gentes que no tenían idea de Dios, supuso la quiebra de dicho mundo. Los cristianos ibéricos tomaron sobre sus espaldas la tarea de cristianizar, en cierto modo de restaurar o corregir el error divino de no enviar a nadie a evangelizar a aquellas gentes, y el resto de los europeos, mientras se recuperaban del estupor, no aceptaron la restauración que el mundo hispánico ofrecía. Culparon a los que se convertirían en hispanos, de ser los responsables de acabar con su orden, con su eutaxia, y de plantear un mundo inasumible. Tal vez este sea el germen verdadero de la Leyenda Negra. España acabó con su mundo y los obligó a repensarse. Pero esa reflexión sería a la contra la civilización que los españoles estaban levantando entre el viejo y el nuevo mundo.

Lutero abre la primera grieta, que se profundizará con Calvino y Enrique VIII en Inglaterra. La universalidad construida trabajosamente por la Monarquía Hispana como urdimbre de nexos de conexión entre sociedades diversas, será completamente rechazada. El norte de Europa entronizará la particularidad como abstracción. Los europeos del norte restaurarán la «la unidad absorbente y abstracta del estado» que Alejandro derrotase frente a los persas.

Francia quedará atrapada bajo el poder hispano, pero trabajosamente, a lo largo del siglo XVII, abrirá el camino a su modelo nacional que supone la abstracción de un particularismo que rompe la symploké política. El enemigo es el pluralismo político hispano, se va directamente contra esa norma. La alianza de todos los pueblos europeos es acabar con la symploké hispánica. Y esto queda cristalizado y negro sobre blanco cuando Maision de Movilliers, en la enciclopedia a mediados del siglo XVIII, deje a España fuera de Europa.

Vuelve la abstracción que cristalizará en dos modelos diferentes: el pragmático-positivista de anglosajones y franceses, que generará un «universalismo abstracto» en el que el mundo se organiza distributivamente en átomos desconectados unos de otros; y el germánico, que tiene dos líneas la idealista kantiana, apriorística y pura, y la contraria del romanticismo, un vitalismo que se revuelve contra la frialdad del kantianismo pero que Hegel acabará dominando bajo normas ideales puras que cristalizaran un supravitalismo, un «particularismo abstracto» que al final se proyectará en el nazismo .


El retorno de Darío encarnado en un pequeño teniente corso




Y este modelo racional hará mella en los propios hispanos del continente, que se tragarán entero cuando vayan a la Academia de las ciencias de Berlín a pedir patente de europeidad. Los estudiantes de Salamanca a finales del siglo XVIII se apuntaran a las tesis jansenistas, procedentes de Francia, frente a la tradición tomista de la universidad; un joven ministro como Jovellanos media a favor de los alumnos. El modelo de racionalidad calará de tal manera que un Ortega y Gasset, padre del racio vitalismo, peca en las «Meditaciones del Quijote» tomando la perspectiva equivocada y dice «No existen más que partes en realidad; el todo es una abstracción de las partes y necesita de ellas». Es la fascinación de los hispanos de Europa con el modelo de racionalidad abstracta que se concreta en formalidad política de soberanía nacional.

Y en esa confusión cae Pedro Insua, que tras escribir una obra de la potencia de «Hermes católico», completamente confuso, entabla una discusión con Pérez Herranz sobre el Imperio español queriendo defender a un tiempo, lo válido de su existencia y la lógica final de su disolución en Estados-nación. Discusión en la que lleva razón Herranz, que se mueve en categorías abstractas europeas, al señalar que desde una posición nacional, ilustrada, tanto progresista o liberal de derechas, el Imperio español es el colmo de todos los males. Desde esta posición, desde esta racionalidad o estructura de identidad lógico material, sólo se puede definir a la Monarquía Hispánica, y lo que ella implica, como el cenit del atraso, la intolerancia y la superstición.

Pero Insua trata de sostener, mezclando lo incomplatible, mezclando «España frente a Europa» y «El mito de la izquierda», lo que es antagónico: que el Imperio español estaba destinado a generar Estados-nación. Algo como mezclar el agua y el aceite. El Imperio estaba destinado a generar sociedades libres bajo una forma de racionalidad política que Napoleón, cual nuevo Darío persa, destruirá para imponer una racionalidad abstracta, incompatible con la Symploké hispanidad. Como dice el historiador Louis Bergeron en «La época de las revoluciones»: «Sostenido por una xenofobia persistente, el particularismo provincial o local había evolucionado a un particularismo nacional[…]La voluntad de centralización, presente en la idea de homenaje monumental que habrían de rendir [a Napoleón], en las colinas de París, todos los soberanos del continente a su señor, aparecía al mismo tiempo en el esfuerzo de unificación económica y política de Europa» Napoleón, el nuevo Darío, no diremos que acabó con dicha posibilidad, sino que simplemente la bloqueó.

