domingo, 25 de junio de 2017

MasqApts: Un old etonian en la exótica España de Podemos


Se notaba un cierto punto de excitación en la introducción del presentador Pablo Iglesias al programa del espacio La Tuerka por la presencia de Perry Anderson como invitado. La entradilla con la voz en off de Iglesias destacaba a Anderson como uno de los marxista británicos más importantes, recordando que el año 92 se dijo de él –no cuenta Iglesias quién lo decía- que era el marxista más importante de esa época entre una nómina de monstruos intelectuales de la izquierda de las islas que iban de Ralph Milliband a Eric Hosbawmn.
         Perry Anderson nace en 1938, es hijo de un oficial de aduanas del Imperio británico, concretamente de la Chinese Maritime Customs Service, y nieto del brigadier general Sir Francis Anderson. La familia Anderson procedía de Escocia y se asentó en Irlanda en las últimas décadas del siglo XVIII. Perry Anderson entró en el exclusivo colegio Eton en 1951 con trece años, para después pasar a Oxford en el Worcester College entre cuyos alumnos se reconocen famosos nombres como los de Rupert Murdoch, Emma Watson, o el intelectual decimonónico De Quincey. Fue el santo y seña de la revista New Left Reviw, santo y seña de la izquierda progre europea, y dio clases en California. Su producción de libros es impresionante y el reconocimiento en el mundo (es inglés y habla en inglés, cosa muy importante para que cierto mundo de cierta época te reconozca) también.
       
         La pequeña investigación internetera -tirando de unas pocas páginas y mucho de la Wikipedia en inglés- prometía una sugestiva entrevista. Pero el programa empezó con una decepción: el invitado impuso que se rompiese el formato habitual del programa invirtiendo el orden de los factores y transformando a Iglesias de entrevistador en entrevistado y al invitado en entrevistador. Iglesias, no cabía esperar otra cosa, se plegó al deseo de Anderson para que acudiese al programa.
        Una vez roto el molde habitual del programa nos quedábamos sin saber, al menos de forma directa, ¿qué clase de camino, qué impulso, llevaba a un joven upper class británico educado en los colegios más exclusivos y en una época como los 50´s (el ambiente en Eton en 1951, cunado ingresó Anderson, es de serie británica clásica: lo más britsh de lo british) a convertirse en uno de los marxistas de referencia de occidente? ¿y también qué papel juega ese extraño marxismo británico, en la cuna del capitalismo depredador, no será un falso amigo que más que ayudar a los movimientos mundiales de izquierda, los distrae?
       Como se nos escamoteó la entrevista clásica, y el personaje que nos interesa es Anderson y no Iglesias -al que tenemos muy oído-, haremos un esbozo de lo que intuimos en las preguntas, de lo que interpretamos por vía indirecta. Porque Anderson no se quiso mostrar directamente en un juego de pregunta y respuesta, pero el arte de preguntar implica también exponer lo que se sabe, las categorías que uno maneja, en los enunciados de las preguntas que se hace a quien se interroga. De esa investigación sacamos unas conclusiones muy generales que exponemos aquí y que iremos ampliando con el tiempo y más visionados del programa:


  • La primera intervención de Anderson fue clarificadora: quería tener una conversación ceñida a la especificidad de España. Y para ello buscó la única referencia de un intelectual que no perteneciese al siglo XX -no se citaría a nadie más que no fuese de ese siglo en toda la conversación- ¡y eligió a Rudyard Kipling! Es cierto que matizó que era un retrógrado y un reaccionario, pero su referencia para hablar de un país extranjero fue uno de los intelectuales canónicos del imperialismo británico. No deja de ser significativo.



