jueves, 23 de febrero de 2017

MasqApts: Feminismo de salón (y machismo de oficina)


Irene Montero aprendió a cocinar lentejas en sus dos estancias en Chile. Se afilió a las Juventudes Comunistas con 16 años, en plena fiebre izquierdista zapateril, que lo arrasaba todo. Sus padres son de un pueblito de Ávila. Trabajó de dependienta. Es la portavoz más joven de un partido en la historia de España. Es la primera mujer de la historia de España coreada en el Congreso de su partido. En Vistalegre II se encargó los dos días de sentarse al lado de Errejón para enseñarle la espalda. Está empadronada en casa de sus padres. Fué a la Universidad Autónoma -y no a la Complutense-. Fue, junto con Rafael Mayoral (que la llevó a Podemos) de las pioneras del PAH Madrid. Esta obsesiónada con las black panthers. Su libro preferido es Cien años de Soledad de García Márquez y le encanta Costa-Gavras. Asiste al Congreso con camisetas con motivos reivindicativos al más puro estilo Anna Gabriel. Es acuario. Escucha RadioOlé. Es hija única. Renunció a una estancia en Harvard por Podemos, en sus albores. Durante el año y pico que le ha llevado la agenda a Pablo Iglesias ha estado metida en el asunto desde las siete de la mañana hasta la una de la madrugada, llevándole todo al dedillo y poniendo orden en el caos que había anteriormente.

Para saber todo esto, he tenido que mirar en artículos de hace un año. La mayoría, desde que se le relaciona con Pablo Iglesias, sólo habla de él cuando habla de ella. Ahora mismo pones Irene Montero en Google y encuentras como links (lo de Google ya pasa de castaño oscuro) que se ha besado con Pablo en la cafetería del congreso. Toda España, esa que vé comedias románticas de Hollywood, la lincha a ella y a él. Todos esos columnistas tan creativos de El País o El Mundo que siempre encuentran el otro punto de vista de cualquier asunto, sólo hablan de que se acuesta con Pablo Iglesias. Estamos hablando, prácticamente, de uno de los símbolos femeninos de la política mundial actual, sin asomo de dudas. Y todos los microbloggers de facebook también dirigen su atención únicamente a que se acuesta con Pablo Iglesias.

Los -y las- feministas florero agrupados en torno a Errejón, que en el pasado siempre que pudieron alzaron la voz para meterse con clérigos anónimos o con algún futbolista al que le negaron la presunción de inocencia, ahora, cuando al fin tienen la ocasión de encontrarse un caso real y en su cara, un caso tan flagrante y en la persona de una compañera, callan. No ponen absolutamente nada en sus bulliciosos canales de Telegram al respecto de este ninguneo.

Todo este machismo resulta claro y meridiano para la mayoría de la gente, aunque callen, y está socavando por dentro en pocos días la reputación de muchísimos periodistas y microbloggers. Pero creo que hay otro punto no menos pernicioso que puede que se pase por alto : el grosero tratamiento tanto a Pablo Iglesias como a la idea de amor. El soniquete repetido es que Pablo Iglesias "se ha acostado con ella y la ha ascendido". Como si fuera Podemos el PP de Balta. Bajo esta aparentemente graciosa frase se encuentra una idea del amor sin resonancia. Como si el amor fuera algo aleatorio. Como si te enamoraras al azar con cualquiera que pasara por la calle, sea un mendigo o un kazajo con el que no te entiendes. Pues bien, está presunta idea de amor es muy cínica, porque en el fondo tampoco defienden una libertad aleatoria total para enamorarse sino con unos parámetros marcados. Los mismos que hablan del estilo de Michele Obama o Melania Trump, mujeres florero, operadas o no; son los que ponen el grito en el cielo porque Pablo Iglesias se acueste con la mujer que le lleva la agenda. Cuando todo el mundo sabe que lo peor que puedes hacer es tener a tu mujer hasta en la sopa. Dolores Ibárruri se acostó con todas las juventudes rusas del Komsomol. Stalin en sus últimos años, con sus secretarias. Así comprenden el amor los revolucionarios genuinos, y parece que ni uno de nuestros cronistas intenta por lo menos comprender, por no decir, caer en la cuenta, de la superioridad moral, si, superioridad moral, de un amor así, alejado del cinismo conformista de la mayoría de parejas actuales basadas en las operaciones estéticas y en mirar para otro lado ante la manera de ver el mundo, reprimidos por ese estúpido superyo que te empuja a ser apolítico y conduce al fracaso a la inmensa mayoría de los matrimonios españoles hoy en día, o lo que es peor, a la depresión de uno de los miembros.

Raúl Muniente

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