lunes, 27 de febrero de 2017

Carnestolendas



Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

Permítame que le cite yo....

Pabellondinvt2
Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

Trump is the winner...




En realidad todo fue un montaje. En primer lugar porque a pesar de todo lo que critican a Donald Trump en Hollywood parece que admiran sus estrategias de marketing porque le copiaron el truco que usó en el certamen de Miss Universo en 2015 cuando el presentador anunció a Miss Colombia como la ganadora cuando en realidad había ganado Filipinas, seguro que te acuerdas.Al día siguiente no se hablaba de otra cosa que del concurso de Miss Universo. Creo que usaron el mismo concepto en los Oscars para subir la audiencia porque en 2016 tuvieron uno de los peores índices de audiencia de su historia.

Greenshines




Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

MasqApts: No sólo para caballeros...

      
   
          Ya me lo había dicho Velino en una ocasión hace años «Esther -nuestra Marquesona de Langreodice que eres antisocialista y un machista irredento». Tuve que consultar en el móvil qué coño significaba «irredento» (¿de dónde sacaría semejante palabro nuestro buen Veli?). Al final, después de dar varias vueltas y consultas en la güeb de la RAE  llegué a al conclusión de que sí, de que podía ser... Qué le iba a hacer, esta es una publicación para caballeros y no concuerda en exceso con la ideología dominante socialdemócrata que se está hundiendo en este primer tercio del siglo XXI.
     -¿No hay caballeros a los que les gusten más los caracoles que las ostras?- acota una feminista felguerina.
      Sí, aquí son bien recibidos todos los caballeros con independencia de los moluscos que gusten.
     -¿Entonces, esas fotos de señoras, tan machistas, de mujeres objeto medidas al peso de la carne sólo para heterosexuales?- me interpela de nuevo la crítica feminista de La Felguera.
       En Apts nunca se ha estigmatizado ninguna orientación sexual, pero las fotografías de orografías femeninas son una marca, un símbolo que identifica al lector de esta publicación y que hace entrar en juego con otros caballeros lectores. ¡Vaya usted a saber si la foto de una estupenda señora ha servido de arranque de un flert masculino!
     -¡Vamos, lo que me esperaba, entonces una publicación misógina!- Exclama visiblememte irritada.
     Nada de eso. Nosotros en Apts adoramos a la mujer. La veneramos. Pero en estos tiempos de crisis de la masculinidad hemos construido este pequeño reducto digital en el que rendir homenaje a nuestros abuelos. Es un lugar en el que hacemos de vez en cuando una croniquilla de los días que nos han tocado vivir, sin ninguna voluntad de laureles periodísticos, y remedamos una moral que ya no es la nuestra. En realidad, como dirían nuestros antepasados, somos hombres blandengues jugando a ser tipos duros escondidos detrás de caretas digitales. Pero en cuanto nos encontramos con una mujer ideológicamente puesta la día, nos lo hacemos en los pantalones.
      -¡Palabrería! Es necesario que en ese panfleto ridículo se escuche la voz de la mujer humillada y que se limpie de machunismo, que es lo que hay ahí. ¡Mucho machunismo!- Nos ordena la comisaria feminista.
     Somos conscientes de que el viejo concepto de caballerosidad, la cualidad de caballero, está muerta en el siglo XXI por anacrónica. Si una comisaria feminista nos para por La Felguera y nos pide -aunque sería mejor decir que nos exige u ordena- que se pueda ver el punto de vista feminista en esta publicación, nosotros acatamos y callamos.
     Nuestra favorita para enlazar un video sería Irantzu Varela (a la que adoramos en esta publicación); pero como queremos llevar la corrección política al límite, pondremos un video de Isa Calderón, que ademas de ser sobrina de Gregorio Peces Baraba e íntima de Pablo Bustinduy -errejonista destacado e hijo de ministra socialista-, es una bloguera de éxito catapultada por la Ser [Cómo no..]. Vamos, una pija con pedigrí.
    Cuelgo  una crítica furibunda a una película que es un mito para el editor de esta publicación: El gran Lebowsky. Una cinta que refleja fielmente lo que la posmodernidad hizo con el concepto decimonónico de caballerosiad. El nota es un caballero crepuscular, un antihéroe, luz y guía de muchos varones occidentales que veían perdidos ya para siempre los nortes de la masculinidad de sus ancestros. Las feministas lo odian. Bueno, aquí queda el peaje de esta humilde publicación, que ya no es sólo para caballeros...