La idea de Comunidad reflejada como Biocenosis en los espejos del callejón del gato


Callejón del Gato

La fascinación de Ortega y Gasset por el germanismo y la abstracción truncó su filosofía raciovitalista, que en sus libros filosófico-técnicos es filosofía muerta. Una fascinación por la abstracción europea y su producto más aquilatado, el Estado-nación, que recorre la obra política de Gustavo Bueno, especialmente en su obra «El mito de la izquierda». En dichas obras ejerce la racionalidad política europea para defender la abstracción: el reduccionismo nacional españolista. El mismo error de Ortega y Gasset cometerá Gustavo Bueno con las mismas consecuencias.

Es interesante ver como trata el concepto de Comunidad política, lo que podría ser la symploké política, en su obra «España frente a €uropa». En un primer momento nos lo ofrece como biocenosis, al mostrárnoslo bajo la abstracción europea: «La unidad de la Europa realmente existente es la unidad propia de una comunidad, pero siempre que tomaremos este término, no tanto en el sentido que adquiere cuando con él se traduce el término alemán Gemeinschaft, en el sentido de Tönnies, sino en el sentido que toma en ecología biológica, como equivalente al término de «biocenosis». Como es sabido, el término de Gemeinschaft de Tönnies pretendía cubrir a ciertas sociedades primarias (grupos familiares o parroquiales en los cuales «todos los miembros se conoce por su nombre») contraponiéndolas a sociedades más complejas (del tipo Gesellschaft), cuyos miembros mantienen entre sí relaciones ordianriamente anónimas (como puede ocurrir en una Sociedad Anónima). Otra cosa es que el término «comunidad» suela ser utilizado en función ideológica en contextos políticos y académicos, aplicándolo a sociedades complejas, para sugerirque en ellas reina una «armonía y fraternidad»equiparables a las que, en principio, debiernareinar entre las comunidades familiares, parroquiales, conventuales o incluso entre las comunidades de vecinos. […] Una «biocenosis» no es una «población», es decir, un «colectivo» constituido por organismos de una misma especie, como pudiera serlo un enjambre de abejas o un bosque de hayas. Una biocenosis es una sociedad constituida por organismos de especies diversas, animales o vegetales (o si se quiere, también, de hongos y de protoctistas, si nos atenemos a la taxonomía de Whittarker) pero en un grado de interacción mutua e interdependencia tal que hablarse de una unida superorgánica, asentada en un hábitat y autosostenida». («España frente a Europa», págs. 405,406)


JBFO decía en su conferencia que Ortega y Gasset también llega a una conclusión parecida a la que llega Gustavo Bueno (tal vez Bueno se la leyó a Ortega), describía a los estados nacionales como bolas de billar que chocaban unas con otras. Es la racionalidad de la reducción abstracta que procede del cartesianismo. A pesar de que tanto Gustavo Bueno como Ortega y Gasset, están bajo el yugo de la racionalidad europea, podemos decir que en algunos momentos se salvan. Ortega se salva en prólogos y textos no estrictamente filosófico-técnicos, como el prólogo a franceses para «La rebelión de las masas». Su filosofía está mellada por el germanismo, sufre un bloque, pero no está perdida porque en ella vibra aún la razón histórico-vital que surge en esos texto no académicos; como también surge en muchas expresiones artísticas, novelas, poemas, pintura, teatro, mucho más que en textos académicos, una vez fosilizada la escolástica española.


Y lo mismo ocurre con Gustavo Bueno en «España frente a Europa». Y esta vez en un libro filosófico-técnico impactante, en el que no aclara, pero se interpreta al perfección, lo que venimos explicando a lo largo de este texto. Bueno nos describe la idea de Comunidad política como biocenosis bajo la racionalidad europea. Pero al final de la obra, en las conclusiones, vibra la razón histórico-vital hispana, la symploké política,  cuando la enuncia como propósito, cuando nos exhorta a contemplarla como alternativa a la reducción europea. Es en estas páginas finales, la página 439 de «España frente a Europa», cuando Gustavo Bueno ejerce, más que definir, esa perspectiva de Comunidad política: «El Imperio español desapareció hace cien años: pero queda flotando como «Comunidad hispánica», y ésta es ya una alternativa real al islamismo tercermundista y al protestantismo capitalista. Podría significar muy poco, en relación con las «cuestiones que conciernen a la Humanidad», la condición de ser español cuando se toma en sí misma, en absoluto; acaso porque lo importante de la identidad hispana no reside tanto en un modo de ser, cuanto en un modo de estar, y la identidad hispana no reside tanto en un modo de ser, como en un modo de estar lo suficientemente distante de las otras alternativas «disponibles» como para poder transformar su condición en una plataforma privilegiada para promover planes y programas dignos de ser llevados adelante.». En una misma obra nos muestra como los valores brillantes y generadores que se reflejan en una racioanlidad como la hispana, mutan a contravalores bajo las racioanlidades de Europa . La biocenosis es la Comunidad política reflejada en los espejos europeizantes del Callejón del Gato de Valle Inclán, que en un texto literario preñado de filosofía histórico-vital hispana, captase tan lúcidamente «Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.».


