domingo, 25 de junio de 2017

Viejuna generation





Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

Un old etonian en la exótica España de Podemos


Se notaba un cierto punto de excitación en la introducción del presentador Pablo Iglesias al programa del espacio La Tuerka por la presencia de Perry Anderson como invitado. La entradilla con la voz en off de Iglesias destacaba a Anderson como uno de los marxista británicos más importantes, recordando que el año 92 se dijo de él –no cuenta Iglesias quién lo decía- que era el marxista más importante de esa época entre una nómina de monstruos intelectuales de la izquierda de las islas que iban de Ralph Milliband a Eric Hosbawmn.
         Perry Anderson nace en 1938, es hijo de un oficial de aduanas del Imperio británico, concretamente de la Chinese Maritime Customs Service, y nieto del brigadier general Sir Francis Anderson. La familia Anderson procedía de Escocia y se asentó en Irlanda en las últimas décadas del siglo XVIII. Perry Anderson entró en el exclusivo colegio Eton en 1951 con trece años, para después pasar a Oxford en el Worcester College entre cuyos alumnos se reconocen famosos nombres como los de Rupert Murdoch, Emma Watson, o el intelectual decimonónico De Quincey. Fue el santo y seña de la revista New Left Reviw, santo y seña de la izquierda progre europea, y dio clases en California. Su producción de libros es impresionante y el reconocimiento en el mundo (es inglés y habla en inglés, cosa muy importante para que cierto mundo de cierta época te reconozca) también.
       
         La pequeña investigación internetera -tirando de unas pocas páginas y mucho de la Wikipedia en inglés- prometía una sugestiva entrevista. Pero el programa empezó con una decepción: el invitado impuso que se rompiese el formato habitual del programa invirtiendo el orden de los factores y transformando a Iglesias de entrevistador en entrevistado y al invitado en entrevistador. Iglesias, no cabía esperar otra cosa, se plegó al deseo de Anderson para que acudiese al programa.
        Una vez roto el molde habitual del programa nos quedábamos sin saber, al menos de forma directa, ¿qué clase de camino, qué impulso, llevaba a un joven upper class británico educado en los colegios más exclusivos y en una época como los 50´s (el ambiente en Eton en 1951, cunado ingresó Anderson, es de serie británica clásica: lo más britsh de lo british) a convertirse en uno de los marxistas de referencia de occidente? ¿y también qué papel juega ese extraño marxismo británico, en la cuna del capitalismo depredador, no será un falso amigo que más que ayudar a los movimientos mundiales de izquierda, los distrae?
       Como se nos escamoteó la entrevista clásica, y el personaje que nos interesa es Anderson y no Iglesias -al que tenemos muy oído-, haremos un esbozo de lo que intuimos en las preguntas, de lo que interpretamos por vía indirecta. Porque Anderson no se quiso mostrar directamente en un juego de pregunta y respuesta, pero el arte de preguntar implica también exponer lo que se sabe, las categorías que uno maneja, en los enunciados de las preguntas que se hace a quien se interroga. De esa investigación sacamos unas conclusiones muy generales que exponemos aquí y que iremos ampliando con el tiempo y más visionados del programa:


  • La primera intervención de Anderson fue clarificadora: quería tener una conversación ceñida a la especificidad de España. Y para ello buscó la única referencia de un intelectual que no perteneciese al siglo XX -no se citaría a nadie más que no fuese de ese siglo en toda la conversación- ¡y eligió a Rudyard Kipling! Es cierto que matizó que era un retrógrado y un reaccionario, pero su referencia para hablar de un país extranjero fue uno de los intelectuales canónicos del imperialismo británico. No deja de ser significativo.



  • Anderson mostró un desinterés total cuando Iglesias esbozó la posible vía, muy en línea del anguitismo, de una alianza de los pueblos del sur de Europa. El lenguaje corporal de Anderson mostró que no le interesaba nada el asunto . Se lamentaba la falta de radicalidad del «podemismo» en comparación con el movimiento de Melenchon. El tacticismo a largo plazo parece disgustar al viejo marxista inglés, como disgustaban los postulados de conformar una nación bicontinental de los constitucionalistas de Cádiz en 1812 a Jeremy Bentham; Bentham siempre les aconsejó, vía Blanco White, que se olvidasen del continente y se redujesen a la península, claro, fueron los británicos los que se encargaron de los territorios americanos que tanto anhelaban hacía siglos. No estaba cómodo Anderson con los juegos de política geoestratégica ni con las sutiles fintas políticas de Iglesias; estaba más interesado en las comparaciones abstractas, especialmente con la izquierda europea y más en concreto con la francesa, viene a decir Anderson que se necesitaba pasar a la acción directamente. Iglesias entrará al juego que quiere Anderson y acabará analizando el tablero europeo. Pero no deja de ser muy interesante que reconozca que podemos es un implantación (y usamos esta palabra deliberadamente, implantar como se implantaron distintas plantas en el continente americano y convirtiéndolas en floras locales completamente aceptadas por la población autóctina) de el movimiento Alianza país, de un Hispanismo Político (y hablaremos mucho de esto) que funciona tanto en una orilla como otra del Atlántico. Pero al viejo upper class inglés esto no le interesaba…



  • Tal vez el momento más humillante de la entrevista fue cuando Anderson realiza una comparación entre González y Guerra con Mario Soares, resaltando que Soares era mucho más culto, que intelectualmente era un hombre de mucha más brillantez que González y Guerra. Iglesias concede hasta el punto de decir que la izquierda sí, en realidad, no vale nada. Resulta curioso ver como el mito de la España atrasada, obtusa, sin pensadores siquiera avispados, que tiene que traducir para pensar, que no es capaz de pensar sin tutela de los extranjeros: el mito del erial intelectual del que hablase Gregorio Morán se extiende más allá del franquismo. Parece ser que el problema no era Franco, sino que los españoles son imbéciles. Porque si después de 40 años de democracia no son capaces de elaborar nada, es que son tontos de capirote. Y esa viene a ser la queja de Anderson a Iglesias, Podemos es una organización tímida, poco radical comparada con la France Insumise de Melenchon.