Desempolvando el ibertren



La razón principal por la que lo hago (escribir un blog) es porque estoy convencido de que hacerse un sitio importante en Internet hoy es como haber abierto un periódico hace 100 años, también me gusta saber que miles de personas me leen cada día. Por lo general se suele infravalorar la influencia de gente muy seguida en Internet, yo sé (por los números) que a mi me lee en España cada día mucha más gente que a la mayoría de periodistas muy reconocidos. No me quejo, al contrario, considero que pasar por debajo del radar es siempre una ventaja. 
Greenshines



        Apts es como un ibertren de esos que te regalaban cuando eras crío. Había temporadas que te pasabas el día entero jugando con él y otras temporadas se quedaba meses criando polvo encima del armario hasta que te volvía a dar la fiebre.  A la mayoría de los que nos regalaron el ibertren de niños se nos escapó la ilusión definitivamente en la adolescencia. Pero algunos frikis convirtieron la afición infantil en un hobby adulto y casi  una forma de vida. Andan de aquí para allá con sus maquetas, máquinas y vagones a escala, gastándose la pasta en sus perennes sueños infantiles.
        Esto de los blogs es parecido. Yo dejo tirados por ahí estos Apts  hasta que me vuelve a dar la fiebre y me pongo sobre ellos como si a alguien le importase lo que opino. El otro día me preguntaron si tenía pensado publicar más Contracrónicas, no supe que contestar. Bueno, la contestación es la Contra que publico aquí. Yo estoy mucho más de acuerdo con el bloguero Greenshines, que cree que el blog y las güebs son el futuro, que con el periodista asturiano Tino Pertierra que piensa que para entender Asturias hay que leer La Nueva España. Así nos va. Yo seguiré publicando mis Contras en las que cuento cómo veo, La Felguera, Asturias, España y el mundo, que, por supuesto, ni mucho menos se parecen a las que nos cuentea LNE. Y entre contra y contra, con permiso de la comisaria feminista de La Felguera, también contaré algo del hombre que hay en mí.
     


F.

jueves, 23 de febrero de 2017

MasqApts: Feminismo de salón (y machismo de oficina)


Irene Montero aprendió a cocinar lentejas en sus dos estancias en Chile. Se afilió a las Juventudes Comunistas con 16 años, en plena fiebre izquierdista zapateril, que lo arrasaba todo. Sus padres son de un pueblito de Ávila. Trabajó de dependienta. Es la portavoz más joven de un partido en la historia de España. Es la primera mujer de la historia de España coreada en el Congreso de su partido. En Vistalegre II se encargó los dos días de sentarse al lado de Errejón para enseñarle la espalda. Está empadronada en casa de sus padres. Fué a la Universidad Autónoma -y no a la Complutense-. Fue, junto con Rafael Mayoral (que la llevó a Podemos) de las pioneras del PAH Madrid. Esta obsesiónada con las black panthers. Su libro preferido es Cien años de Soledad de García Márquez y le encanta Costa-Gavras. Asiste al Congreso con camisetas con motivos reivindicativos al más puro estilo Anna Gabriel. Es acuario. Escucha RadioOlé. Es hija única. Renunció a una estancia en Harvard por Podemos, en sus albores. Durante el año y pico que le ha llevado la agenda a Pablo Iglesias ha estado metida en el asunto desde las siete de la mañana hasta la una de la madrugada, llevándole todo al dedillo y poniendo orden en el caos que había anteriormente.

