martes, 30 de mayo de 2017

Repúblico Hispano: De ciudades e Imperios


Contaban una anécdota de Platón y Sócrates sobre los diálogos del primero. Por lo visto, Platón ya había empezado a escribir diálogos en los que Sócrates era el protagonista y que habían llegado al maestro. Éste último, tras leerlos, decía que el joven Platón ponía en su boca las palabras que le daba la gana. Aquí O. F. Iglesias pone en la mía también lo que quiere, aunque salga favorecido.

- ¡Hombre!, hola Felguerinos, qué tal estás

- Bien, todo bien, Otón, ¿tú qué tal?

- Nada, bien, ya sabes. ¿Cómo van esas conferencias que estás releyendo? ¿Siguen tan interesantes?

- Bien, muy bien. Muy interesantes, la verdad, ya te las pasaré. En el contexto en que están situadas, claro. Ya sabes, años 40, puro franquismo jonsista, etc. Pero es un análisis muy fino, un tío muy brillante. Lo que te contaba, la idea de Imperio de Bueno viene de ahí.

- Sí, está claro, por los antecedentes de su relación y por los extractos que me pasaste, todo viene ahí, no hay duda.

- Es muy interesante, con conceptos muy claros. Por ejemplo, lo que hablábamos de Aristóteles el otro día. Aparte de su obra, Aristóteles tiene importancia capital por ser el preceptor de quien fue, por ser el maestro de Alejandro. Aunque se pueda discutir cómo entiende Alejandro a Aristóteles o cómo lo aplica en política, claro. Pero lo central del asunto es qué modelo gana (el de Alejandro) y de dónde arranca este modelo. En las conferencias, este hombre se posiciona claramente con Sócrates frente a Platón (y en parte también frente Aristóteles), es en Sócrates donde se produce la ruptura del sistema establecido frente a lo que va a venir. Lo establecido es la ciudad-estado, el peso de la ciudad sobre el individuo (que apenas cuenta), en definitiva el peso de la Ley (modelo de Platón); lo que viene es el individualismo, la fuerza del individuo capaz de doblegar no solo a la ciudad y las leyes, si no incluso de imponer su modelo de ciudad, su Ley (modelo de Sócrates). Sócrates va a hacer arrancar este modelo sirviéndose del caldo de cultivo que existe en la polis griega en ese momento. La polis como sistema todopoderoso sobre el individuo llega a su cénit una vez superada la época de Pericles, ya no es capaz de resolver las situaciones con las que se enfrenta y esa desintegración se materializa en la presencia de los sofistas y su cargamento de detritus ideológico. Sócrates parece uno más de estos sofistas que pululan por las distintas ciudades griegas pero no lo es. Se disfraza de uno de ellos, pero enseguida es advertido como lo testimonian sus retratos por parte de Aristófanes, se aprecia un odio feroz sobre Sócrates, por su carácter popular, ya que habla y discute con cualquiera sin importar la clase o condición social, sin plegarse ni siquiera a las condiciones económicas, ya que no percibe sueldo por sus conversaciones. En el fondo, su mensaje es tan corrosivo que es capaz de llegar a los fundamentos del sistema que lo sostiene: la ciudad-estado. Ésta lo sabe, por eso lo mata, mientras deja a los demás sofistas campar a sus anchas. El vector transgresor definido por Sócrates apunta al mismo corazón de la polis y su personificación así lo atestigua, un personaje moldeado directamente por las manos de Sócrates: Alcibíades. Personaje éste que rompe todos los moldes presentes en la ciudad, prefigura de la personalidad de Alejandro, en el que ya el sistema individualista va a triunfar y que dejará atrás el modelo de ciudad griega, sirviéndose de otro modelo que también utiliza la ciudad pero al servicio total del Basileus-Jefe-Rey. Esta figura ya no está bajo la autoridad de la ciudad y las leyes, si no que es capaz de alzarse sobre ellas y someterlas a su voluntad, él dicta la Ley. Al modelo de Platón, en el que se intenta definir la ciudad perfecta, se opone el modelo de Sócrates donde se forja una nueva idea de hombre. Esta va a ser la línea que va a triunfar, empezando por Alejandro.




- Sí, tienes razón, esa línea está clara. Lo que pasa es que, yo creo, hay un movimiento alrededor de la ciudad de flujo y de reflujo, donde va ganando y perdiendo importancia a lo largo de la Historia, digo. Fíjate en el Imperio español.