  • Otro momento que dejaba atónito al espectador común, al que no estaba en la pomada y no es un «iniciado» dispuesto a perdonarlo todo, es que Anderson cuando se lamentaba de la templanza de los trabajadores españoles ante su situación laboral y de su poquedad en la reacción ante los gobiernos corruptos de Rajoy, se preguntaba por qué no saltaba el resorte clásico de la España desgarrada del siglo XIX. Parecía apelar a lo más tópico de España, a la de la Carmen, el torero, el guerrilero de las montañas... Un español medio ante el televisor no se puede creer que un intelectual de la talla de Anderson, vamos al que presentan como un pensador de relieve, se maneje con tal sarta de tópicos como si la España de los tiempos de Merimée fuese eterna y perenne. ¡Y lo hace! A Iglesisas ya no le quedó más remedio que acotar el terreno y enmendar mínimamente la plana al viejo chico de Eton. Y salió al paso, del aquella manera, a las teoría infantiles y cuentos negro legendiarios que parece que siguen causando furor en el exterior. Cuando se inició el programa Anderson advertía que España era poco conocida en el exterior; nos queda perfectamente claro a lo largo de la entrevista porque el intelectual de campanillas no se entera de nada. O lo que es peor, puede que se entere y lo que trate es de confundir a los tontos que le hacen el juego desde dentro; aún peor.


La conclusión es que si como bien dice Iglesias, Podemos es un producto de la implantación de un hispanismo iberoamericano, el modelo Alianza País del Ecuador, en la península ibérica y, además, bastante exitoso al conseguir con más de cinco millones de votantes ¿Por qué no seguir la senda y dejar de lado esta clase de intelectuales que, o no saben, o su ayuda es una mano al cuello? Desde un punto materialista Perry Anderson no puede sacudirse a bases de discursos marxistas su trayectoria perosnal, educativa y profesional. Anderson es el producto de la élite de un Imperio cuya divisa era el enfrentamiento y destrucción del mundo católico hispano. Y eso va más allá de las buenas o malas intenciones de Anderson. Hoy, con la anglosfera en repliegue, su izquierdismo no pasa de un caso de diletantismo que más que ayudar distrae. ¿Qué podemos esperara de los españoles organizados en torno a la New Left Review y a Perrry Anderson como figura intelectual? ¿A qué juegan? ¿Aportan algo una posible línea política común en la hispanidad o la sabotean? Todo son incógnitas. Pero si hay un germen de lo que nosotros llamamos Hispanismo Político, lo más prudente es alejar de él a los buenos chicos educados en Eton.






F.

domingo, 4 de junio de 2017

Cómo no te voy a querer.... Born to win


Todo el que sea madridista tiene que sentirse orgulloso de ser madridista. Más allá del récord histórico, hay que recalcar la absoluta primacía es su genes para ganar, nacido para ganar. Existe el “Born to run” del gran Bruce Sprinsgteen. Hay “Born to be wild” de los hippies Stepenwolf. Existe hasta “Born to be alive ” de Patrick Hernandez, pero de todos ellos me quedo con el “Born to win” de mi admirado Jimmy Cliff, que si se hubiera muerto, sería tan grande o más que Bob Marley, con su grandes canciones e interpretaciones.

Hay que enaltecer los grandes y maravillosos iconos madridistas. Es decir, Ronaldo y Zidane. Fundamentales, metafísicamente perfectos. Mientras la Juventus no podía con la espuma de los días, el Madrid, potenciado por las rotaciones, parecía un avión desde el primer minuto de la primera fase, mientras que la Juve se asemejaba correr como una tartana, culpable de que toda la temporada siempre han jugado los mismos. El Real Madrid parecía un gigante


Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

viernes, 2 de junio de 2017

Contracrónica: Pedro Insua, de la soberanía a la europeidad


Pedro Insua Rodríguez, incansable, vuelve a la carga en defensa de la Nación política y el concepto de soberanía entendidos al afrancesado modo. En este vídeo, recién publicado para la Asociación Hecatón, habla del concepto de Nación desde el Materialismo Filosófico. Es un repaso de unos 20 minutos que ha obligado a Insua a ser muy sintético pero que se ciñe al milímetro, sin desviación alguna, a la línea marcada por el Maestro en su obra «El mito de la izquierda».