Para saber todo esto, he tenido que mirar en artículos de hace un año. La mayoría, desde que se le relaciona con Pablo Iglesias, sólo habla de él cuando habla de ella. Ahora mismo pones Irene Montero en Google y encuentras como links (lo de Google ya pasa de castaño oscuro) que se ha besado con Pablo en la cafetería del congreso. Toda España, esa que vé comedias románticas de Hollywood, la lincha a ella y a él. Todos esos columnistas tan creativos de El País o El Mundo que siempre encuentran el otro punto de vista de cualquier asunto, sólo hablan de que se acuesta con Pablo Iglesias. Estamos hablando, prácticamente, de uno de los símbolos femeninos de la política mundial actual, sin asomo de dudas. Y todos los microbloggers de facebook también dirigen su atención únicamente a que se acuesta con Pablo Iglesias.

Los -y las- feministas florero agrupados en torno a Errejón, que en el pasado siempre que pudieron alzaron la voz para meterse con clérigos anónimos o con algún futbolista al que le negaron la presunción de inocencia, ahora, cuando al fin tienen la ocasión de encontrarse un caso real y en su cara, un caso tan flagrante y en la persona de una compañera, callan. No ponen absolutamente nada en sus bulliciosos canales de Telegram al respecto de este ninguneo.

Todo este machismo resulta claro y meridiano para la mayoría de la gente, aunque callen, y está socavando por dentro en pocos días la reputación de muchísimos periodistas y microbloggers. Pero creo que hay otro punto no menos pernicioso que puede que se pase por alto : el grosero tratamiento tanto a Pablo Iglesias como a la idea de amor. El soniquete repetido es que Pablo Iglesias "se ha acostado con ella y la ha ascendido". Como si fuera Podemos el PP de Balta. Bajo esta aparentemente graciosa frase se encuentra una idea del amor sin resonancia. Como si el amor fuera algo aleatorio. Como si te enamoraras al azar con cualquiera que pasara por la calle, sea un mendigo o un kazajo con el que no te entiendes. Pues bien, está presunta idea de amor es muy cínica, porque en el fondo tampoco defienden una libertad aleatoria total para enamorarse sino con unos parámetros marcados. Los mismos que hablan del estilo de Michele Obama o Melania Trump, mujeres florero, operadas o no; son los que ponen el grito en el cielo porque Pablo Iglesias se acueste con la mujer que le lleva la agenda. Cuando todo el mundo sabe que lo peor que puedes hacer es tener a tu mujer hasta en la sopa. Dolores Ibárruri se acostó con todas las juventudes rusas del Komsomol. Stalin en sus últimos años, con sus secretarias. Así comprenden el amor los revolucionarios genuinos, y parece que ni uno de nuestros cronistas intenta por lo menos comprender, por no decir, caer en la cuenta, de la superioridad moral, si, superioridad moral, de un amor así, alejado del cinismo conformista de la mayoría de parejas actuales basadas en las operaciones estéticas y en mirar para otro lado ante la manera de ver el mundo, reprimidos por ese estúpido superyo que te empuja a ser apolítico y conduce al fracaso a la inmensa mayoría de los matrimonios españoles hoy en día, o lo que es peor, a la depresión de uno de los miembros.

Raúl Muniente

lunes, 13 de febrero de 2017

Hispano soy y nada de lo hispano me es ajeno



Una pequeña revolución ha supuesto para este blog la publicación del último artículo ( Anglobalización, y aún queda la segunda entrega) de Héctor Ortega. Y un pequeño incendio en el entorno de la Fundación Gustavo Bueno, cuyos miembros nos acusan por mensajes en las redes sociales de idealismo. En el foro de Repúblico Hispano hemos tomado como lema la frase de Terencio que tanto repitiese el filósofo Gustavo Bueno «hombre soy y nada de los humano me es ajeno», pero parafraseándola a la hispánica manera «hispano soy y nada de lo hispánico me es ajeno». Un lema que está en perfecta consonancia con el «espíritu» de la filosofía de Gustavo Bueno; una filosofía hecha en español que desborda el hecho peninsular y se pretende como filosofía que puede dar una visión del mundo desde un determinada plataforma. Hay que recordar que la españolidad es interpretada desde las páginas de  España frente a Europa como una forma de «estar» -no de «ser»- ante el mundo.