- Sí claro, el Imperio español está construido alrededor de la ciudad, articulado a través de ella. En una época nueva y distinta a la del Imperio griego, pero heredera de múltiples influencias y particularidades que arrancan de la misma Grecia y que, con la dirección de la que hablábamos antes, desemboca en Roma para acabar llegando a la península ibérica, pero contando en gran medida con aportaciones del Islam, este punto lo apunta muy bien González Ferrín. El conjunto de reinos ibéricos asimila todo eso durante la Reconquista y lo exporta a América. La Monarquía Hispánica puso en pie un imperio con una malla de ciudades fundadas a conciencia desde el primer momento, la construcción de ciudades planificadas comienza en 1501 con la llegada del gobernador Ovando a La Española, en el diseño de estas ciudades había una distribución de casas para los que provenían de la península con asignación de predios en el interior y en el exterior de la ciudad, pero también con lotes equitativos para la población india, también con sus correspondientes tierras cultivables. La Monarquía hace esfuerzos ímprobos para reunir en poblaciones urbanas tanto a peninsulares como a indios, ambos grupos con tendencia a dispersarse por el terreno, los primeros para fundar sus haciendas y los segundos para seguir con su modo de vida anterior a la llegada de los españoles. A partir de ahí pudo asentar la corona el enorme edificio burocrático que se sostuvo durante tres siglos, el plan de la Monarquía Hispánica es milimétrico en este aspecto, con una abundancia de normas y preceptos gigantesca que toca multitud de aspectos, tan privados y personales algunos como el casamiento, con respecto al cual se animaba desde la corona, e incluso desde el clero, a la realización de matrimonios mixtos con indios. La lista de instrumentos jurídicos y funcionariales es interminable: las residencias, las visitaciones, las audiencias, los cabildos, los virreinatos… que tampoco hay que insistir más porque las pruebas de esta ingeniería burocrática está en los archivos y son una muestra de la realidad del imperio español. 

- Realidad que es negada en muchas ocasiones y sistemáticamente, me estoy acordando de las ocurrencias de gente como Goytisolo, Savater y compañía a este respecto. La última, la entrevista que le hace Iñaki Gabilondo a Pérez- Reverte donde este pone como argumento que lo que le ocurrió al imperio español fue que se equivocó de Dios, y el tío se queda tan ancho.

- Sí, es increíble, a juzgar por esas críticas parece que el imperio español consistió en una panda de oligofrénicos que únicamente se dedicaba a rezar y matar indios con saña. La respuesta a eso está en el punto de referencia del que parten estos intelectuales, sistema de referencia que hay que tener en cuenta que pertenece a un espacio, el espacio imperial. Estas críticas tienen como sistema de referencia el del estado-nación contemporáneo que tiene como unidad principal la de la nación política. Estados como Francia, Holanda e Inglaterra se afanan con todas sus fuerzas para destruir el imperio dominador de la época de los siglos XVI a XVIII, el imperio de la Monarquía Hispana, y lo acaban consiguiendo, allanando el camino para la aparición de los imperios siguientes: el británico y el useño. Estas naciones que se oponen al Imperio español constituyen, cada una, una unidad política de carácter antitético a la hispana y van laminando el imperio que tienen en frente, como no puede ser de otra manera en el espacio imperial donde los modelos de dominación se enfrentan a muerte. Se trata, en este caso, de un choque de organizaciones opuestas tanto en su extensión (desmesurada la de la monarquía hispánica, más reducida pero más manejable y versátil la de las naciones europeas), en lo religioso, y en lo económico (el concepto económico en ambos modelos está relacionado también con conceptos morales provenientes de la religión, el modelo católico rechaza una orientación estrictamente capitalista para el Imperio español). Una muestra de esa victoria es la permanencia de las armas, de los instrumentos que doblegaron al imperio anterior, y que adornan al actual, al triunfante, al de referencia. Una de las armas en este tipo de enfrentamientos entre imperios es el de la propaganda, la propaganda negativa, “la leyenda negra”. Es un arma típica de enfrentamiento, en otro campo distinto del de las batallas pero con un mismo objetivo que el de un cuerpo de artillería o de zapadores, derrotar al contrario, aniquilarlo, y también en algunas ocasiones, mantenerlo en la derrota para que no pueda resurgir. Un resto de esa victoria del sistema de las naciones políticas sobre el imperio español es la permanencia de esa leyenda negra.