    Dice Insua que la Idea de Nación política es muy reciente. Remonta sus orígenes a la Francia de la Constitución de 1791. La Nación política no proviene de la nación étnica sino del Estado, que en consecuencia es previo siempre a la Nación política. Insua destaca que en Francia «la soberanía se traspasa desde el Rey hasta la Asamblea, que representa a la Nación». Y, haciendo gala de pasión afrancesada, recuerda que la primera vez que el término de Nación se usa en el sentido político fue el 20 de septiembre de 1792. Entonces los soldados de Kellermann, en lugar de gritar «¡Viva el Rey!», gritaron en Valmy: «¡Viva la Nación!». En España (cuando habla de España se refiere a la península ibérica) la transformación política del Antiguo Régimen (que era un imperio tricontinental y no un reino establecido en el continente europeo como el Reino de Francia) a la Nación-estado se hace contra Francia en la Constitución de 1812. Insua destaca que en su artículo I se definía la Nación española como el conjunto de los individuos españoles que viven en ambos hemisferios (racionalización por holización). Así lo cuenta Insua: «se produce la holización, la atomización de la sociedad en individuos que participan directamente de la soberanía nacional, no teniéndolos en cuenta como pertenecientes a un estamento sino directamente». Y advierte Insua a los secesionistas (una de sus principales preocupaciones): «Si después se observan determinadas partes suyas como entidades nacionales, será a costa de romper lo ya constituido». Insua repasa los orígenes del secesionismo en el siglo XIX. Unos orígenes que ubica en la «derecha», por cuanto se trataría de reivindicar ciertos privilegios para determinadas regiones. Después lanza mandobles dialécticos contra su bestia negra particular: «el derecho a decidir». Así lo expresa: «Para que haya un derecho, tiene que haber un sujeto de derechos. ¿Y cuál es el sujeto de derechos para decidir eso que está indefinido?». Insua, con la vehemencia que le caracteriza, se pregunta: «¿Derecho a decidir qué?» La independencia de Cataluña, dirían ellos. Pero Insua, cual españolísimo Quijote, se sigue preguntando por qué no derecho a decidir la incorporación de Cataluña a Francia o a Italia. O decidir convertirse en una colonia española. Docenas de cosas más se podrían decidir según ese supuesto derecho. ¿Por qué sólo se usa para la independencia? También salta la pregunta sobre cómo se define quiénes son los catalanes para saber quiénes son los sujetos de derechos que podrían votar. «¿Quién hace el censo?», prosigue Insua indignado -aunque indignado materialistamente, que nadie confunda a nuestro Pedro con uno de esos desarrapados que se indignan en las plazas de España convocados por el maléfico Rubalcaba- . También destaca nuestro conferenciante que al permitir el plebiscito sólo para una pequeña parte de los españoles (los malísimos catalanes), se les está hurtando a los demás la posibilidad de decidir sobre un territorio que ahora es de todos los españoles.


   Pero el mejor momento llega en el tiempo del debate. Un joven, falazmente, con voz de pijillo socialdemocratizado, sin vibración en su voz del mínimo reverbero de materialidad española, plantea la posibilidad de que Cataluña pueda ser soberana como lo fue la misma España. Un Insua tronante denuncia la falacia, y la niega así: «¡¡¡La posibilidad no implica el ser!!!» Aprovecha para burlarse de los iluminados que piensan en placas y 7ª generaciones de izquierda: «Puede ser posible que se restaure el Imperio español. Por poder… la contingencia histórica de que se restaure, cosa por la que no doy un duro, el Imperio español». Y vuelve al modelo francés, siempre el modelo francés, en el que dice que la «Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano» rige y funciona como vertebración del orden jurídico y político de lo que será la República francesa desde el primer momento. Pero nos llama la atención que cuando habla del caso español, porque claro, aquí estamos defendiendo el concepto de soberanía nacional en España, tiene que conceder que en 1812 eso no sucede en Cádiz. Se abarulla Insua -como hace casi siempre que las cosas no le encajan en sus exposiciones- para decir que el ordenamiento efectivo legal se pone en marcha en 1820, pero que tampoco..., que la cosa, de verdad de verdad, se pone en marcha en la constitución de 1837. Son bastantes años… Pero lo más llamativo en esta defensa, lo que nos deja patidifusos, es cuando niega la posibilidad que la idea de soberanía se disuelva en Europa. Nos quedamos ojipláticos al ver a un Insua, que en su vehemencia por defender el concepto jacobino de soberanía, se revela como un europeísta exaltado así:«Díle tú a Francia o a… ¡si no existe España! ¡Oye, que la deuda que has adquirido me la tienes que pagar! […] Europa se constituye a través de las soberanías de los Estados. Se consolida la soberanía nacional en Europa, no se diluye.»
   Y así, don Pedro Insua, muestra la contradicción en las obras de Gustavo Bueno «España frente a Europa» y «El mito de la izquierda», dos obras incompatibles. Porque Insua tiene razón. Ser español, al contrario de lo que afirma Gustavo Bueno en «España frente a Europa», es ser europeo. Vamos, es ser miembro de la UE como coronación final de un proceso que empezó en 1837 depredando a nuestros hermanos cubanos (de esto ya hablaremos en otro capítulo). Esta conferencia se transforma así en un exaltado canto europeísta de Insua y termina mostrando las contradicciones internas de la filosofía política de Gustavo Bueno, ya que no se puede afirmar que la Nación española sea un producto del Imperio español, de su racionalidad política, de su norma, sino que es el producto de Francia. La España actual no es hija de ninguna segunda generación de izquierda como se afirma en el fallido libro «El mito de la izquierda» sino que es producto del proyecto de José Bonaparte, que se llevará adelante en la constitución de 1837.


Continuará...

F.

martes, 30 de mayo de 2017

Repúblico Hispano: De ciudades e Imperios


Contaban una anécdota de Platón y Sócrates sobre los diálogos del primero. Por lo visto, Platón ya había empezado a escribir diálogos en los que Sócrates era el protagonista y que habían llegado al maestro. Éste último, tras leerlos, decía que el joven Platón ponía en su boca las palabras que le daba la gana. Aquí O. F. Iglesias pone en la mía también lo que quiere, aunque salga favorecido.

- ¡Hombre!, hola Felguerinos, qué tal estás

- Bien, todo bien, Otón, ¿tú qué tal?

- Nada, bien, ya sabes. ¿Cómo van esas conferencias que estás releyendo? ¿Siguen tan interesantes?

- Bien, muy bien. Muy interesantes, la verdad, ya te las pasaré. En el contexto en que están situadas, claro. Ya sabes, años 40, puro franquismo jonsista, etc. Pero es un análisis muy fino, un tío muy brillante. Lo que te contaba, la idea de Imperio de Bueno viene de ahí.

- Sí, está claro, por los antecedentes de su relación y por los extractos que me pasaste, todo viene ahí, no hay duda.