Los hechos de México provocaron que yo me atreviese a escribir en algunas redes sociales que antes que definirme como español me definía como hispano, cosa que nuevamente alteró a alguno de los seguidores fundamentalistas de los postulados de la Fundación Gustavo Bueno que me mandaron mensajes afeándome la proclama. Tras el artículo que publiqué sobre las nuevas tecnologías (La urdimbre del siglo XXI: la disolución nacional y las nuevas tecnologías) y sus consecuencias en las figuras política del siglo XXI -un artículo que viene a concluir que la redefinición de coordenadas producida por la malla digital pone a los Estados canónicos europeos en una crisis que se encamina hacia lo terminal; el caso de Francia es la prueba fundamental de esta crisis-, la proclama era de una lógica aplastante.

España (como nación europea) es irrelevante

La idea de una España reducida a su contexto europeo sería una fenómeno irrelevante según el propio sistema del filomat. Esa España confinada al espacio europeo sería un fenómeno digno de estudio para etnógrafos pero no para filósofos políticos, nos decía GB en las páginas de «España frente a Europa» estableciendo la comparación con Finlandia. Y remataba con este párrafo en la página 439 que nos inspiró el «antes hispano que español» proclamado en las redes sociales y que tanto alteró a los talmudista del filomat, dice así: «Podría significar muy poco, en relación con las «cuestiones que conciernen a la Humanidad» , la condición de español cuando se toma en sí misma, en absoluto.» A algunos les provocará sarpullidos ver como se plantea poco antes a la «Comunidad hispánica» (cuya existencia se nos niega una y otra vez) como alternativa, como sujeto que tenga voz propia en el mundo.

Y es lógico que un filósofo que construye un sistema filosófico que se quiere ambicioso y pretende engranar en los sistemas de pensamiento mundiales, necesite para levantar semejante catedral los sillares de una lengua, una cultura y una historia que desborde la raquítica concepción que del mundo puede tener un península en un cabo de Europa. Si España sólo fuese esa nación jacobina, copiando de la superior Francia, que se encuentra en el extremo occidental europeo  y que tanto defienden desde la Fundación Gustavo Bueno ¿Para qué querría decir nada del mundo? ¿De qué sirve ese esa recuperación historicista de los Vélez e Insuas, cuando estamos condenados a cerrarnos sobre las fronteras europeas, en tiempos de la malla digital, y recordar los hechos del imperio como plumas con las que engalanarnos y tratar de emular a las naciones competidoras? ¿Ser español es ir a una conferencia de las «nuevas derechas» europeas en las que se reniega de todo lo hispánico, la catolicidad, el mestizaje, la pluralidad, para acabar circunscribiendo una nación como la nuestra a la mentira de la homogeneidad y el exclusivismo frente a otros pueblos? Aquellos responsables de la Fundación Gustavo Bueno deberían hacerse mirar estas cosas.

Héctor Ortega y el que esto escribe seguimos con nuestros trabajos sobre la política hispánica, tomando como real torcedor -en expresión de Gracián- la obra España frente a Europa. Preparamos un serie de revisiones de textos que se comentarán en un grupo de facebook que abriremos en los próximos meses, y en el que participarán un grupo escogido de seguidores y comentaristas. Todo es un preludio de la celebración de los 20 años de la publicación de la obra de Gustavo Bueno. Es una celebración alternativa y completamente de espaldas a la Fundación Gustavo Bueno, que pensamos que ha tomado un rumbo político completamente desnortado y peligroso.

H.F. Felguerinos

Story of a wall








Mesa de Redacción de AptsFelguerinos

martes, 7 de febrero de 2017

American pastoral

Our Father/who art in Heaven/hallowed by Thy name...



