lunes, 13 de febrero de 2017

Hispano soy y nada de lo hispano me es ajeno



Una pequeña revolución ha supuesto para este blog la publicación del último artículo ( Anglobalización, y aún queda la segunda entrega) de Héctor Ortega. Y un pequeño incendio en el entorno de la Fundación Gustavo Bueno, cuyos miembros nos acusan por mensajes en las redes sociales de idealismo. En el foro de Repúblico Hispano hemos tomado como lema la frase de Terencio que tanto repitiese el filósofo Gustavo Bueno «hombre soy y nada de los humano me es ajeno», pero parafraseándola a la hispánica manera «hispano soy y nada de lo hispánico me es ajeno». Un lema que está en perfecta consonancia con el «espíritu» de la filosofía de Gustavo Bueno; una filosofía hecha en español que desborda el hecho peninsular y se pretende como filosofía que puede dar una visión del mundo desde un determinada plataforma. Hay que recordar que la españolidad es interpretada desde las páginas de  España frente a Europa como una forma de «estar» -no de «ser»- ante el mundo.

Los hechos de México provocaron que yo me atreviese a escribir en algunas redes sociales que antes que definirme como español me definía como hispano, cosa que nuevamente alteró a alguno de los seguidores fundamentalistas de los postulados de la Fundación Gustavo Bueno que me mandaron mensajes afeándome la proclama. Tras el artículo que publiqué sobre las nuevas tecnologías (La urdimbre del siglo XXI: la disolución nacional y las nuevas tecnologías) y sus consecuencias en las figuras política del siglo XXI -un artículo que viene a concluir que la redefinición de coordenadas producida por la malla digital pone a los Estados canónicos europeos en una crisis que se encamina hacia lo terminal; el caso de Francia es la prueba fundamental de esta crisis-, la proclama era de una lógica aplastante.

España (como nación europea) es irrelevante

La idea de una España reducida a su contexto europeo sería una fenómeno irrelevante según el propio sistema del filomat. Esa España confinada al espacio europeo sería un fenómeno digno de estudio para etnógrafos pero no para filósofos políticos, nos decía GB en las páginas de «España frente a Europa» estableciendo la comparación con Finlandia. Y remataba con este párrafo en la página 439 que nos inspiró el «antes hispano que español» proclamado en las redes sociales y que tanto alteró a los talmudista del filomat, dice así: «Podría significar muy poco, en relación con las «cuestiones que conciernen a la Humanidad» , la condición de español cuando se toma en sí misma, en absoluto.» A algunos les provocará sarpullidos ver como se plantea poco antes a la «Comunidad hispánica» (cuya existencia se nos niega una y otra vez) como alternativa, como sujeto que tenga voz propia en el mundo.

Y es lógico que un filósofo que construye un sistema filosófico que se quiere ambicioso y pretende engranar en los sistemas de pensamiento mundiales, necesite para levantar semejante catedral los sillares de una lengua, una cultura y una historia que desborde la raquítica concepción que del mundo puede tener un península en un cabo de Europa. Si España sólo fuese esa nación jacobina, copiando de la superior Francia, que se encuentra en el extremo occidental europeo  y que tanto defienden desde la Fundación Gustavo Bueno ¿Para qué querría decir nada del mundo? ¿De qué sirve ese esa recuperación historicista de los Vélez e Insuas, cuando estamos condenados a cerrarnos sobre las fronteras europeas, en tiempos de la malla digital, y recordar los hechos del imperio como plumas con las que engalanarnos y tratar de emular a las naciones competidoras? ¿Ser español es ir a una conferencia de las «nuevas derechas» europeas en las que se reniega de todo lo hispánico, la catolicidad, el mestizaje, la pluralidad, para acabar circunscribiendo una nación como la nuestra a la mentira de la homogeneidad y el exclusivismo frente a otros pueblos? Aquellos responsables de la Fundación Gustavo Bueno deberían hacerse mirar estas cosas.

Héctor Ortega y el que esto escribe seguimos con nuestros trabajos sobre la política hispánica, tomando como real torcedor -en expresión de Gracián- la obra España frente a Europa. Preparamos un serie de revisiones de textos que se comentarán en un grupo de facebook que abriremos en los próximos meses, y en el que participarán un grupo escogido de seguidores y comentaristas. Todo es un preludio de la celebración de los 20 años de la publicación de la obra de Gustavo Bueno. Es una celebración alternativa y completamente de espaldas a la Fundación Gustavo Bueno, que pensamos que ha tomado un rumbo político completamente desnortado y peligroso.

H.F. Felguerinos

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