- Es muy interesante, con conceptos muy claros. Por ejemplo, lo que hablábamos de Aristóteles el otro día. Aparte de su obra, Aristóteles tiene importancia capital por ser el preceptor de quien fue, por ser el maestro de Alejandro. Aunque se pueda discutir cómo entiende Alejandro a Aristóteles o cómo lo aplica en política, claro. Pero lo central del asunto es qué modelo gana (el de Alejandro) y de dónde arranca este modelo. En las conferencias, este hombre se posiciona claramente con Sócrates frente a Platón (y en parte también frente Aristóteles), es en Sócrates donde se produce la ruptura del sistema establecido frente a lo que va a venir. Lo establecido es la ciudad-estado, el peso de la ciudad sobre el individuo (que apenas cuenta), en definitiva el peso de la Ley (modelo de Platón); lo que viene es el individualismo, la fuerza del individuo capaz de doblegar no solo a la ciudad y las leyes, si no incluso de imponer su modelo de ciudad, su Ley (modelo de Sócrates). Sócrates va a hacer arrancar este modelo sirviéndose del caldo de cultivo que existe en la polis griega en ese momento. La polis como sistema todopoderoso sobre el individuo llega a su cénit una vez superada la época de Pericles, ya no es capaz de resolver las situaciones con las que se enfrenta y esa desintegración se materializa en la presencia de los sofistas y su cargamento de detritus ideológico. Sócrates parece uno más de estos sofistas que pululan por las distintas ciudades griegas pero no lo es. Se disfraza de uno de ellos, pero enseguida es advertido como lo testimonian sus retratos por parte de Aristófanes, se aprecia un odio feroz sobre Sócrates, por su carácter popular, ya que habla y discute con cualquiera sin importar la clase o condición social, sin plegarse ni siquiera a las condiciones económicas, ya que no percibe sueldo por sus conversaciones. En el fondo, su mensaje es tan corrosivo que es capaz de llegar a los fundamentos del sistema que lo sostiene: la ciudad-estado. Ésta lo sabe, por eso lo mata, mientras deja a los demás sofistas campar a sus anchas. El vector transgresor definido por Sócrates apunta al mismo corazón de la polis y su personificación así lo atestigua, un personaje moldeado directamente por las manos de Sócrates: Alcibíades. Personaje éste que rompe todos los moldes presentes en la ciudad, prefigura de la personalidad de Alejandro, en el que ya el sistema individualista va a triunfar y que dejará atrás el modelo de ciudad griega, sirviéndose de otro modelo que también utiliza la ciudad pero al servicio total del Basileus-Jefe-Rey. Esta figura ya no está bajo la autoridad de la ciudad y las leyes, si no que es capaz de alzarse sobre ellas y someterlas a su voluntad, él dicta la Ley. Al modelo de Platón, en el que se intenta definir la ciudad perfecta, se opone el modelo de Sócrates donde se forja una nueva idea de hombre. Esta va a ser la línea que va a triunfar, empezando por Alejandro.




- Sí, tienes razón, esa línea está clara. Lo que pasa es que, yo creo, hay un movimiento alrededor de la ciudad de flujo y de reflujo, donde va ganando y perdiendo importancia a lo largo de la Historia, digo. Fíjate en el Imperio español.

- Sí claro, el Imperio español está construido alrededor de la ciudad, articulado a través de ella. En una época nueva y distinta a la del Imperio griego, pero heredera de múltiples influencias y particularidades que arrancan de la misma Grecia y que, con la dirección de la que hablábamos antes, desemboca en Roma para acabar llegando a la península ibérica, pero contando en gran medida con aportaciones del Islam, este punto lo apunta muy bien González Ferrín. El conjunto de reinos ibéricos asimila todo eso durante la Reconquista y lo exporta a América. La Monarquía Hispánica puso en pie un imperio con una malla de ciudades fundadas a conciencia desde el primer momento, la construcción de ciudades planificadas comienza en 1501 con la llegada del gobernador Ovando a La Española, en el diseño de estas ciudades había una distribución de casas para los que provenían de la península con asignación de predios en el interior y en el exterior de la ciudad, pero también con lotes equitativos para la población india, también con sus correspondientes tierras cultivables. La Monarquía hace esfuerzos ímprobos para reunir en poblaciones urbanas tanto a peninsulares como a indios, ambos grupos con tendencia a dispersarse por el terreno, los primeros para fundar sus haciendas y los segundos para seguir con su modo de vida anterior a la llegada de los españoles. A partir de ahí pudo asentar la corona el enorme edificio burocrático que se sostuvo durante tres siglos, el plan de la Monarquía Hispánica es milimétrico en este aspecto, con una abundancia de normas y preceptos gigantesca que toca multitud de aspectos, tan privados y personales algunos como el casamiento, con respecto al cual se animaba desde la corona, e incluso desde el clero, a la realización de matrimonios mixtos con indios. La lista de instrumentos jurídicos y funcionariales es interminable: las residencias, las visitaciones, las audiencias, los cabildos, los virreinatos… que tampoco hay que insistir más porque las pruebas de esta ingeniería burocrática está en los archivos y son una muestra de la realidad del imperio español. 

- Realidad que es negada en muchas ocasiones y sistemáticamente, me estoy acordando de las ocurrencias de gente como Goytisolo, Savater y compañía a este respecto. La última, la entrevista que le hace Iñaki Gabilondo a Pérez- Reverte donde este pone como argumento que lo que le ocurrió al imperio español fue que se equivocó de Dios, y el tío se queda tan ancho.