Mesa de Redacción de la Felguera

Repúblico Hispano: Anglobalización



El 30 de agosto del año 2013 el parlamento británico votó en contra de una intervención militar conjunta de Reino Unido y los Estados Unidos en Siria. Aquella fue la primera gran derrota política del entonces primer ministro David Cameron. Tal vez podríamos aventurarnos a fijar esta fecha como la primera señal, no muy llamativa, de lo que ya es un repliegue evidente del mundo anglosajón en el panorama internacional. La negativa de los británicos a intervenir militarmente en Siria, de poner sus hombres sobre el terreno, tuvo una enorme repercusión en la otra orilla del Atlántico modificando los planes militares y geoestratégicos de la superpotencia global.
Algo parecido ocurrió en el segundo descalabro político de Cameron: el voto afirmativo de los británicos al Brexit. Pareciese que los británicos fuesen la avanzadilla que marca el camino, y el susto del Brexit anunciase la llegada de Trump a la Casa Blanca. La llegada de un presidente que podría estar dispuesto a poner fin a un período de hegemonía que cubriría ni más ni menos que el lapso temporal de dos siglos. Estaríamos ante el ocaso del proceso histórico de la anglobalización.


¿qué es la anglobalización?



Por tal término entendemos los usos y costumbres de la cultura genérica del ámbito anglosajón en su fase expansiva. No hay imperio o sociedad sin mitos institucionales; o dicho de otra manera: del desarrollo del Imperio inglés han surgido argumentos justificativos (nematológicos) del mismo, tanto para mantener su cohesión interna como para propagarse en otras sociedades. Siempre son más fáciles de ver o de percibir las repercusiones del hard power militar económico: sean tanto Guerras del Opio, la independencia de EEUU, las guerras mundiales, las de Oriente Medio, así como la red de paraísos fiscales o las relaciones comerciales preferenciales de los países miembros y satélites de la Commonwealth, que las soft power que los acompañan: música, teatro, televisión, snobismo, fútbol, liberalismo utilitarista, monarquismo o anglicanismo.

Reino Unido núcleo generador



El núcleo generador del modelo anglobalizador, su primera cristalización política «dura», sería el Imperio británico y la situación geopolítica resultante tras la batalla de Waterloo en 1815. Una victoria que reafirmaría el dominio de los mares y comercio obtenidos en Trafalgar (1805) dejando a un Reino Unido hegemónico - el territorio europeo de la placa anglosajona- frente a unos competidores muy debilitados en el continente. En la década de los 70´s del XIX el apogeo británico llegaría a su máximo esplendor, es el cénit del primera parte de la anglobalización. El anglosajón proclamaría su superioridad y la de su civilización. Unos ideales fundamentados en el exclusivismo cesaropapista y protestante de pueblo elegido; espíritu que afloraría  poéticamente en versos como los «The White Man´s Burden» de Kipling, que proclama líricamente la misión del hombre blanco anglosajón como ser superior, destinado a educar, cristianizar y civilizar a las razas pardas, pero, eso sí, sin mezclarse con ellas y siempre dejando clara la primacía del nórdico.
El racismo como ingrediente de un «ortograma imperial» – latente aún hoy día en EEUU- de un «Imperio heril» (según la clasificación canónica del padre Sepúlveda ) más preocupado en un primer momento por su acción predadora de recursos, la línea filosófica maestra de este imperios, que por la eleavación de un determinado conjunto poblacional, línea maestra del «Imperio civil» (siempre según Sepúlveda). Una sociedad en la que triunfó el «darwinismo social», que haría verdadero furor entre sus intelectuales de primera línea, que se radicalizará con la aparición de nuevas potencias en el continente como Alemania , Francia o Rusia. El liberalismo británico tomaría formas imperialista de intervención más duras y agresivas, si es que hasta el momento no lo habían sido poco,  a partir de los 80´s del XIX y uno de sus próceres, lord Rosebery, proclamaría enfáticamente en un discurso en el Royal Colonial Institute (que más tarde evolucionaría a la Royal Commonwealth Society) el año 1893 «Somos responsables de que el mundo, en la medida en que aún está por moldear, reciba un carácter anglosajón y no otro» Así quedará inscrito en el frontispicio del Imperio británico, lema anglobalizador que será guía para la anglosajonia de uno y otro lado del atlántico.
Nada original ya que cada parte de la tierra, organizada institucionalmente en imperios, quiere ser hegemónica e influir sobre las demás partes del globo a la escala que pueda y, guiándose según la prudencia que aconseje la fuerza o radio de acción de sus instituciones, tratar de englobar a las otras partes bajo su dominio. Pero lo llamativo de la anglobalización es que ese proceso se da por dos veces consecutivas en dos siglos  y protagonizado por la misma matriz cultural que cristaliza en dos proyectos imperiales distintos pero con un común denominador.