- Pero Felguerinos, hay que reconocer que la virulencia de la leyenda negra española es especial, es exagerada, y no se puede pensar en una confabulación mundial para denigrar al imperio español, otros imperios hubo y no contaron con esta saña en contra.

- La razón hay que buscarla en lo que te decía, insisto. El sistema del estado-nación que se consolida tras la Monarquía Hispánica es el que impera ahora mismo, y la situación especial de la leyenda negra en España, y su asunción por los propios españoles, tiene en el fondo la misma explicación. España no es la Monarquía Hispana ya, España es una nación política incorporada al sistema que derrotó al Imperio español. Tiene muchos elementos de la época imperial, elementos a los que no puede renunciar aunque quiera, pero tras el colapso del imperio, los terrenos peninsulares del mismo tomaron la dirección política de los estados nación canónicos europeos. En España pensamos desde este sistema de naciones políticas, nacemos, nos educamos, morimos en este sistema. La misma Gran Revolución, la revolución francesa, a cada momento se muestra como el eje de todo esquema histórico y hasta no histórico, la canonización de este hecho histórico es ridícula. Un hecho, que sí es verdad, marca el bautismo de la nación francesa como nación política, pero que es uno más y que ha de contar, como no puede ser de otra forma, con los condicionantes anteriores a la revolución, como es el arrinconamiento y debilitamiento que realiza Luis XIV de la alta burguesía en favor de la pequeña burguesía, y que configura las bases que van a permitir la revolución. Este es otro ejemplo de lo que te decía antes de nuestra pertenencia al sistema de las naciones políticas, la utilización continua, constante y martilleante del hecho de una revolución perteneciente a otra nación política, nación que es una de las dominadoras de este sistema y una de sus forjadoras. Del mismo modo, la leyenda negra se asume como un elemento propio por los individuos e instituciones más integradas en este sistema que se impuso. Para que veas que esto encaja, vamos a tomar el ejemplo de los intelectuales antiespañoles y negrolegendarios que me decías, tomando a estos individuos como si fuéramos entomólogos, los podríamos clasificar en la especie de los intelectuales de la nación política española, que a su vez pertenecen al género de los intelectuales de la nación estado (cuando hablamos de intelectuales, ya sabes, estamos hablando de una especie de funcionarios del estado que no se encuentran en ningún ministerio físico pero ocupan una serie puestos que son oficiales de otra manera, como la tribuna de los grandes periódicos, la propaganda de grandes bancos y centros comerciales, etc.), una de las características esenciales de este género es la de contribuir al mantenimiento de la continuidad (la eutaxia) de la sociedad en la que están insertos y de la que participan como elementos conspicuos y, para ello, utilizan los instrumentos necesarios, uno de ellos, como decíamos antes, el de la leyenda negra. La especie intelectual de la nación política española debe contar con esta característica esencial de su género y así la utiliza con todo lujo de matices presentando al Imperio español como cerril, cruel, inútil y, en definitiva un engendro. Aparte de esto, debe ser sumamente placentero para estos literatos el ser protagonistas de la construcción contradictoria de este relato, ejemplos de esto los tenemos abundantísimos, uno de los últimos el del cineasta Fernando Trueba deseando que en la guerra de independencia hubieran ganado los franceses. Pero esta circunstancia no se da solo en este sector si no que te encuentras que muchos de los partidos políticos actuales tienen en su ideario, entre sus pilares ideológicos, temas como la leyenda negra antiespañola, esto nos podría llevar al problema de España, pero bueno…

- Nada Felguerinos, te tengo que dejar porque es la hora, ya seguimos hablando.

- Vale Otón, ya hablamos.

- Chau.

- Chau.


 H. F. Felguerinos y Otón F. Iglesias para Repúblico Hispano

2 comentarios:

  1. Muy interesantes las últimas entradas. ¿Estas conferencias de Montero Díaz están recogidas en algún libro o web? ¿Cuál es el título del libro de Bergeron al que aludes en la Contracrónica del 24 de abril? Gracias.

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    1. Sí, Montero Díaz tiene un libro recopilación de pequeños ensayos («De Caliclés a Trajano» Urgoi editores) y un par de cuadernillos sobre la idea de Imperio y la época de Pedro III de Aragón. Son textos muy impregnados del germanismo de la época, de la que Montero se alejaría más tarde. El libro de Begeron es una colaboración con Francois Furet y Reinhart Kosellek para la Historia Universal Siglo XXI que lleva por título «La época de las revoluciones europeas 1780-1848»

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