- Sí, es increíble, a juzgar por esas críticas parece que el imperio español consistió en una panda de oligofrénicos que únicamente se dedicaba a rezar y matar indios con saña. La respuesta a eso está en el punto de referencia del que parten estos intelectuales, sistema de referencia que hay que tener en cuenta que pertenece a un espacio, el espacio imperial. Estas críticas tienen como sistema de referencia el del estado-nación contemporáneo que tiene como unidad principal la de la nación política. Estados como Francia, Holanda e Inglaterra se afanan con todas sus fuerzas para destruir el imperio dominador de la época de los siglos XVI a XVIII, el imperio de la Monarquía Hispana, y lo acaban consiguiendo, allanando el camino para la aparición de los imperios siguientes: el británico y el useño. Estas naciones que se oponen al Imperio español constituyen, cada una, una unidad política de carácter antitético a la hispana y van laminando el imperio que tienen en frente, como no puede ser de otra manera en el espacio imperial donde los modelos de dominación se enfrentan a muerte. Se trata, en este caso, de un choque de organizaciones opuestas tanto en su extensión (desmesurada la de la monarquía hispánica, más reducida pero más manejable y versátil la de las naciones europeas), en lo religioso, y en lo económico (el concepto económico en ambos modelos está relacionado también con conceptos morales provenientes de la religión, el modelo católico rechaza una orientación estrictamente capitalista para el Imperio español). Una muestra de esa victoria es la permanencia de las armas, de los instrumentos que doblegaron al imperio anterior, y que adornan al actual, al triunfante, al de referencia. Una de las armas en este tipo de enfrentamientos entre imperios es el de la propaganda, la propaganda negativa, “la leyenda negra”. Es un arma típica de enfrentamiento, en otro campo distinto del de las batallas pero con un mismo objetivo que el de un cuerpo de artillería o de zapadores, derrotar al contrario, aniquilarlo, y también en algunas ocasiones, mantenerlo en la derrota para que no pueda resurgir. Un resto de esa victoria del sistema de las naciones políticas sobre el imperio español es la permanencia de esa leyenda negra.



- Pero Felguerinos, hay que reconocer que la virulencia de la leyenda negra española es especial, es exagerada, y no se puede pensar en una confabulación mundial para denigrar al imperio español, otros imperios hubo y no contaron con esta saña en contra.

- La razón hay que buscarla en lo que te decía, insisto. El sistema del estado-nación que se consolida tras la Monarquía Hispánica es el que impera ahora mismo, y la situación especial de la leyenda negra en España, y su asunción por los propios españoles, tiene en el fondo la misma explicación. España no es la Monarquía Hispana ya, España es una nación política incorporada al sistema que derrotó al Imperio español. Tiene muchos elementos de la época imperial, elementos a los que no puede renunciar aunque quiera, pero tras el colapso del imperio, los terrenos peninsulares del mismo tomaron la dirección política de los estados nación canónicos europeos. En España pensamos desde este sistema de naciones políticas, nacemos, nos educamos, morimos en este sistema. La misma Gran Revolución, la revolución francesa, a cada momento se muestra como el eje de todo esquema histórico y hasta no histórico, la canonización de este hecho histórico es ridícula. Un hecho, que sí es verdad, marca el bautismo de la nación francesa como nación política, pero que es uno más y que ha de contar, como no puede ser de otra forma, con los condicionantes anteriores a la revolución, como es el arrinconamiento y debilitamiento que realiza Luis XIV de la alta burguesía en favor de la pequeña burguesía, y que configura las bases que van a permitir la revolución. Este es otro ejemplo de lo que te decía antes de nuestra pertenencia al sistema de las naciones políticas, la utilización continua, constante y martilleante del hecho de una revolución perteneciente a otra nación política, nación que es una de las dominadoras de este sistema y una de sus forjadoras. Del mismo modo, la leyenda negra se asume como un elemento propio por los individuos e instituciones más integradas en este sistema que se impuso. Para que veas que esto encaja, vamos a tomar el ejemplo de los intelectuales antiespañoles y negrolegendarios que me decías, tomando a estos individuos como si fuéramos entomólogos, los podríamos clasificar en la especie de los intelectuales de la nación política española, que a su vez pertenecen al género de los intelectuales de la nación estado (cuando hablamos de intelectuales, ya sabes, estamos hablando de una especie de funcionarios del estado que no se encuentran en ningún ministerio físico pero ocupan una serie puestos que son oficiales de otra manera, como la tribuna de los grandes periódicos, la propaganda de grandes bancos y centros comerciales, etc.), una de las características esenciales de este género es la de contribuir al mantenimiento de la continuidad (la eutaxia) de la sociedad en la que están insertos y de la que participan como elementos conspicuos y, para ello, utilizan los instrumentos necesarios, uno de ellos, como decíamos antes, el de la leyenda negra. La especie intelectual de la nación política española debe contar con esta característica esencial de su género y así la utiliza con todo lujo de matices presentando al Imperio español como cerril, cruel, inútil y, en definitiva un engendro. Aparte de esto, debe ser sumamente placentero para estos literatos el ser protagonistas de la construcción contradictoria de este relato, ejemplos de esto los tenemos abundantísimos, uno de los últimos el del cineasta Fernando Trueba deseando que en la guerra de independencia hubieran ganado los franceses. Pero esta circunstancia no se da solo en este sector si no que te encuentras que muchos de los partidos políticos actuales tienen en su ideario, entre sus pilares ideológicos, temas como la leyenda negra antiespañola, esto nos podría llevar al problema de España, pero bueno…

- Nada Felguerinos, te tengo que dejar porque es la hora, ya seguimos hablando.

- Vale Otón, ya hablamos.

- Chau.

- Chau.