La entrega del testigo imperial




El acoso al que los nuevos actores imperiales del continente sometían al Imperio británico en el primer tercio del siglo XX era cada vez más estrecho. La propia evolución del siglo ponía a prueba unas viejas formas imperiales anglosajonas que habían quedado obsoletas frente al surgimiento del comunismo y de los nacionalismos industriales y proteccionistas, que también buscaban nuevos mercados coloniales. La anglobalización subsistirá gracias a la toma del testigo hegemónico de los anglosajones americanos. Paradójicamente, de aquella escisión de la anglofonía, producto de la dialéctica de imperios en la guerra de los siete años de siglo XVIII entre hispanos, anglosajones y franceses, nació la república que permitiría subsistir un siglo más al mundo anglosajón.
La entrega del testigo la haría un político de estricta ortodoxia imperialista -fiel a los principios del imperialismo liberal de lord Rosebery, a pesar de ser conservador- en los momentos de más tribulación de la IIGM, Sir Winston Churchill. El periodista Sebastian Haffner, en su biografía de Churchill interpreta con agilidad de la mejor crónica periodística el «ortograma anglobalizador» que rondaba en la cabeza del político inglés: «Pero una guerra tan larga lidiada en común (Churchill buscaba la alianza de Inglaterra y Estados Unidos en 1940 para luchar frente a Hitler, que por entonces no se daba), además de toda clase de horrores y sufrimientos, ¿no ofrecía también unas gloriosas e insospechadas posibilidades de unión? Si, junto con la victoria sobre Hitler, fuera posible algo así como la reunificación de todos los pueblos anglófonos, el poder así surgido, ¿no tendría el mundo entero a sus pies? » Claro que las ofrecía; y ambas naciones aprovecharon la ocasión histórica para seguir manteniendo el «carácter anglosajón» del mundo por medio de la anglobalización en la medida de sus posibilidades, de nuevo lord Rosebery, entrando en un proceso histórico más complejo.

La placa anglosajona



La entrega del testigo no se trata únicamente de la cesión de un «poder» a un pariente de las américas, no se trata de la entrega de un «legado» a un heredero. No, como bien señala Haffner, es un intento de «algo así como la reunificación de todos los pueblos anglófonos », que hace el proyecto más complejo y profundo. Estados Unidos dirige, pero Reino Unido y los territorios imperiales de Canadá, Australia y Nueva Zelanda se articularon en una placa en torno a la cabeza rectora.

Reino Unido aceptará verse reducida a sede de Centro financiero internacional, la City londinense conjugada con el Wall Street neoyorquino y los paraísos fiscales de la Commonwealth, y como cuerpo militar especial anglosajón (no se trataría de una aliado militar de los Estados Unidos, es un ejército más sólo que con tratamiento especial). La crisis del Canal de Suez provocó un reajuste en capas políticas inglesas, muy ancladas en el modelo decimonónico, que no alcanzaban a comprender la nueva transformación anglobalizadora. Problemas que fueron solventados con rapidez por las propias élites inglesas. Las dos partes comprendían a la perfección su función en los nuevos tiempos de la anglofonía en la «guerra fría».