  • Anderson mostró un desinterés total cuando Iglesias esbozó la posible vía, muy en línea del anguitismo, de una alianza de los pueblos del sur de Europa. El lenguaje corporal de Anderson mostró que no le interesaba nada el asunto . Se lamentaba la falta de radicalidad del «podemismo» en comparación con el movimiento de Melenchon. El tacticismo a largo plazo parece disgustar al viejo marxista inglés, como disgustaban los postulados de conformar una nación bicontinental de los constitucionalistas de Cádiz en 1812 a Jeremy Bentham; Bentham siempre les aconsejó, vía Blanco White, que se olvidasen del continente y se redujesen a la península, claro, fueron los británicos los que se encargaron de los territorios americanos que tanto anhelaban hacía siglos. No estaba cómodo Anderson con los juegos de política geoestratégica ni con las sutiles fintas políticas de Iglesias; estaba más interesado en las comparaciones abstractas, especialmente con la izquierda europea y más en concreto con la francesa, viene a decir Anderson que se necesitaba pasar a la acción directamente. Iglesias entrará al juego que quiere Anderson y acabará analizando el tablero europeo. Pero no deja de ser muy interesante que reconozca que podemos es un implantación (y usamos esta palabra deliberadamente, implantar como se implantaron distintas plantas en el continente americano y convirtiéndolas en floras locales completamente aceptadas por la población autóctina) de el movimiento Alianza país, de un Hispanismo Político (y hablaremos mucho de esto) que funciona tanto en una orilla como otra del Atlántico. Pero al viejo upper class inglés esto no le interesaba…



  • Tal vez el momento más humillante de la entrevista fue cuando Anderson realiza una comparación entre González y Guerra con Mario Soares, resaltando que Soares era mucho más culto, que intelectualmente era un hombre de mucha más brillantez que González y Guerra. Iglesias concede hasta el punto de decir que la izquierda sí, en realidad, no vale nada. Resulta curioso ver como el mito de la España atrasada, obtusa, sin pensadores siquiera avispados, que tiene que traducir para pensar, que no es capaz de pensar sin tutela de los extranjeros: el mito del erial intelectual del que hablase Gregorio Morán se extiende más allá del franquismo. Parece ser que el problema no era Franco, sino que los españoles son imbéciles. Porque si después de 40 años de democracia no son capaces de elaborar nada, es que son tontos de capirote. Y esa viene a ser la queja de Anderson a Iglesias, Podemos es una organización tímida, poco radical comparada con la France Insumise de Melenchon.



  • Otro momento que dejaba atónito al espectador común, al que no estaba en la pomada y no es un «iniciado» dispuesto a perdonarlo todo, es que Anderson cuando se lamentaba de la templanza de los trabajadores españoles ante su situación laboral y de su poquedad en la reacción ante los gobiernos corruptos de Rajoy, se preguntaba por qué no saltaba el resorte clásico de la España desgarrada del siglo XIX. Parecía apelar a lo más tópico de España, a la de la Carmen, el torero, el guerrilero de las montañas... Un español medio ante el televisor no se puede creer que un intelectual de la talla de Anderson, vamos al que presentan como un pensador de relieve, se maneje con tal sarta de tópicos como si la España de los tiempos de Merimée fuese eterna y perenne. ¡Y lo hace! A Iglesisas ya no le quedó más remedio que acotar el terreno y enmendar mínimamente la plana al viejo chico de Eton. Y salió al paso, del aquella manera, a las teoría infantiles y cuentos negro legendiarios que parece que siguen causando furor en el exterior. Cuando se inició el programa Anderson advertía que España era poco conocida en el exterior; nos queda perfectamente claro a lo largo de la entrevista porque el intelectual de campanillas no se entera de nada. O lo que es peor, puede que se entere y lo que trate es de confundir a los tontos que le hacen el juego desde dentro; aún peor.


La conclusión es que si como bien dice Iglesias, Podemos es un producto de la implantación de un hispanismo iberoamericano, el modelo Alianza País del Ecuador, en la península ibérica y, además, bastante exitoso al conseguir con más de cinco millones de votantes ¿Por qué no seguir la senda y dejar de lado esta clase de intelectuales que, o no saben, o su ayuda es una mano al cuello? Desde un punto materialista Perry Anderson no puede sacudirse a bases de discursos marxistas su trayectoria perosnal, educativa y profesional. Anderson es el producto de la élite de un Imperio cuya divisa era el enfrentamiento y destrucción del mundo católico hispano. Y eso va más allá de las buenas o malas intenciones de Anderson. Hoy, con la anglosfera en repliegue, su izquierdismo no pasa de un caso de diletantismo que más que ayudar distrae. ¿Qué podemos esperara de los españoles organizados en torno a la New Left Review y a Perrry Anderson como figura intelectual? ¿A qué juegan? ¿Aportan algo una posible línea política común en la hispanidad o la sabotean? Todo son incógnitas. Pero si hay un germen de lo que nosotros llamamos Hispanismo Político, lo más prudente es alejar de él a los buenos chicos educados en Eton.






F.

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