Restaurar la symploké hispánica



Y así de esperpéntico es ver reducido a ideólogo al que podría ser un excelente filósofo. Insua ejerce la soberanía exactamente igual que la ejerce un nacionalista catalán, un falangista, un fanático. No hay en él rastro de compadecimiento, de tratar de comprender al otro en el sentido de profundizar en sus causas, porque en realidad, las causas del otro son las propias. Su estrategia, su racionalidad o identidad, es la misma que la de los que critica. Aquella escena tan graciosa de la película «Ser o no ser», en la que una compañía de teatro que huye de Alemania en avión, todos disfrazados de jerarcas nazis y el primer actor disfrazado de Hitler, todos están en el engaño, salvo dos oficiales que son nazis de verdad y van también en el avión. ¿Cómo deshacerse de ellos? Se preguntan. Y al primer actor se le ocurre la idea de abrir la portezuela del avión en pleno vuelo y ordenar que los dos oficiales se tiren. El fanatismo de ambos individuos al ver la orden de su líder, de quien creen que es Hitler, hace que se tiren sin paracaídas ni nada. Eran fanáticos transidos de germanismo. Algo así pasa con el nacionalismo catalán, que es un comunitarismo hispano que al reflejarse en los espejos del Callejón del Gato europeísta arrojan la imagen esperpéntica del actual independentismo catalán. Pero lo mismo podríamos decir de Insua, que está transido de un soberanismo español que resulta ridículo desde una perspectiva racional hispánica.

España, como nación política, es simbólicamente ese «Aquelarre» que pintó Goya. Filosofía en lienzo. Nuevamente el esperpento, un mundo que se desfigura cuando se refleja ante el cristal que fue pulido para deformarlo y denigrarlo. De nuevo figuras grotescas y completamente deformes. Escuchando al cabrón, que bien podría ser un filósofo francés. Unos territorios europeos de la hispanidad desconectados de su symploké política, que tratan de emular a las sociedades europeas depredando a sus hermanos de de la otra orrilla del océano, a sus hermanos de Comunidad. Un juego en el que siempre salimos perdiendo porque sus reglas no fueron inventadas para nosotros.

En el actual momento político y de la desconexión de las tres racionalidades, de esta profundización de la crisis por la aparición de un elemento exterior: el «particularismo universal» chino. Un nueva forma de operar en el mundo, de razonar, que está moldeada, y esto es importantísimo, por la escritura en ideogramas y que ha llevado al límite al mundo anglosajón de la razón pargamático-positivista, que hasta el momento era el hegemónico. Es en este momento, en el fragor de esta batalla, en el que hay que intentar ponerse de parte de los elementos que nos permitan de nuevo retaurar la racionalidad histórico-vital hispana. Observar entre el espesor de la humareda si elementos como el populismo serían útiles para canalizar dicha posibilidad.

Y es por esto que no está mal la idea de facilitar un referéndum en Cataluña. Habrá que enfrentarse a aquellos radicales que quieren hacer de Cataluña una nación exclusiva y exclusivista, pero también a aquellos que creen que la soberanía español es un todo absoluto. No se trata de un armonismo, de un pacifismo buenista. Hasta para entrar en batalla tienes que saber con quién entras, por qué y hasta qué punto. Hoy el desafío es mucho mayor que los problemas de Cataluña, un mero síntoma, pero la forma de afrontarlos, la perspectiva estratégica, es sustancial.

F.

domingo, 23 de julio de 2017

Aristóteles y las mujeres



Es cierto que Aristóteles fue inicuo con las mujeres: pues no sólo proclamó con exceso sus defectos físicos; pero aún con mayor vehemencia los morales, de que se apuntará algo en otra parte. ¿Quién no pensará que su genio le inclinaba al desvío de aquel sexo? Pues nada menos que eso. No sólo amó con ternura a dos mujeres que tuvo; pero le sacó tanto de sí el amor de la primera, llamada Pythais, hija, como quieren unos, o sobrina, como dicen otros, de Hermias, Tirano de Atarneo, que llegó al delirio de darle inciensos como a Deidad.


También se cuentan insanos amores suyos con una criaduela: bien que Plutarco no se acomoda a creerlo. Pero en esta parte merece más fe Teócrito Chio (que en un epigrama vivamente exprobó a Aristóteles su obscenidad), porque fue del tiempo de Aristóteles; y Plutarco muy posterior: en cuyo ejemplo se ve que la mordacidad contra las mujeres; muchísimas veces, y aun las más, anda acompañada de una desordenada inclinación hacia ellas, como ya dijimos arriba.

Benito Jerónimo Feijoo

Mesa de Redacción de Aptsfelguerinos