Pero la idea es «la reunificación», constituirse en una placa que permita mantener ese «carácter anglosajón» del mundo en la «medida de lo posible» y que llegará a su máxima expansión en la década de los 90´s tras la caída del Gran Muro y la expansión financiera mundial, que había puesto en marcha a dupla ThatcherReagan con el Big Bang informático financiero.
Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, consintieron ser una especie de estados número 0 de la  unión de los Estados Unidos de América, pero tras la anglobalización, y gracias a la malla digital, ya están completamente conformados como algo más que Estados-nación: son una Comunidad política. Con mucha astucia la anglofonía ha mantenido la apariencia de un mundo dividido en Estados-nación, pero el ámbito anglosajón se ecualizaba a diferentes niveles reestructurando las viejas instituciones y adaptándolas a las nuevas coordenadas.

Nuevos tiempos, nuevas formas



¿Quiere eso decir que todas las actividades que se segregan desde la anglobalización sean justificativas de la acción imperial de la anglofonía? A un cierto nivel habría que decir que sí, pues nadie criado en su entorno escapa a una influencia directa o indirecta de sus instituciones coordinativas, aunque después sobre ellas se generen divergencias u opositores a esas líneas generales o rectificadoras de alguna en particular, como pueden ser el movimiento obrero, el independentismo irlandés, el keynesianismo, el Punk, La New Left Review, movimientos por la descolonización, europeísmo, los movimientos pro derechos civiles, etc. Es decir, no todas hay que considerarlas desde otros entornos en competencias como negativas o carentes de valor no ecualizables.

Pero no podemos minusvalorar el fenómeno, que poco a poco empieza a discernirse, del borrado de las identidades nacionales y la aparición de una identidad a nivel de placa. Todo el mundo anglosajón lleva troquelado más de medio siglo por fenómenos culturales y económicos comunes, que se veían cada vez más potenciados por el avance de las tecnologías, Shakespeare, JK Rwoling, The Beattles, David Bowie, Oasis, Elvis Presley, Michael Jackson, Frank Sinatra, Hollywood, todas instituciones que «reprogaman» la mentalidad a escala de un ¿ciudadano? que desborda su Estado-nación gracias al móvil y la malla digital. Un conjunto de programas que se han extendido al mundo para darle «carácter anglosajón».

Así vemos a una institución como la Corona inglesa, que suele ser el enlace perfecto para nombra Sir u otros títulos a los que colaboran en esa proyección y a los cuales se promociona institucionalmente en perfecta retroalimentación, transformada en un instución que desborda los límites de las islas.  La Monarquía británica que es vista como propia por los anglosajones de América, gracias a series como The Crown; financiada por una multinacional americana, (Netflix) y en la que un actor americano da vida a Winston Churchill, mito británico, que presenta a una familia real inglesa transformada en ejemplo dramático de la esencia de esos valores anglosajones comunes a toda la anglofonía,  mostrando el alto grado de fusión de la placa anglosajona.



China como límite



La anglobalización, como fenómeno  de expansión política y cultural  de la anglofonía ,toca a su fin con las guerras mediterráneas del sur y el oriente próximo, y es en su declive cuando nos atrevemos a delimitarla y clasificarla. La acción de «poder duro» de los anglosajones ya no se puede desarrollar más, y la aparición de un gigante -otra placa geopolítica- como China, que no puede ser atacada militarmente, está librándose del yugo financiero anglosajón, y es impermeable a las instituciones culturales anglófonas, cmabian el escenario de una manera en el que sólo cabe el repliegue ordenado de la expansión anglobalizadora, la toma de posiciones para una nueva «guerra» (la paz sólo es un período de entreguerras). De este modo se entiende la reacción coordinada del bloque anglosajón votando Brexit en una orilla y Trump en la otra. Fijando límites polémicos con la hispanidad (México) y China, tendiendo la mano a Rusia como posible aliado. Veremos como se va desarrollando este escenario.