 H. F. Felguerinos y Otón F. Iglesias para Repúblico Hispano

lunes, 24 de abril de 2017

Contracrónica: Francia frente a los imperios y bosquejos con lápiz de trazo grueso

     
   

              Fin de semana electoral en París. Pero en La Felguera están mucho más preocupados por «el clásico». Cristiano Ronaldo y Messi llenan las discusiones dejando poco espacio a la preocupación por unas elecciones en Francia que, siempre según la prensa, podrían ser el principio del fin de la UE. El atentado del viernes ha levantado pocos comentarios entre los felguerinos, es como si ya fuese habitual que eso pase en París. «Éstos ya no son lo que eran», comenta alguien en El Gaucho refiriéndose a los franceses. Y a la hora del vermú, aparece fugazmente la noticia en un telediario que al poco se olvida para regresar a la discusión sobre si debe jugar Bale (que nunca debió salir de titular), Isco o Asensio el domingo.
               París, como diría Pla, está a la baja. Lejos quedan aquellos días del proyecto imperial del bonapartismo que explica en un viejo libro el historiador Louis Bergeron «1811 fue el año del nacimiento del rey de Roma, así como también el del gran proyecto de transformación de París en capital de Europa. […] La voluntad de centralización, presente en la idea del homenaje monumental que habían de rendir, en las colinas de París, todos los soberanos del continente a su señor, aparecía al mismo tiempo de unificación económica». La UE vibra soterrada en este párrafo. París como medida de Europa, como centro y medida del mundo occidental que soñaron los bonapartistas. La ironía es que en estas elecciones quieren recuperar la perdida «grandeur» desmontando el proyecto imperial: «volvamos a la Nación». Es un intento de Restauración 2.0, una Francia completamente oprimida por el mundo anglosajón y su Anglobalización, por una Alemania potencia industrial y económica también acosada, como la propia Francia, que se vuelve más agresiva y crea un malestar, además de desmontar sus estados del bienestar, en el resto de pueblos de Europa en su competencia con los nuevos imperios no occidentales.
               Y la broma del destino es que un francés -que planteará un desastre de partido-, entrenador de fútbol, roba la atención en el mundo a los políticos franceses. «El clásico» se verá en toda la plataforma hispánica y por ende,  ya que España fue un Imperio, será seguido en el mundo. Es el siglo de las mallas digitales contra las que luchan esos políticos con sus discursos añorantes del viejo nacionalismo. Pero ya dijo Joseph de Maistre «el tiempo es el primer ministro en este mundo de Dios y no se puede hacerlo retroceder. Cada siglo tiene su propia fisonomía y es inútil tratar de restaurar la de épocas pasadas». Por mucho que se empeñen los candidatos franceses.

Romanos, lenguas imperiales y fútbol



               Melenchon, candidato de Francia Insurgente, se indigna porque un periodista de la BBC pretende que responda una pregunta en inglés. «Son intrínsecamente imperialistas» dice indignado el bueno de Jean Luc.


              Me quedo un poco patidifuso y le pregunto por guasap a mi colega en ERH, el gran Héctor Ortega, qué opina del asunto. Y me contesta rápido y con brillantez: «son herederos de la teoría imperial leninista. Todo imperio es malo. Pero es que Lenin, que era un anarquista, jamás elaboró una teoría clasificatoria de la idea de Imperio. Sus reflexiones son un tanto burdas y de trazo grueso; y se vuelven aún más vulgares al ir degradándose todo el siglo XX de panfleto en panfleto. No hacen la clasificación que hizo el Padre Sepúlveda entre Imperio heril, el imperio depredador de los anglosajones, y el Imperio civil de los españoles. Francia es una nación con vocación imperial pero sin Imperio real y se queda atrapada en la paradoja. No lo entienden.»
               Como siempre, Héctor Ortega dando en la diana. Y me lo confirma este texto de Bergeron, al que ya citamos arriba, cuando habla del proyecto antiborbónico diseñado por Inglaterra a comienzas del XIX « Fue la Inglaterra aristocrática la que formuló por primera vez, a través de la obra de Burke y desde los años 1780, una doctrina del conservadurismo político y social que habría de proporcionar en adelante sus elementos ideológicos esenciales a la contrarrevolución europea, contribuyendo así a unificar la resistencia con que muy pronto la libra esterlina habría de cimentarlas coaliciones. Si bien la hostilidad de Inglaterra hacia la Francia revolucionaria se hallaba dictada por sus intereses económicos nacionales, así como por el miedo social de sus propias clases dirigentes, no deja de ser cierto que hizo todo lo posible por imprimir a la contrarrevolución un carácter internacional que respondía a las pretensiones universalistas de la misma Revolución francesa.»
              No lo ven, son franceses. No entienden que los valores universales del borbonismo son en realidad puro voluntarismo y que los valores contrarrevolucionarios de Inglaterra se asientan sobre un Imperio colonial realmente existente. La revolución francesa en gran medida es un producto del fracaso de la guerra de los siete años en el siglo XVIII, de la incapacidad de Francia para hacerse con un espacio imperial como el que poseían España e Inglaterra.
              Es un acto de voluntarismo en los tiempos de las mallas digitales, de internet, tratar de enfrentarse a un plataforma, cuyo origen es un imperio, anglosajona desde un idioma como el francés. Es una batalla perdida de antemano. Y la prueba del nueve es que Melenchon acaba gritando «inglés no, español sí», que no deja de ser otra lengua «imperial». Mientras el Bueno de Melenchon trata de que Francia resurja y cae en la trampa de demonizar los imperios. Los ingleses, que nunca han renegado del suyo, se permiten las ya clásicas ironías desde los Monty Python, dejando ver que ellos sí que entienden que hay «clases de Imperios».