Héctor Ortega, miembro del foro Repúblico Hispano

MasqApts: El Trump de Reig



La victoria de Trump no es una buena noticia. También es trágica la incapacidad para entender la realidad que delata la reacción incrédula de los progres al uso, los mismos que se rasgaban las vestiduras cuando ganó el Brexit, cuando ganó Rajoy, cuando ganó el no al referéndum por la paz con las FARC, etc. Si para una gran cantidad de personas la realidad deja de ser inteligible y se vuelve un obstáculo imprevisto e inexplicable, nos encontramos en presencia de la estupidez. No hay una sola causa para la estulticia, pero a mí no me cabe duda de que la “cultura de las redes sociales” la acelera. ¿Qué quiere “la gente”? ¿Qué piensa “el pueblo”? ¿En qué mundo vivimos? No es fácil responder a esas preguntas, pero lo que hoy en día se llama información lo hace mucho más difícil. En Twitter y en Facebook, por ejemplo, cada uno recibe solamente la información que quiere recibir, la que procede de sus amigos o de quienes sigue. Este estrechamiento brutal de la visión del mundo sólo puede provocar este resultado, porque las redes sociales lo único que hacen es confirmar los propios prejuicios. Lo que sucede en “mis” redes sociales, donde Trump sólo es un demagogo fascista, sin duda no tiene nada que ver con lo que sucede en las redes sociales de otros, que saben qué es “hacer la cobra”, quién es Chenoa y en qué estado se encuentra la rodilla enferma de un delantero centro. El salto al vacío y a la estupidez se produce cuando uno confunde la, digamos, realidad digital, con la analógica, la que está en el mundo de carne y hueso, donde la mayoría resulta que quiere el Brexit, a Rajoy y a Trump. Para empeorar las cosas, no sólo se trata de las redes sociales, sino que la prensa (la digital en primer lugar, pero también la de papel cada vez con más ahínco) ya sólo escribe lo que sus lectores desean leer, declinando cualquier responsabilidad por darles a conocer realidades incómodas o contrarias a sus deseos. Los tertulianos perdularios no podían dejar de apuntarse a la misma tendencia con entusiasmo. Al final lo que se deteriora es nuestra comprensión de los hechos, de lo que pasa y de la reacción de quienes no son parecidos a nosotros. Nuestra inteligencia se debilita al ritmo al que aumente nuestro aislamiento de los demás. Al final cada vez entendemos menos y nos cargamos más de razón. Vemos y leemos sólo lo que queremos ver y leer, lo que avala a nuestra ignorancia y a nuestros prejuicios. A veces le digo a mi compañera que, si quiere saber qué tiempo hace, es mejor que abra la ventana, en lugar de mirar una pantalla. A veces pienso que esta “cultura digital”, esta “sociedad de la información”, nos hace más incultos y más ignorantes, cada día más aislados e incapaces de mirar al exterior. Cuando hemos llegado a este punto en el que, cada vez que se pregunta a los ciudadanos, la mayoría responde lo contrario de lo que esperábamos, deberíamos mirárnoslo, me parece. La otra opción es abdicar de entender el mundo (aunque sólo sea un poco) y bajar la persiana para estar más cómodos en la complaciente oscuridad de nuestra fe en nosotros mismos, que siempre llevamos razón. No estoy diciendo que “la realidad” esté en la calle o en los bares. Nada parecido, aunque frecuentar la calle y chatear en los bares ayuda. Lo que quiero decir es que hay que procurar una cierta desconexión y limitar esta empobrecedora cultura digital. Como para mirar un cuadro, es necesario alejarse un poco, y por ejemplo leer a los clásicos, que nos incitan a comprender. Librarse de la actualidad, de las novedades, que suelen ser una estrategia de marketing, y poner los pies en el suelo de la cultura clásica (para comprender la actualidad). Nadie que haya leído a Homero, aTácito, a Erasmo o incluso a Dickens o Galdós podrá seguir creyéndose las tonterías que nos repiten a diario. Hay que hacer un esfuerzo, leer libros completos y no sólo artículos o tweets, leer lo que no aparece en la prensa, lo que no queremos que nos digan, sentarse con papel y lápiz a pensar en lo leído, comentarlo con amigos. También en bares, por supuesto. La otra opción son las confortables tinieblas de la sandez y la servidumbre voluntaria. Si no entendemos por qué los demás votan lo que votan, es culpa nuestra. Y lo que es peor: jamás podremos persuadirles de que les interesa votar en otra dirección.


Rafale Reig