            Porque no hay nada más dañino para un imperio que otro imperio. Y si no ahí está ese invento de «el clásico». La gente que tenemos cierta edad, jamás llamamos al Real Madrid vs Barça «El Clásico». Nunca. Era el Madrid –Barça, y punto. Este invento de «El Clásico» fue una respuesta al proyecto internacional de la liga Premier inglesa, cuya idea era extenderlo por Asia. Ellos vendían el paquete de su liga, con los estadios llenos, masas cantarinas y animantes, las camisetas, un espectáculo de mercado global. En España se trató de hacer algo parecido, en un principio con La Liga, pero luego se apostó por el Madrid-Barcelona. En los 2000´s las giras absurdas por Asia fueron dejando ver que a los chinos, en realidad, el fútbol les importaba una higa. Los que ven fútbol son los iberoamericanos, el Oriente Próximo y África. Así que, cuando alguien explicó al los periodistas que era imposible que el partido Real Madrid-Barça fuera un «derby», nos centramos en Iberoamérica robándoles incluso la terminología: el Real Madrid-Barcelona sería «el clásico» de los «clásicos»; ya que hasta entonces «El Clásico» eran el River-Bocca argentino. Un supernegocio global. Fabuloso. Y encima un éxito porque está arrasando incluso a los medios anglos. Por una vez en Albión se encontraban con la horma imperial de su zapato.
           
             Es por esto que la última victoria del Barça la celebramos muchos madridistas: porque ganamos todos. Hay liga y hay negocio. Hay declaraciones de Piqué, que es el que mejor entiende el negocio como prueba su matrimonio con Shakira. ¡¡Viva El Clásico!! ¡¡Viva el Imperio!!


Velino y sus días contados



               Esto tendría que ser una veliniana. Pero desgraciadamente el tiempo en que publicaba en estos Apts las famosas velinianas ha pasado. Velino tomó rumbo propio, además de blog, y ha encontrado a otros editores que le den forma a sus textos; y creo que los ha encontrado estupendos. Así que no queda más remedio que escribir una crónica más de esas a las que llamo, no sé muy bien por qué, contracrónica. Y en esta crónica hay que pagar una deuda debida a nuestro buen Velino: decir bien alto que además de bloguero ahora es memorialista y ha sacado al mercado un libro de recuerdos titulado «Lápiz de trazo grueso» (título que se refiere a los lápices de carpintero que usaba su padre). Supongo que alguno de los escasos lectores que por aquí pululan habrá notado que no he escrito ni una palabra sobre su último libro. Y ese lector pensaría «¡qué desagradecido este Fdez! Que debe la escasa fama de sus Apts al buen hacer de Velino». El lector lleva razón.
              En el colmo de la traición, aún no he comprado el libro (pero este pecado se subsanará en breves días). Espero que Velino haya escrito un libro la mitad de maravilloso de lo que ha sido encontrarse con él en entrevistas de periódicos y radios. Da gusto leer y escuchar (fabulosa la entrevista en radio) a un hombre que ya da, como diría Baroja, las últimas vueltas al camino y que en lugar de amargarse celebra la vida. Qué diferencia escuchar al viejo Velino hablar con esa alegría del recuerdo de los días pasados y la esperanza estoica de lo que queda por venir; qué diferencia, decía, comparado por ejemplo con la última entrevista de un lloroso Michael Caine en El país, lamentándose : «mis días están contados» ¡¡Claro, los suyos y los de todos!!. La vejez decrépita no es la de los que están impedidos por las enfermedades, sino la de los que no son capaces de celebrar lo vivido. Un tipo como Caine, actor gigante, pícaro de barrio londinense, triunfador en el Londres vibrante de los 60´s y 70´s, con una carrera prodigiosa a sus espaldas. Un tipo que puede contar anécdotas como aquella en la que un día caminaba por las calles de Nueva York conversando con su compatriota Cary Grant -el gran Cary Grant, otro cockney inglés - y una señora, al verlos, se para y le dice a Grant señalando a Caine «¿sabe que es toda una estrella?», y Grant responde «¡¡¡Ya lo creo!!!». Un tipo que ha vivido todo eso, se ha quedado reducido a este triste anciano del periódico, sin pulso, sin carácter, con unos ojos apagados que se le salen casi de las órbitas, anegados en lágrimas, preocupado por comer «sin gluten» y tomar zumitos, después de décadas bebiendo el Nilo en una botella de ginebra.
             
              Frente a eso en las entrevistas de un Velino jovial que, con voz cantarina, como la de aquel Maestre Shalow del «Campanadas a Medianoche» le grita a Sir John: «¡¡¡Las cosas que han vivido, sir John , las cosas que hemos vivido. Las alegres noches en el prado de San Jorge, cuando las campanadas resonaban a medianoche Las cosas que han vivido!!!». Un poco de eso va esta obra de Velino, recuerdos y canciones, curvas de guitarra y de mujeres, periodismo en el que se esculpe de fondo el friso de la política local y , lo más importante, lo que más le gusta a nuestro buen Velino, lo que le pasa al gente. Ese es el leitmotiv principal de toda lo que se acumula en esas páginas, en el que se van con «contando los días» a trazos gruesos de lápiz de carpintero, con una sonrisa y sin amargura. Mirando al pasado sin ira y al futuro con esperanza e interés. Qué bien está envejeciendo nuestro buen Velino. Y qué suerte la de este humilde cronista de haber podido trabajar con él, codo a codo, en esto de la red. Aún recuerdo sus correos con el texto en bruto, vibrante, urgente y apremiante por contar la actualidad, mientras me tocaba editar los textos: y en aquel trabajo iba poco a poco dándome cuenta de que lo menos importante de aquellos textos era la actualidad puntual -aunque Veli me agobiase con la necesidad de sacara el material rápido, de que no perdiese el ráccord-, sino del decantado de la vida y un tiempo que había de fondo en ellos. Veli, siempre cabreado de que me recrease en poner culos y otras tonterías, lo que dejaba en aquellos textos es la imagen de un Oviedo que ya quedará fijado por siempre. En aquel ir y venir de correos de textos, empezó a fraguarde una relación en la que yo fui un poco el Boswell de la cuencas y un doctor Johnson ovetense. ¡Qué bien los pasamos y cuánto añoro aquellos fabulosos momentos de la velinianas! Tal vez por eso sigo con estas tristes contracrónicas, tratando de encontrar más que el hecho puntual, la marea de fondo del tiempo, como lo hace maravillosamente el Gran Velino.

Madrid tecnicolor


              Y de París a Madrid, leyendo el magnífico libro de Marcos Ordóñez sobre Ava Gardner, «Beberse la vida», me encuentro con este comentario de Perico Vidal (el libro es una recopilación de entrevistas de gente que estuvo alrededor de Ava Gardner en sus años españoles. Odóñez quedó fascinado con este personaje, Perico Vidal, asistente de director, amigo de Frank Sinatra y David Lean, juerguista, gran vividor; quedó tan fascinado que le dedicó otro libro: «Y allí estaban las dos- dice Vidal-. Lana con su melena rubia y Ava con su peinado a la española, con el pelo negro… Algo impresionante. Tanta belleza junta… riendo… en aquel Madrid tan oscuro, tan de blanco y negro…». Es un «ritornello» constante en todos aquellos que vivieron los años del franquismo: hablar del mundo en blanco y negro de aquella época. Como si alguien le hubiese quitado el color a a Madrid por la existencia de un régimen político determinado y hubiese vuelto a ponerlo con los años de la transición.
               Garci repite esto del «blanco y negro», pero no parece muy real que nadie le quitase el sol y el color a España porque en la cúspide del gobierno hubiese un general o un rey, parece más propaganda del la Santísima Transición que otra cosa. Vidal cita eso al periodista cuando es un hombre de ochenta años, muy contaminado por el ambiente ideológico que vivimos. Él confiesa en sus memorias no haberse enterado de casi nada del franquismo, estaba demasiado ocupado con sus rodajes, estrellas y jazz. 
               Pero es que si se va a las memorias de los exiliados de verdad, de los que tuvieron que hacer las maletas la largarse la impresión es la contraria. Jorge Semprún, cuando vuelve en los cincuentas a reorganizar el PCE dentro de España, habla del sol de Madrid, de la luz de España. No ve nada en «blanco y negro». Un tipo que llega de un París encapotado por un mantón plomizo y gris (¡¡«La ciudad de la luz», otra falsedad propagandística!! ¡¡¡La ciudad de la lluvia!!!) que se encuentra con un estallido de color. O también lo cuenta Carrillo, cuando narra en un episodio del programa de la Prego la famosa entrada de incógnito con la peluca, que el reencuentro más agradable fue volver a entrar en contacto con la luz de España, con el color, con la alegría de las gentes, en la que influye más la climatología que un determinado orden político de las cosas. Es la España que podemos sentir en Boccherini y su «Musica Notturna delle Strade di Madrid » 


               Es el Madrid en tecnicolor que revienta en las imágenes de las chicas de la cruz roja. Podrá decirse que era un Madrid pobre, atrasado..., incluso feo; pero no había general que le pudiese quitar el color.



La belle por bandera


               Un cretino critica, de forma cobarde y traicionera, desde la red este humilde blog. Me acusa de ser socialdemócrata antimarxista, anticomunista, de anti muchísimas cosas. Lo dicho: un cretino. Pero nuestro peor pecado, según este santo varón del apostolado marxista, es que aquí sólo ponemos mujeres desnudas. Resulta que este supuesto radical comunista, al que se le llena la boca de la clase obrera sin tener ni idea de lo que es madrugar para ir a trabajar, acaba coincidiendo con nuestra muy socialdemócrata Marquesona de Langreo, que le decía a nuestro Velino que yo era «antisocialista y un machista irredento».
              «Algo debo estar haciendo bien» para tener en contra a todos estos fantasmones de la supuesta «izquierda».
               En la calle me dicen:
              -Fdez, no lo dejes. Sigue colgando esas maravillosas fotos de mujeres. 
               Seguimos. Y como estamos en las elecciones francesas recuperamos una de sus glorias: la maravillosísma Emmanuelle Beart Y aquí la dejamos en sus esplendor de los 90´s en «La bella mentirosa». Siempre las bellas -en este caso la belle- por bandera, para que sigan criticando...












F.

martes, 4 de abril de 2017

Anatomía gravitacional

          Las señoritas, y en según qué ocasiones las señoras jóvenes, parece a veces como si llevaran los pechos aguantados con alambres y cordeles de una positiva eficacia. En verano, bajo la blusa ligera, los pequeños pezones de las glándulas, como si se tratara de un elemento habitual del cuerpo, parecen punzones decididos y obstinados. No es que el espectáculo sea muy distinguido, pero algunos amigos míos  encuentran interesantes estas concesiones de la naturaleza humana. A mí, personalmente, estas manipulaciones no suelen desviarme de cierta morosidad constitucional, debido quizá a mi convicción de que salvo rarísimas excepciones, estas glándulas tienden a gravitar hacia el centro de la tierra de forma ineluctable. Que dicha gravitación pueda aplazarse un año o dos, seguramente es lo máximo que cabe esperar de estas fatídica realidad. Por ello, no seré yo quien formule crítica alguna contra estos esfuerzos  por mantener ilusorias apariencias.

Pla (Notas dispersas)




A veces la perfección de la que hacen gala algunas 'celebrities' tiene más que ver con trucos caseros que con sus cualidades naturales o con lencería sofisticada. Kim Kardashian ha desvelado en Instagram su secreto para lucir escote: sujetar el pecho con una cinta adhesiva.

El Mundo



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